miércoles, septiembre 9, 2026

Pobreza en Colombia cae a nivel histórico del 9,9 %

Imagen ilustrativa ® Enredijo

El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) confirmó este martes que la pobreza multidimensional en Colombia bajó al 9,9 % durante 2025. Esto significa que 793.000 colombianos lograron salir de esta condición, rompiendo por primera vez en la historia el piso estadístico del 10 %. Aunque las cifras urbanas, lideradas por los avances en Bogotá, muestran un progreso sostenido por quinto año consecutivo, la persistente brecha estructural con las zonas rurales y los retrocesos en la calidad de la salud encienden las alarmas para el próximo gobierno.

El panorama económico y social de Colombia empieza a mostrar señales de una transformación que, si bien es lenta, resulta constante. Los datos más recientes del DANE sobre el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) del año 2025 no solo confirman una tendencia a la baja, sino que marcan un hito psicológico y técnico para las finanzas y las políticas públicas del país. Al ubicarse en un 9,9 %, el país respira frente a una reducción de 1,6 puntos porcentuales frente al 11,5 % registrado en el 2024. Desde Enredijo, analizamos a fondo lo que significan estos números, quiénes son los verdaderos ganadores de esta recuperación y cuáles son los baches que aún nos impiden cantar victoria plena.

793.000 colombianos mejoran su calidad de vida

Para entender el peso de este 9,9 %, es fundamental traducirlo a vidas humanas. La caída del indicador representa a 793.000 personas que dejaron de ser consideradas pobres multidimensionales en tan solo doce meses. Hoy en día, la cifra total de colombianos que permanecen en esta condición es de 5,2 millones.

El IPM, a diferencia de la pobreza monetaria (que solo mide cuánta plata entra a un hogar), evalúa 15 indicadores agrupados en cinco dimensiones críticas: condiciones educativas, niñez y juventud, salud, trabajo y acceso a servicios públicos y vivienda. Que la incidencia nacional haya bajado significa que las familias colombianas están experimentando mejoras palpables en aspectos básicos de su cotidianidad, desde el acceso a agua potable hasta una mayor asistencia escolar. El reporte del DANE destaca una noticia alentadora: de los 15 indicadores evaluados, ninguno presentó un deterioro estadísticamente significativo a nivel general durante 2025.

El milagro estadístico de Bogotá

Si hay un protagonista indiscutible en este descenso histórico, es la capital del país. En 2025, Bogotá logró reducir su pobreza multidimensional en un asombroso 60 %, pasando de un 5,4 % en 2024 a un casi irreal 2,2 %. Este desplome de 3,2 puntos porcentuales es el doble de rápido que el registrado en el resto del territorio nacional y logró sacar a 252.000 bogotanos de la pobreza.

¿Cuál fue la clave? El mercado laboral. El trabajo continúa siendo el principal motor (y a la vez el mayor cuello de botella) para la calidad de vida en las ciudades, aportando un 32,8 % a la incidencia de la pobreza en la capital. No obstante, las políticas de inclusión empezaron a dar frutos notorios en la reducción de brechas de género: la diferencia de pobreza entre hogares con jefatura femenina y masculina cayó abruptamente, pasando de 4,1 puntos a tan solo 1,8 puntos porcentuales. Las mujeres, históricamente rezagadas en la recuperación pospandemia, finalmente están capitalizando las mejoras laborales.

El campo frente a la ciudad

Pero no todo el mapa nacional se pinta de verde. El aplauso urbano contrasta con la cruda realidad de la periferia. En los centros poblados y la ruralidad dispersa, el índice de pobreza multidimensional se ubicó en un 22,4 % (una reducción de 1,9 puntos frente al 24,3 % del año anterior).

Aunque hay una mejora, la inequidad estructural es evidente. Un análisis de los últimos años revela que la pobreza en las zonas rurales sigue siendo 3,1 veces mayor que en las cabeceras municipales, una proporción estática que el Estado no ha logrado fracturar en el último trienio. La desconexión estatal tiene su rostro más visible en el departamento del Vichada, que hoy ostenta el triste récord de ser la región con más pobres multidimensionales en proporción a su población: el 55,2 % de sus habitantes sobrevive bajo múltiples carencias. Asimismo, las poblaciones de especial protección siguen vulnerables; el 37,9 % de los ciudadanos que se autorreconocen como indígenas aún vive en condiciones de pobreza, a pesar de una leve mejoría de 0,5 puntos.

Los motores de la mejoría

La radiografía del DANE nos permite ver qué tuercas se ajustaron para lograr el 9,9 %. Dos indicadores en particular jalaron el carro del progreso social en 2025: la formalización laboral y el alcance educativo.

Por un lado, el bajo logro educativo disminuyó en 1,5 puntos, situándose en un 36,8 %. Esto significa que más adultos están completando sus ciclos de educación básica o que las nuevas generaciones están empujando el promedio del hogar hacia arriba. Por el otro lado, el trabajo informal tuvo una caída importante de 2,3 puntos, bajando del 22,0 % al 19,7 %. Un empleo formal no solo asegura un salario, sino que arrastra consigo garantías en salud y pensiones que alivian inmediatamente la medición de pobreza de cualquier familia.

Retos futuros

A pesar del optimismo que genera romper el piso del 10 %, los analistas económicos y periodistas especializados coinciden en que la velocidad de la mejora se está ralentizando año tras año. El “efecto rebote” que trajo la reactivación económica se está agotando.

Uno de los puntos ciegos más preocupantes está en la dimensión de la salud, que ha mostrado signos de estancamiento y retroceso en la calidad de atención, un síntoma directo de las recientes transiciones y crisis en el sistema de aseguramiento nacional. A esto se suma que la reducción sostenida de la pobreza ha demandado una alta inyección de subsidios y gasto público. Con el déficit gubernamental presionando las cuentas del Estado, los expertos advierten que un ajuste fiscal es inevitable. El próximo gobierno, que asumirá en agosto, recibirá un país con mejores indicadores sociales, pero con una chequera pública exhausta y el desafío mayúsculo de mantener estos logros sociales sin desangrar la economía.

El descenso de la pobreza multidimensional al 9,9 % es una excelente noticia para Colombia, demostrando que el país tiene la capacidad de sanar sus heridas sociales mediante la generación de empleo y el acceso a la educación. No obstante, las profundas brechas entre el campo y la ciudad, sumadas a los riesgos de un inminente apretón fiscal, nos recuerdan que el trabajo no ha terminado. Desde Enredijo, seguiremos poniendo la lupa sobre las decisiones económicas que marcarán el rumbo del país. Te invitamos a suscribirte a nuestro boletín para no perderte el mejor análisis periodístico, sin enredos y directo al grano.

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