El complejo Cruz Verde–Sumapaz abastece de agua a millones de colombianos y es hogar del 20 % de la flora de páramo registrada en el país – Foto: Secretaría de ambiente de Bogotá
El Gobierno nacional oficializó la delimitación de más de 314.000 hectáreas del complejo Cruz Verde-Sumapaz, el páramo más grande del mundo. Esta resolución, que prohíbe tajantemente la minería, pero avala las prácticas agropecuarias tradicionales, asegura el futuro hídrico de Bogotá y tres departamentos, cerrando un amplio proceso de participación ciudadana que se extendió por casi una década.
La protección de los ecosistemas de alta montaña ha dado un paso fundamental y definitivo en Colombia. A través de la Resolución 0960 de 2026, firmada por la ministra encargada de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Irene Vélez Torres, se otorgó plena e indiscutible validez jurídica a la delimitación del páramo Cruz Verde-Sumapaz. Este acto administrativo responde directamente al mandato proferido en la Sentencia T-361 de 2017 de la Corte Constitucional, estableciendo un marco normativo claro y riguroso para la protección de la región.
El alcance territorial de esta nueva medida es vasto y de una importancia geoestratégica innegable. Involucra de forma directa a 25 municipios repartidos en los departamentos de Cundinamarca, Meta y Huila, sumado a siete localidades clave de Bogotá, entre las que destacan Sumapaz, Usme y Ciudad Bolívar. Con esta esperada firma, las autoridades ambientales tienen ahora un plazo improrrogable de tres años para estructurar y ejecutar un Plan de Manejo Ambiental. Dicho plan deberá definir minuciosamente la zonificación y el régimen de usos, siempre enfocado en la restauración ecológica y el manejo sostenible del territorio.

Freno definitivo a la minería
Uno de los pilares más determinantes y aplaudidos de esta nueva reglamentación es su postura inflexible frente a las industrias extractivas de alto impacto. La resolución gubernamental prohíbe de manera estricta y definitiva cualquier tipo de actividad minera, así como todo intento de exploración o explotación de hidrocarburos en el interior del área delimitada. Esta decisión busca frenar el deterioro acelerado de los frágiles suelos paramunos y proteger los acuíferos subterráneos de la latente amenaza de contaminación industrial.
En marcado contraste, y alejándose de políticas de conservación excluyentes que han generado fricciones en el pasado, el documento reconoce y avala la continuidad de las actividades agropecuarias tradicionales. Para las comunidades de la región, esto significa que el Estado valida por fin su relación histórica, económica y cultural con la montaña. La medida permite que las familias campesinas mantengan su vocación agrícola bajo lineamientos de reconversión técnica y sostenibilidad, evitando el desplazamiento de sus tierras productivas y garantizando el tejido social rural.
El triunfo de la participación
Lejos de ser una decisión tomada a puerta cerrada en los despachos ministeriales, la delimitación física del ecosistema Cruz Verde-Sumapaz destacó por consolidarse como un proceso democrático sin precedentes en la gestión ambiental del país. Según los consolidados oficiales, más de 3.300 personas participaron activamente a lo largo de las siete fases metodológicas que exigió la Corte, abordando debates profundos sobre modelos de financiamiento, protección hídrica y auditoría ciudadana.
Durante la prolongada etapa de consulta, efectuada entre mayo de 2024 y octubre de 2025, se lograron consolidar 3.190 aportes comunitarios a través de 128 asambleas (72 virtuales y 56 presenciales). Más de 164 organizaciones campesinas, periurbanas e indígenas, en conjunto con 183 Juntas de Acción Comunal, jugaron un rol absolutamente protagónico. Como bien afirmaron los representantes de la Coordinadora Regional Campesina del Sumapaz, este logro monumental es fruto de décadas de resistencia y defensa territorial, demostrando que la construcción de la paz ambiental requiere inexorablemente de la integración de los saberes locales.

Biodiversidad y seguridad hídrica
El impacto ecológico de blindar estas 315.066 hectáreas es incalculable a mediano y largo plazo. El complejo Cruz Verde-Sumapaz ostenta el orgulloso título del páramo más grande del mundo y funciona como el verdadero corazón hídrico que abastece a millones de ciudadanos colombianos. Su resguardo legal garantiza la operación ininterrumpida de 16 acueductos veredales, suministrando agua dulce a cerca de 16.000 personas en zonas periurbanas de Soacha y la capital, además de nutrir distritos de riego que son vitales para la soberanía y economía agrícola de Cundinamarca, Huila y Meta.
Desde el punto de vista biológico, el área resguardada es un tesoro evolutivo irreemplazable. Sus corredores ecológicos estratégicos, como el tramo Sumapaz-Picachos y Sumapaz-Cerros Orientales-Chingaza, conectan la región andina con la amazónica y albergan 860 especies de plantas, de las cuales 98 son variedades endémicas. Además, este refugio gélido de alta montaña protege al 17% de los mamíferos colombianos y resguarda a más de la mitad (51%) de las especies de aves que dependen exclusivamente del bioma de páramo para lograr sobrevivir frente al cambio climático.
Mirada al futuro
La oficialización de los límites del páramo Cruz Verde-Sumapaz trasciende el mero trámite burocrático; representa una contundente victoria de la vida, el agua y las comunidades que han habitado y defendido históricamente este territorio. Asegurar el futuro de nuestra principal reserva hídrica es un paso indispensable y urgente hacia la adaptación climática de Colombia. En Enredijo continuaremos analizando de cerca la implementación de este Plan de Manejo Ambiental, manteniendo intacto nuestro compromiso de ofrecer un periodismo profundo, riguroso y siempre conectado con las dinámicas de desarrollo de nuestra región.
La información de este artículo fue recopilada por nuestro equipo periodístico. La corrección se realizó con asistencia de inteligencia artificial.








