El escritor y periodista Héctor Abad Faciolince nos visitó en la Feria Internacional del Libro ‘FilVorágine en Neiva. Conversamos sobre amores juveniles, memoria histórica, historias reales y ficción.

Un par de aguardientes, el primero doble y el segundo moderado, ayudaron a Héctor Abad Faciolince a controlar su ansiedad. Aunque el escritor estuvo a tiempo en el vestíbulo del Hotel Plaza, en el centro de Neiva, no logramos llegar a la hora convenida. Debíamos estar antes de las cinco de la tarde en la plazoleta del Centro Cultural y de Convenciones José Eustasio Rivera. Centenares de personas esperaban su conferencia sobre “Narrativa de la experiencia y de la imaginación”, en el marco de la IV Feria Internacional del Libro ‘FilVorágine’.
Faciolince, escritor y periodista, nacido en Medellín el primero de octubre de 1958, salió a nuestro encuentro sin tantas pertenencias: una chaqueta de color azul oscuro y una bolsa de tela de esas que las editoriales obsequian en días de feria. Sumaba en sus manos el libro ‘Oriente empieza en El Cairo’, publicado en 2002 por el Grupo Editorial Random House Mondadori, en Barcelona. En la contraportada alcancé a leer: “Realidad y ficción se conjugan en novelas cortas y largas, crónicas calidoscópicas o diarios de viaje”.
En la calle los caminantes soportaban un calor abrasador que disputaban en inclemencia el ocaso ardiente y el asfalto que había acumulado -todo el día- la intensidad del sol. Héctor preguntó por mi lugar de nacimiento. De San Agustín, dije con orgullo. ¿A qué te dedicas ahora? Por fortuna, trabajo en la Universidad Surcolombiana y mantengo mi pasión por la crónica, desde que estudié Historia en la Universidad Nacional de Colombia, comenté. “Maestro, por favor, me gustaría su dedicatoria en el libro”, interrumpió ansiosa Leidy Johanna Oviedo Sierra (Neiva, 7 de junio de 1993), señalando la portadilla de la novela biográfica ‘El olvido que seremos’ (Editorial Alfaguara) y que destinó al mensaje personalizado del reconocido escritor que estudió lenguas y literaturas modernas en la Universidad de Turín. En la esquina de la carrera Quinta con avenida La Toma, la luz colgante y circular que reguló el tránsito peatonal, permitió -en consecuencia- que Héctor Abad cumpliera la petición de la comunicadora social de la Biblioteca ‘Huellas’ en Neiva: “Para Leidy, en un semáforo en rojo”.
En el camino ajustamos las cargas
Frente al supermercado Popular de la carrera Quinta compartimos el primer trago doble de aguardiente regional. “Pa’ arriba, pa’ abajo, pal’ centro y pa’ dentro”, dijimos al unísono. Wilson Fernando Rivera Rodríguez, consejero departamental de cultura, y gestor cultural de teatro, nos había llevado el son y se apareció con media de aguardiente producido en la Industria Licorera de Antioquia, según se podía leer a través de la botella helada. “Lástima que no se produzca en la región”, comentó Faciolince. Enseguida recordó que a su padre Héctor Abad Gómez le gustaba el aguardiente servido en copa montañera: “Yo bebo poco, porque me gusta mucho”, rememoró con relación al médico y activista de derechos humanos -nacido en Jericó (Antioquia), el 2 de diciembre de 1921, y asesinado en Medellín, el 25 de agosto de 1987).
Al interior de la camioneta conducida por Wilson Fernando, el autor de las columnas de opinión que seguíamos a través de la revista Cambio y colaborador habitual de la revista literaria El Malpensante, ajustó el formato que nos permitiría conversar al caer la tarde en el espacio cultural frente a la Biblioteca Departamental ‘Olegario Rivera’. “No creo que funcione mucho una exposición. Mejor conversemos”, aconsejó quien fuera el director de la revista de la Universidad de Antioquia de 1983 a 1997.
Dicho lo anterior, le propuse que conversáramos sobre los siguientes ejes: la memoria, la relación entre verdad y ficción, la realidad intervenida por la imaginación, el testimonio de la violencia y el acontecimiento reciente, y finalmente, el espacio y los territorios presentes en sus narrativas. Entrados en acuerdos y ni cortos ni perezosos, pues nos despachamos un trago más. Faciolince lo reclamó sencillo. En cambio el mío rebosó la copa desechable. Seguí el consejo del artista Segundo Huertas que en la mañana del jueves me había recomendado un trago de licor para borrar la resaca provocada por las cervezas ‘Cusqueñas’ que habíamos bebido la noche anterior.
Huila como territorio narrado
Luego de confesar en público su mala memoria, porque según el hijo de Cecilia Faciolince: “…creo que escribo novelas precisamente por eso. Trato de alguna manera de reconstruir el pasado de una forma muy distinta a como la reconstruyen los historiadores…”, mencionó que había estado en San Agustín (Huila) y Tierradentro (Cauca) hace más de 40 años.
