miércoles, junio 3, 2026

Fracking en Colombia: La amenaza letal para el agua y la biodiversidad

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Imagen ilustrativa ® Enredijo

En un país que alberga la mitad de los páramos del mundo y una riqueza hídrica invaluable, el debate sobre la fracturación hidráulica sigue candente en 2026. A pesar del rechazo ciudadano y los graves riesgos socioambientales, el fracking continúa defendiéndose bajo la falsa promesa de una “soberanía económica”, poniendo en jaque a ecosistemas irremplazables que sustentan la vida de millones de colombianos.

¿Por qué es una técnica tan destructiva?

Para comprender la magnitud de la controversia, primero debemos entender el mecanismo técnico detrás de esta práctica. La fracturación hidráulica, mundialmente conocida como fracking, es una agresiva técnica de extracción de hidrocarburos. El método consiste en inyectar agua mezclada con arena y una serie de compuestos químicos a altísima presión directamente en el subsuelo. El propósito principal de este procedimiento es fracturar las rocas impermeables profundas para lograr liberar el petróleo o el gas natural que se encuentra atrapado en los llamados yacimientos no convencionales (YNC).

A diferencia de la extracción tradicional, este proceso requiere la perforación inicial de pozos verticales que, una vez alcanzan cierta profundidad, se desvían horizontalmente. A través de esta desviación, la maquinaria es capaz de atravesar kilómetros de roca. Para llevar a cabo cada fractura, se demanda una enorme cantidad de agua que inevitablemente termina mezclada con sustancias tóxicas. Entender cómo opera esta técnica sobre el agua y el suelo demuestra que su implementación en un territorio tan frágil ya no es un asunto opcional, sino una emergencia inminente.

Los páramos y la soberanía hídrica

Hoy en día, algunos sectores económicos insisten en extraer recursos naturales a cualquier costo para asegurar una supuesta “soberanía económica” a corto plazo. Sin embargo, en un país megadiverso, esta visión puede resultar catastrófica.

Nuestro patrimonio más importante no yace en reservas de combustibles fósiles, sino en nuestra riqueza hídrica. A nivel global, la mitad de los páramos identificados en el mundo están en Colombia. Estos entornos cubren un área cercana a los 3 millones de hectáreas y operan como ecosistemas esenciales para el suministro constante de agua.

Aunque estos santuarios de alta montaña representan apenas el 1,7% del territorio nacional, aportan agua al 70% de la población. El ejemplo más emblemático es el Páramo de Sumapaz, reconocido como el páramo más grande del mundo. Afectar o dañar este delicado sistema mediante la industria petrolera significaría destruir el grifo de agua del cual dependen millones de personas.

Biodiversidad en peligro de extinción

Antes de proyectar la supuesta riqueza de los yacimientos de gas, es crucial proteger lo que la nación ya posee. Colombia ostenta el título de ser el segundo país más biodiverso del planeta, albergando los ríos más caudalosos de América del Sur.

Con menos del 0,7% de la superficie terrestre mundial, el territorio colombiano concentra una explosión de vida inigualable:

  • Es el hogar de casi el 20% de todas las especies de aves del mundo.
  • Alberga entre el 10% y el 15% de todas las especies de plantas conocidas.
  • Refugia al 14% de los anfibios, al 10% de los mamíferos y al 7% de los reptiles del globo.

A nivel de clasificaciones, la nación ocupa el primer lugar en diversidad de aves y orquídeas. Asimismo, es el segundo a nivel mundial en especies de plantas, anfibios, mariposas y peces de agua dulce. Ningún barril de petróleo extraído justifica el daño a una biodiversidad que vale infinitamente más.

El estancamiento legislativo en 2026

La discusión sobre la fracturación hidráulica lleva más de una década sin encontrar un cierre. A pesar del clamor social, el panorama en 2026 sigue siendo complejo. Diversas iniciativas han intentado prohibir los Yacimientos No Convencionales, como el Proyecto de Ley No. 150 de 2024 en el Senado (496 de 2025 en la Cámara), cuyo objeto central era prohibir expresamente la técnica del fracking.

No obstante, vetar el fracking en Colombia se ha convertido en una prolongada lucha contra gigantescos intereses políticos y financieros. Muchos de estos proyectos legislativos han quedado estancados. Mientras lugares como Nueva York han logrado prohibir esta práctica, en territorio nacional ciertos sectores la siguen impulsando. Como evidencia de estos intereses, se han registrado inversiones asociadas a esta industria superiores a los 3.800 millones de dólares, cifra que llega a ser mayor a los presupuestos combinados de ciudades principales como Medellín y Cali.

La urgencia de una transición energética real

La naturaleza no espera, las fuentes de agua subterránea no tienen un botón de reinicio y los páramos carecen de un plan B. Permitir que estas intervenciones productivas afecten gravemente nuestros ecosistemas es hipotecar nuestro futuro. Colombia tiene hoy la oportunidad histórica de elegir un modelo de desarrollo que no destruya su riqueza. Esa elección ineludible se llama transición energética. El paso inicial en esta ruta debe ser claro: decir no al fracking, con nombre propio, con ley y sin excepciones.

Te invitamos a seguir explorando los informes exclusivos de Enredijo para mantenerte al tanto de los debates ambientales que definirán el mañana de nuestro país.

La información de este artículo fue recopilada por nuestro equipo periodístico. La corrección se realizó con asistencia de inteligencia artificial.

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