Fotos: Suministradas
La más reciente creación del escultor Javier Chinchilla Nieto, titulada ‘Devenir Atávico’ (2026), se presenta no como una obra que busca complacer a través de la belleza simétrica, sino como un manifiesto contundente sobre las tensiones de nuestra identidad.
A través de un diálogo material con el legado del maestro payanés Edgar Negret, Chinchilla nos invita a reflexionar sobre el complejo desarraigo del mestizaje latinoamericano, esa condición histórica en la que no somos puramente europeos, ni indígenas, ni afros, sino una mezcla donde el todo es mucho más denso que la suma de sus partes.
La anatomía del desarraigo
Para entender ‘Devenir Atávico’, es necesario abandonar la expectativa de la proporción clásica. La obra se estructura como un tótem que combina lo ancestral con lo industrial, encarnando el dolor y la fuerza de nuestras raíces. La pieza se divide en tres niveles matéricos y conceptuales.

La base orgánica. Una masa oscura de resina tratada con pigmentos industriales con su apariencia que recuerda a un tronco denso o a carne amorfa, surcada por venas que representa el peso dramático de la historia y sostiene la estructura.
El pasado pétreo. Sobre la resina descansan fragmentos de piedra tosca y bloques calizos, rocas marcadas por cortes violentos que evocan el esplendor megalítico de culturas precolombinas como las del Alto Magdalena y Chavín de Huántar en Perú; una silueta amarilla, semejante a un cóndor andino, asoma desde la parte inferior.
El injerto metálico. En las fisuras de la piedra, Chinchilla incrusta una pieza original de metal rojo del fallecido maestro Edgar Negret. A su lado, irrumpe el acero clásico del propio Chinchilla, evocando las espadas de la Conquista española y marcando un salto temporal de más de 400 años.

“Señor, el hacha llama al tronco mudo, / golpe a golpe (…) y se llena de preguntas / el corazón del hombre donde suenas”. — Leopoldo Panero Torbado
Un puente entre épocas
En medio del paisaje desolador de piedra y madera sintética, el metal rojo de Negret late con fuerza propia; funciona como el “nervio vivo” de la escultura, el aluminio y el acero pulido no solo representan la era industrial, sino que actúan como la costura que une el mito antiguo con la técnica moderna.
La rigurosa geometría de Negret, conocido como el “payanés incaico”, contrasta de forma magistral con la naturaleza rústica y caótica propuesta por Chinchilla y se enmarca en la abstracción biomórfica u orgánica, subordinando las formas al concepto de un “quipu objetual”, aquellos antiguos sistemas de nudos incas donde se guardaba la memoria sagrada.

Una transición profunda
Quienes siguen de cerca la trayectoria del artista, notarán de inmediato un cambio radical. ‘Devenir Atávico’ marca el fin de un ciclo visual y el nacimiento de uno nuevo.
Ha dejado atrás la paleta vibrante de azules andinos y verdes profundos; los colores luminosos inspirados en las experiencias espirituales ancestrales y la búsqueda de la simetría armónica.
En su lugar, Chinchilla abraza la poética del fragmento y el trabajo rudo de las texturas crudas. Es una apuesta valiente y arriesgada que lo aleja de su zona de confort para adentrarse en un lenguaje visual mucho más descarnado.
El verdadero propósito del arte contemporáneo
‘Devenir Atávico’ nos recuerda una máxima fundamental de la crítica moderna. EL arte contemporáneo no está hecho para decorar salas ni para competir con la perfección renacentista de Miguel Ángel o Da Vinci.
La obra de Javier Chinchilla existe para dejar testimonio de nuestras búsquedas más profundas, para cuestionar la historia y para servir como un espejo de nuestra condición como latinoamericanos. Con sus cicatrices evidentes y sus materiales en conflicto, esta escultura retrata la belleza mística de nuestras raíces; un hogar histórico que, a veces, resulta dolorosamente inhabitable.









Una respuesta
Gracias estimado Gerardo por apoyar la cultura huilense.