En sus recuerdos, el paseo que emprendieron desde Medellín varios estudiantes de la Universidad Pontificia Bolivariana hacia estos territorios del sur de Colombia. “En Puracé había unas cabañas y un sitio donde se tomaba trago para aplacar el frío”. Héctor Abad estaba ennoviado. Aunque considera que el relato podría acudir a una escena producto de la imaginación, recuerda que -pegado a la ventana- sorprendió a su novia declarándole su amor a otra joven: “Le estaba diciendo a la amiga que conmigo no sentía absolutamente nada y que en cambio con ella lo sentía todo (…), esa relación después de un tiempo se acabó. Fue una lección muy bonita”, y lo que más recuerdo es esa historia privada del viaje.
Nuestro amor y admiración a su padre
Héctor Abad -escritor de ‘Basura’ (Lengua de Trapo, 2000), la novela ganadora del primer Premio Casa de las Américas de Literatura Innovadora, ha dejado al lado de la silla una bolsa hecha en tela donde carga un libro para leer y una libreta para escribir la ideas que se convertirán en libros. “Eso recomendaba Stevenson. Siempre llevo esta libreta para escribir cualquier cosa que se me ocurre”.
En obras emblemáticas como ‘El olvido que seremos’, el autor incluye su impresionante testimonio con relación al asesinato de su padre, el médico y activista Héctor Abad Gómez. También nos acerca a la vivencia personal y al trauma histórico a manera de ejes de la escritura. “Anoche, curiosamente, escribí lo que creo que es una respuesta a tu comentario porque un escritor tiene que imaginarse lo que le van a preguntar. Escribí muchas cosas de ‘El olvido que seremos’, recordándolas personalmente, muy vivenciales. Otras las escribí usando recuerdos ajenos, cosas que me contaron”. Es más, “Cuando tengo que releer fragmentos de mi libro, noto que en realidad ya no recuerdo nada personalmente. Todos los recuerdos con que escribí el libro se han borrado. Todo parecen recuerdos ajenos redactados por mí”.
Además, el escritor de ‘Tratado de culinaria para mujeres tristes’ (Celacanto Editores, 1996; Alfaguara, 1997), ha dicho: “Tampoco recuerdo el momento en que los escribí, ni dónde, ni cuándo. De alguna manera ese libro ya no es mío y es un perfecto olvido. Me quedan algunos recuerdos de mi papá, de Marta, mi hermana que se murió de cáncer, y de mi mamá; pero estos son recuerdos que no están escritos en el libro. Creo que si los escribiera estos también se me borrarían”.
Cuando Héctor Abad escribió la obra dejó pasar casi 20 años “…y lo que yo quería que se supiera de la vida y la muerte de mi papá, pues o ya se me empezaba a olvidar o ya corría el riesgo también de que ya yo no lo pudiera contar”. Entonces, “…escoger ese momento en que uno debe trasladar al papel lo que recuerda bien o lo que empieza a recordar vagamente, pero lo que puede acudir a otras personas para preguntarles cómo fue, qué pasó exactamente, cómo fue; es muy importante”.
Cuando quitarte del lugar te salva la vida
Héctor Abad ha escrito varias novelas, por ejemplo, cita su obra ‘La Oculta’ (2014), “…una novela sobre una finca, una propiedad que se hereda. He escrito ‘Angosta’, una novela urbana”, que se refiere a una ciudad de tres niveles, tres castas económicas y tres climas, situada en un estrecho valle de los Andes.
“Mi libro más reciente publicado en Colombia es ‘Ahora y en la Hora’ (Alfaguara, 2025). Es un testimonio, una crónica, es un ensayo sobre un viaje a Ucrania muy corto, a finales de junio del año 2023”. Faciolince, no fue a Ucrania a escribir una crónica sobre la guerra, Menos aún, había ido a constituirse como testigo del conflicto armado internacional. “Fui a una feria literaria a presentar ‘El olvido que seremos’, en ucraniano”. Una feria muy valerosa porque constituía un evento “…en medio de una ciudad en un país invadido por una potencia mucho más fuerte”.
Luego de asistir a un evento de latinoamericanos en apoyo a la causa ucraniana ‘Aguanta Ucrania’ y en contra de la invasión rusa de 2022, Faciolince -a pesar de inventarse todas las disculpas- contra voluntad, asistió a una cena en un restaurante en Kramatorsk, ciudad ucraniana. En el lugar se reunió con Sergio Jaramillo (excomisionado de paz del gobierno colombiano), la periodista Catalina Gómez y la novelista Victoria Amelina. Tenían afán porque sobre la ciudad empezaría a operar el toque de queda impuesto por las autoridades. En el instante que Sergio Jaramillo les ofreció whisky, un misil balístico de corto alcance conocido con el nombre de ‘Iskander’, cayó sobre el techo del restaurante e hirió gravemente a la escritora Victoria Amelina, que hacía pocos minutos había cambiado de puesto en la mesa para que Faciolince pudiera escuchar a Jaramillo, porque Héctor no escucha bien por el oído derecho.
Con relación a ‘Ahora y en la hora’, es una crónica, la narrativa de “…un hecho de cómo quedé yo, después de haber ido contra la voluntad de mis hijos y de mi mujer a hacer ese viaje, que parecía un viaje no peligroso…”, pero que terminó en tragedia.
Durante nuestra conversación en la Feria Internacional del Libro en Neiva, sin que tuviéramos conocimientos previos con relación a nuestras carencias auditivas, Héctor Abad y yo cambiamos de puestos antes de iniciar la conversación en la tarima. Resulta que por el lado izquierdo no escucho bien.
Artículo publicado originalmente en el Diario La Nación.










