La Institución Educativa Municipal Nacional (sede Nelson Carvajal Carvajal) en Pitalito inauguró la biblioteca escolar “Mundos en papel”

Hay puertas que conducen a un salón y hay otras que, cuando se abren, permiten entrar a muchos mundos. Eso ocurre cuando una institución educativa decide regalarles a sus estudiantes un lugar para imaginar, preguntar, descubrir y aprender. En la Institución Educativa Municipal Nacional, sede Nelson Carvajal Carvajal de Pitalito, acaba de abrirse una de esas puertas. La biblioteca escolar “Mundos en papel”.
Volver a sentir el calor de toda la comunidad de estudiantes de primaria reunidos en una aula fue, para mí, una experiencia profundamente emotiva. Hay algo especial en la infancia cuando se acerca al conocimiento: los ojos preguntan antes que las palabras y la curiosidad parece no tener límites. Allí encontré niños deseosos de saber, amantes de la lectura y con una capacidad que, en algunos casos, parecía ir mucho más allá de lo que podría esperarse para su grado escolar.
Me conmovió especialmente la manera de saludar los estudiantes: miraban a los ojos, agradecían y recibían al visitante con una naturalidad que pareciera recordarnos una verdad sencilla que a veces olvidamos. Educar también significa enseñar a reconocer al otro, escucharlo y tratarlo con respeto.
Recorrí aulas cuidadosamente ornamentadas, donde la creatividad de los profesionales de la educación había convertido paredes y rincones en espacios capaces de despertar la imaginación. Observé maestros atentos a los detalles, comprometidos con su institución y una comunidad educativa que hace del trabajo en equipo una práctica cotidiana.
El himno institucional entonado con entusiasmo por todos fue otro de esos momentos que emocionan. También lo fue encontrar áreas libres aseadas y organizadas. Detrás de cada uno de estos gestos hay algo que no siempre aparece en las estadísticas educativas como el orgullo de ser docente y el amor por una escuela que se siente propia.
Sin embargo, en medio de tanta belleza humana, apareció también una imagen que no podemos ignorar. La edificación reclama la presencia del Estado. Hay árboles cuyas raíces comienzan a deteriorar pisos y paredes, superficies agrietadas y señales visibles del paso del tiempo que requieren atención. Resulta paradójico que mientras maestros y estudiantes se esfuerzan por construir espacios dignos, la infraestructura que los alberga vaya perdiendo poco a poco esa dignidad.
Una escuela no puede depender únicamente del entusiasmo de sus maestros para mantenerse en pie. El compromiso pedagógico necesita estar acompañado por condiciones físicas adecuadas. No basta con pedirle a la comunidad educativa que construya mejores mundos si el mundo físico donde educamos se deteriora ante nuestros ojos.
Es por eso que la biblioteca “Mundos en papel” adquiere un significado que va mucho más allá de unos estantes y unos libros. Es una declaración de confianza en la infancia. Es decirles a los estudiantes que sus preguntas importan, que sus sueños tienen un lugar y que el conocimiento puede ser también una forma de libertad.
Quiero expresar, de manera especial, mi gratitud a la maestra Ángela Ibeth Restrepo Riaños, tutora PTA, por abrir las puertas y permitir el desarrollo de estos espacios de encuentro y reconocimiento para quienes trabajamos por la cultura y soñamos con proyectos capaces de construir sociedad para un buen vivir.
Las transformaciones verdaderas suelen comenzar con una maestra que abre una puerta, con un niño que abre un libro, con un grupo de docentes que decide trabajar unido y con una comunidad que se niega a renunciar a sus sueños.
“Mundos en papel” ya tiene sus puertas abiertas. Ahora corresponde a todos nosotros ayudar a que esos mundos crezcan.








