Gustavo Petro culmina su mandato dejando un país con la pobreza más baja del siglo XXI, pero con grandes vacíos en la ejecución de su prometida paz total y reforma agraria.

El pasado 20 de julio, el presidente de la República, Gustavo Petro, presentó ante el Congreso el balance de sus cuatro años de gobierno, marcando el cierre del primer mandato de izquierda en la historia de Colombia. Entre aplausos de sus copartidarios y fuertes cuestionamientos de la oposición, el mandatario expuso las cifras de lo que él llama el “Gobierno del Cambio”, dejando un panorama donde las conquistas sociales contrastan con las promesas estructurales que quedaron a medias.
A continuación, analizamos los puntos más destacados y los mayores desafíos de estos cuatro años de administración.
Reducción de la pobreza y el desempleo
El logro más contundente que presenta la administración Petro es la caída en los índices de pobreza. Según cifras oficiales del DANE, la pobreza monetaria pasó de un alarmante 36,6% en 2022 al 25% en el presente año. Esto significa que cerca de 4,5 millones de colombianos lograron salir de esta condición. Adicionalmente, la pobreza extrema cayó por primera vez a un solo dígito.
Este avance social estuvo ligado a una dinámica positiva en el mercado laboral. Colombia alcanzó la tasa de desempleo más baja del siglo, ubicándose en un 8,1%. Sectores como el comercio, la administración pública y la educación fueron jalonadores clave de esta recuperación.
El salario mínimo vital y la inversión en educación
Una de las banderas políticas del presidente fue la dignificación del trabajador. A pesar de las advertencias de algunos sectores económicos sobre una posible destrucción de empleo, el Gobierno aumentó el salario mínimo un 23% para 2026, un incremento significativo que buscó proteger el poder adquisitivo frente a una inflación que, tras tocar un pico del 13,25% en 2023, ha logrado descender al 5,51%.
En el ámbito educativo, el presupuesto dio un salto sin precedentes. Pasó de $50 billones anuales al inicio del mandato a proyectar $88 billones para 2026. Esta inversión se ha materializado en más de 8.400 obras de infraestructura educativa, principalmente en zonas rurales, y en la ampliación de cupos universitarios en regiones históricamente olvidadas.
La Reforma agraria
A pesar de los logros sociales, el “Gobierno del Cambio” flaqueó en la ejecución de algunas de sus propuestas más estructurales. La ambiciosa Reforma Agraria, promesa insignia de campaña, se quedó corta frente a las expectativas.
El Gobierno prometió la compra de 1,5 millones de hectáreas para entregar a campesinos sin tierra. Sin embargo, a julio de 2026, solo se habían adquirido poco más de 462.000 hectáreas, menos de una tercera parte de la meta. Si bien el avance es superior al de gobiernos anteriores, la lentitud en la ejecución y las trabas administrativas impidieron consolidar la democratización de la tierra prometida. No obstante, se destaca la constitución de 19 Zonas de Reserva Campesina, un avance importante para las comunidades rurales.
Reformas estancadas
El pulso legislativo fue intenso. Aunque la reforma laboral logró avanzar, la reforma pensional se encuentra suspendida por la Corte Constitucional debido a presuntos vicios de trámite, y la ambiciosa reforma a la salud quedó estancada por falta de viabilidad financiera.
Por otro lado, la “Paz Total” dejó un sabor agridulce. Mientras el Gobierno invirtió capital político en múltiples mesas de diálogo, sectores de oposición y análisis independientes señalan un deterioro en la seguridad territorial, con el fortalecimiento y la expansión de grupos armados ilegales y un aumento en delitos como la extorsión.
En conclusión, los cuatro años de Gustavo Petro dejan una huella profunda en materia de reivindicación social y lucha contra la pobreza. El fortalecimiento del salario y la inversión histórica en educación son innegables. Sin embargo, la dificultad para ejecutar reformas clave como la agraria y los vacíos en la estrategia de seguridad evidencian los límites de un mandato que, aunque transformador en sus cifras sociales, dejó en deuda parte de las grandes revoluciones estructurales que prometió.
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