sábado, septiembre 5, 2026

Mujeres indígenas: Guardianas de vida y territorio

Las mujeres y niñas de pueblos originarios son el pilar fundamental en la preservación del conocimiento ancestral y la protección de la biodiversidad, pese a enfrentar niveles desproporcionados de violencia y exclusión estructural. Su liderazgo sigue siendo una de las fuerzas más invisibilizadas en la agenda política global.

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Cada 5 de septiembre, el mundo conmemora el Día Internacional de las Mujeres Indígenas para honrar la resistencia histórica de las comunidades originarias. Sin embargo, más allá de la memoria, esta fecha expone hoy las profundas desigualdades sociales que enfrentan estas mujeres frente a los Estados, marcando un urgente llamado a la acción para garantizar sus derechos fundamentales, erradicar la violencia sistemática y reconocer su papel insustituible en la supervivencia climática del planeta.

Homenaje a Bartolina Sisa

La fecha no fue elegida al azar. Se estableció en 1983 durante el Segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América para conmemorar el asesinato de Bartolina Sisa, una valiente mujer aymara que lideró una rebelión contra la opresión colonial en el Alto Perú y fue ejecutada un 5 de septiembre de 1782.

Hoy, el espíritu de Sisa vive en las defensoras de derechos humanos de toda América Latina y el mundo. No obstante, ser lideresa en la actualidad conlleva un riesgo letal. La defensa de sus territorios frente a proyectos extractivistas, la minería ilegal y la deforestación ha convertido a las mujeres indígenas en blanco de amenazas y violencia política, demostrando que la lucha por el territorio es, indiscutiblemente, una lucha por la vida.

Género, etnia y clase social

Para entender la realidad de las mujeres y niñas de comunidades originarias, es indispensable hablar de la interseccionalidad. Ellas no solo sufren la brecha de género que afecta a todas las mujeres, sino que se enfrentan a una triple discriminación basada en su sexo, su origen étnico y su situación socioeconómica.

Según datos históricos de organismos como la ONU y la CEPAL, aunque los pueblos originarios representan apenas el 5% de la población mundial, constituyen el 15% de las personas que viven en extrema pobreza. Dentro de este margen, las mujeres indígenas son el grupo más vulnerable. Enfrentan barreras inmensas para acceder a servicios de salud materna de calidad, justicia, propiedad de la tierra y trabajos con remuneración justa. Además, las tasas de violencia doméstica, trata de personas y feminicidios en estas comunidades superan con creces los promedios nacionales en la mayoría de los países latinoamericanos.

Lideresas frente a la crisis climática

A pesar de ser retratadas frecuentemente solo desde la vulnerabilidad, las mujeres originarias son, en realidad, agentes de cambio vitales. El mundo moderno comienza a entender que los pueblos indígenas protegen el 80% de la biodiversidad restante en el planeta, y dentro de esas comunidades, las mujeres son las principales gestoras de los recursos naturales.

Ellas son las custodias de las semillas, las protectoras de las fuentes de agua y las transmisoras de prácticas agrícolas sostenibles que han sobrevivido milenios. Sin el conocimiento tradicional de estas guardianas, cualquier esfuerzo global para mitigar el cambio climático está destinado al fracaso. Su relación espiritual y práctica con la tierra ofrece respuestas concretas a la crisis ecológica que la ciencia occidental apenas está empezando a validar.

Niñas de comunidades originarias

Cuando hablamos del futuro, las niñas indígenas deben estar en el centro del debate. Garantizar su acceso a una educación bilingüe e intercultural de calidad es el único camino para romper los ciclos de pobreza sin forzarlas a abandonar su identidad.

Actualmente, muchas niñas deben caminar kilómetros para llegar a una escuela donde se les enseña en un idioma que no es el suyo, lo que acelera la pérdida de lenguas maternas. Proteger a las infancias originarias significa garantizar que puedan crecer en territorios seguros, libres de violencia armada o explotación, y con las herramientas necesarias para convertirse en las próximas lideresas que representarán a sus pueblos.

La urgencia de un poder representativo

El Día Internacional de las Mujeres Indígenas no puede limitarse a discursos oficiales o reconocimientos simbólicos. La verdadera transformación exige participación política real y vinculante. Las mujeres no necesitan que los gobiernos hablen por ellas; necesitan asientos en las mesas donde se toman las decisiones sobre sus cuerpos, sus comunidades y sus territorios.

Pasar de la exclusión a la toma de decisiones implica reformar sistemas legales para respetar la autonomía indígena y dotar de presupuesto a los programas de equidad. Solo cuando las mujeres originarias sean reconocidas como sujetos políticos plenos, podremos hablar de democracias verdaderamente representativas.

El Día Internacional de las Mujeres y Niñas Indígenas es un recordatorio de que la equidad global es inalcanzable si dejamos atrás a quienes resguardan nuestras raíces. Reconocer su lucha diaria, amplificar sus voces y defender sus derechos no es solo una deuda histórica, es una necesidad urgente para el futuro de nuestra sociedad y nuestro planeta. Desde ENREDIJO, seguiremos comprometidos con visibilizar las historias, desafíos y triunfos de las comunidades originarias en nuestra región.

La información de este artículo fue recopilada por nuestro equipo periodístico. La corrección se realizó con asistencia de inteligencia artificial.

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