miércoles, abril 22, 2026

La Literatura desde la ruralidad colombiana: Patrimonio Inmaterial

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mujer campesina escribiendo

En los rincones apartados de Colombia, donde la tierra aún conserva las huellas de los primeros cantos y las montañas resguardan el eco de antiguas lenguas, los poetas y escritores rurales han entretejido, en palabras y silencios, la memoria profunda de los pueblos. La literatura hecha en la ruralidad no es sólo una forma de arte: es un acto de resistencia, una siembra de memoria y una ofrenda al patrimonio inmaterial del país.

Yo soy una escritora de la ruralidad. Nací en un pueblo pequeño vecino a la frontera panameña un sitio conocido por el mundo como El Tapón del Darién, finalizando los 80 cuando Colombia sufría grandes cambios políticos y económicos como el declive del comunismo y económicos como la repartición de los baldíos, la ampliación de las fronteras agrícolas que fueron deteriorando a grandes pasos la selva y volvieron mi tierra un espacio de vocación ganadera que desplazó la sombra de los árboles por las formas de las vacas.

Pero cuando en muchos lugares de Colombia, especialmente la vecina región del Urabá se libraban grandes guerras por el monopolio de las FARC en la región, las luchas de las disidencias de guerrillas, grupos paramilitares nacientes y la consolidación del narcotráfico, la selva del Darién nos mantuvo alejados momentáneamente de esas realidades que tarde o temprano tocarían la puerta de la casa.

Pero la ruralidad colombiana no ha sido precisamente el espacio donde se tienen grandes centros educativos, por lo contrario, son muy pocas las oportunidades que tienen especialmente los jóvenes para acceder a la educación superior, en nuestro país solo al 1,8% de los habitantes en zonas rurales tienen un título educativo[1].

Pero entonces, ¿cómo se hace una poeta y como hace el amor por la literatura en la ruralidad? Empezaré por decir que la literatura de los escritores rurales nace de la oralidad, del rumor de los ríos, de las historias transmitidas al calor de los fogones o en las plazas polvorientas. En sus escritos, se recogen los relatos de las abuelas, las penas y alegrías de la comunidad, las tradiciones que resisten el paso del tiempo y las heridas abiertas por la violencia o el olvido estatal. La escritura rural sea de hombre o mujeres es un acto de preservación: pone en palabras aquello que podría desaparecer sin testigos.

Para el caso puntual de espacio literarios donde se han formado escritores rurales en el Urabá y el Darién Caribe Colombiano tendría que mencionar al taller de escritores: Urabá Escribe de Apartadó que este 2025 cumple 40 años de existencia y el Colectivo de Escritoras de Urabá: las Musas Cantan.  Organizaciones con escritores de base campesina que, así como nuestro nobel Gabriel García Márquez han construido un tipo de literatura crucial para el patrimonio inmaterial, porque custodia formas de vida, modos de entender el mundo y sistemas de valores que no siempre encuentran espacio en los relatos oficiales. Mientras los grandes centros urbanos cuentan la historia desde la velocidad y la modernidad, las mujeres rurales rescatan la historia del maíz, del tejido, de la partera que sabía leer el cuerpo como un calendario, de los rezos que invocan la lluvia y de los cantos que acompañan el luto.

La palabra escrita, en este contexto, actúa como un semillero de memoria. Cada poema, cuento o crónica elaborada es un acto de siembra en el alma colectiva de sus comunidades. No es solo un ejercicio literario: es también una forma de sanar, de reivindicar, de hacer visibles las realidades olvidadas. El escritor rural, con su literatura, desafía la hegemonía del olvido que pesa sobre los territorios rurales.

A través de la escritura, se conservan saberes ancestrales, mitologías locales, formas de organización social y resistencias culturales frente a amenazas como el desplazamiento forzado, la explotación ambiental o la homogenización cultural. La palabra se vuelve entonces herramienta de afirmación y salvaguarda, un canal para transmitir valores y prácticas que no caben en los discursos hegemónicos de desarrollo y progreso.

Además, la literatura rural aporta nuevas perspectivas a la narrativa nacional: amplía los horizontes, rompe estereotipos y cuestiona las visiones unidimensionales de lo rural. No es una literatura ingenua o primitiva, como a veces se la caricaturiza, sino un cuerpo de obra complejo, vital, donde se cruzan el dolor, la belleza, la denuncia y la esperanza.

Por todo esto, es urgente reconocer, apoyar y difundir la producción literaria de mujeres rurales en Colombia. No sólo como un acto de justicia cultural, sino como un imperativo para la preservación del patrimonio inmaterial que da sentido y profundidad a la identidad colombiana. Cada palabra suya es un territorio resguardado, un tejido reconstituido, un tiempo salvado del olvido.

En tiempos donde la globalización amenaza con uniformarlo todo, la literatura rural se alza como un faro que recuerda que la diversidad no es una anécdota, sino la raíz misma de nuestra humanidad.


[1] UNIVERSIDAD PONTIFICIA BOLIVARIANA. Características y retos de la educación rural en Colombia. Disponible en Informe-79-Educación-rural-en-Colombia-(F)oct.pdf. Consultado el 28 de abril de 2025.

5 respuestas

  1. Muy buen articulo. Tu sensibilidad por la selva, la naturaleza, El Darien, perfeccionando cada escrito que haces, porque escribes con el corazón. Felicitaciones!!

  2. Eres un ejemplo palpable de la Literatura Rural, escrita desde tu corazón y tu bello espíritu.
    Un llamado al reconocimiento y a la pertinencia para que la Literatura Rural sea reconocida y difundida.
    Bienvenido tu reflexión. Desde mi espacio y hacer cultural para el 2026; será materia de difusión y reflexión:
    Fundación Edulandia.net.
    “Saberes para la Paz”
    “Biblioteca Comunitaria Jaime Garzón”
    Currulao
    Yadira: un feliz y próspero para tu familia y para todas y todos los escritores rurales.
    Abrazos.

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