El aumento del impuesto propuesto por el gobierno nacional no solo encarecería severamente nuestra bebida insignia, sino que terminaría frenando el crecimiento de la industria e incentivando una masiva sustitución hacia el grano extranjero de menor calidad y precio.

La Federación Nacional de Cafeteros (FNC) alertó recientemente que el proyecto de reforma tributaria impulsado por el presidente Abelardo De La Espriella, el cual plantea incrementar el Impuesto al Valor Agregado (IVA) del 5% al 19% para el café tostado, podría desplomar la demanda interna de forma preocupante. Esta medida, que es ampliamente debatida actualmente en el Congreso de la República y que entraría a regir a partir del año 2028, amenaza de manera directa el ingreso de miles de familias rurales y pone en jaque años de esfuerzos gremiales por incentivar la compra del grano cosechado a nivel nacional.
El riesgo inminente
El mayor temor frente al nuevo tributo es el enorme incentivo que genera hacia los productos extranjeros. En la actualidad, la demanda interna de café tostado ya es abastecida en gran medida por la importación de granos notablemente más baratos. En los últimos doce meses con corte a septiembre, las importaciones preliminares alcanzaron los 1,63 millones de sacos, lo que representa un dramático aumento del 88,9% frente al mismo periodo del año anterior. Frente a un consumo interno que ronda aproximadamente los 2,4 millones de sacos, la llegada masiva de producto foráneo demuestra que la amenaza de sustitución comercial es completamente real.
Esfuerzos gremiales
Germán Bahamón, gerente general de la FNC, advirtió que un choque de precios de la magnitud que propone el ‘Tigre’ podría contraer severamente la demanda local. Encarecer la bebida lograría “debilitar los esfuerzos que venimos realizando para promover el consumo de café 100% colombiano”. Además, si el consumidor final opta por alternativas foráneas, este escenario sucederá en claro “detrimento del valor agregado que generamos en nuestro país”. El avance de la cultura de tomar café puramente nacional marcha a un ritmo moderado, por lo que este obstáculo fiscal resulta muy crítico.
Las diferencias estructurales
Resulta fundamental cuestionar por qué el grano importado es más económico que el producido en departamentos clave como el Huila. Bahamón aclaró que un kilo de café colombiano tiene un piso de precio muy estricto, fijado por variables como la Bolsa de Nueva York, nuestra prima de origen y la TRM. Sin embargo, por debajo de todo eso, existe un factor ineludible que ninguna de estas variables financieras controla: el costo real de producirlo. Factores como los jornales de recolección y los abonos determinan un margen de rentabilidad bastante estrecho.
Impacto en las familias productoras
Ese margen tan ajustado de ganancias representa el sustento vital y diario de un hogar. Detrás del grano nacional de alta calidad se encuentran más de 500.000 familias productoras sin ninguna otra alternativa económica. Aunque el ciudadano colombiano hizo algo extraordinario al enfrentar los precios más altos en décadas sin renunciar a su habitual taza, el gremio advirtió enfáticamente que la “capacidad de resistencia tiene límites”.
Llamado al Gobierno
Frente a este panorama complejo que traería la ley de rescate fiscal, el gremio elevó una seria petición técnica. El gerente instó al Gobierno y al Congreso a reconsiderar esta propuesta, argumentando con firmeza que “proteger el consumo de café colombiano también es proteger nuestra economía”.
A modo de conclusión, la histórica tradición cafetera colombiana se enfrenta a un momento decisivo para su supervivencia. El Congreso tiene ahora la palabra final: proteger el bolsillo y el trabajo de los campesinos, o abrirle la puerta al dominio del grano importado. Lo invitamos a seguir acompañando los análisis de política y economía en ENREDIJO para estar al tanto de esta crucial reforma.
La información de este artículo fue recopilada por nuestro equipo periodístico. La corrección se realizó con asistencia de inteligencia artificial.










