jueves, octubre 15, 2026

La micorriza como eje de la nueva agricultura biológica

Con el respaldo de décadas de experiencia agronómica y tecnología patentada en Colombia, los inóculos biológicos prometen recuperar los suelos y reducir nuestra dependencia de los fertilizantes químicos.

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La agricultura moderna se encuentra en una encrucijada donde la alta productividad debe equilibrarse urgentemente con la sostenibilidad del suelo. Para entender este desafío técnico, contamos con la asesoría del agrónomo Uriel Jiménez Velázquez, un referente con más de 35 años de trayectoria en procesos productivos fundamentados en prácticas orgánicas y biológicas. Su visión, junto con los últimos avances de la ciencia agronómica nacional, revela que la clave de la fertilización óptima no reside exclusivamente en las síntesis químicas, sino en la reactivación de los microorganismos vivos bajo la superficie agrícola.

¿Qué es la micorriza y cómo actúa?

La micorriza es una asociación simbiótica de tipo mutualista que se establece de manera natural entre las raíces de las plantas superiores y ciertos hongos benéficos del suelo. Su modo de acción transforma radicalmente la forma en que un cultivo se alimenta y se establece. El inóculo biológico se disemina en el terreno formando un manto microscópico, tanto interno como externo, estructurado por hifas que recorren la raíz de la planta.

Esta extensa red subterránea le permite a la raíz explorar un volumen de suelo significativamente mayor, elevando la eficiencia en la toma de agua y nutrientes. En términos de rendimiento, con la aplicación de inóculos especializados, este volumen de suelo explorado puede ser potencialmente incrementado hasta 200 veces, lo que se refleja en un desarrollo superior de las plantas tratadas.

Diferencias con la fertilización química

A diferencia de los fertilizantes químicos y no orgánicos —que aportan nutrientes de forma directa pero pasajera, corriendo el riesgo de lixiviarse o degradar la microbiología del terreno a largo plazo—, la micorriza reestructura el ecosistema del cultivo. La presencia del hongo mejora de forma directa los agregados del suelo y fomenta una absorción superior de macronutrientes y micronutrientes esenciales como fósforo, nitrógeno, potasio, calcio, azufre, molibdeno y boro.

Mientras un químico convencional se enfoca en nutrir pasivamente, la micorriza actúa como un escudo biológico: incrementa el desarrollo de la raíz, aumenta la resistencia al ataque de patógenos radiculares, eleva la tolerancia al estrés ambiental y mejora la resistencia de la planta ante desbalances nutricionales. Esta eficiencia metabólica permite, en la mayoría de los casos, reducir sustancialmente las cantidades de fertilizante químico que habitualmente requiere el productor.

Innovación colombiana

Para materializar estos conceptos biológicos a escala comercial, el Ingeniero Agrónomo Hades Jiménez desarrolló y patentó una solución tecnológica de vanguardia que cumple a cabalidad con todas las exigencias de calidad requeridas en Colombia para la fabricación de agroinsumos. Se trata de “Micofert”, un producto que hoy es distribuido de manera exclusiva por la empresa Biológicos del Sur.

Desde el rigor del laboratorio, Micofert es un inoculante compuesto por raíces colonizadas (que incluyen vesículas, hifas y esporas) y micelio externo de hongos benéficos formadores de micorriza del tipo arbuscular (MA). Su eficacia radica en una alta concentración certificada: el inoculante contiene un mínimo de 60 esporas viables por gramo y asegura un porcentaje de colonización de raíces mínimo del 60%. Este ecosistema encapsulado está compuesto por especies de altísima eficiencia comprobada en rendimiento agrícola, pertenecientes a los géneros Acaulospora, Entrophospora, Gigaspora, Glomus y Scutellospora.

Aplicación integral y manejo en campo

La versatilidad de esta tecnología biológica permite su uso en un amplio espectro de sistemas productivos, desde cultivos de café, caña, frutales y hortalizas, hasta pastos y especies forestales. Para que su aplicación sea exitosa, el producto debe ser incorporado directamente al suelo, asegurando que haga contacto físico con la semilla, el esqueje, el rizoma o la raíz de la planta.

Dentro de un plan de manejo integrado, este inoculante demuestra gran adaptabilidad. Las aplicaciones racionales de insecticidas, herbicidas y nematicidas tienen muy poco efecto negativo sobre su composición microbiológica. La restricción técnica principal recae en el uso de fungicidas químicos, cuyas aplicaciones deben programarse con un margen de 25 a 30 días, ya sea antes o después de la inoculación, para proteger la viabilidad del hongo. Finalmente, como organismo vivo, exige condiciones adecuadas de almacenamiento en bodega: requiere lugares frescos y ventilados, protección contra la humedad directa y resguardo de los rayos solares, lo que le otorga una vida útil óptima de hasta 180 días.

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