La Federación Nacional de Cafeteros anunció inversiones superiores a los 80 millones de dólares en Buencafé y 30.000 millones de pesos en nuevas centrales de beneficio. La estrategia busca estandarizar la producción, aprovechar los subproductos del grano y responder a las exigencias del mercado internacional, sin imponer obligaciones a los productores, pero abriendo la puerta a una economía circular sin precedentes en el campo.

Durante la 90 Cumbre Cafetera celebrada el 5 y 6 de noviembre de 2026 en Cartagena, el gerente general de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC), Germán Bahamón, anunció que la entidad comenzará a comprar café en estado de cereza. Esta decisión estratégica, de carácter voluntario para el campesino, busca centralizar y estandarizar los procesos de transformación, garantizar la calidad demandada en el exterior y generar nuevas líneas de negocio industrial a partir de los residuos tradicionales del fruto.
Estandarización
Uno de los mayores retos que enfrenta la caficultura colombiana contemporánea es garantizar la consistencia absoluta en cada taza de exportación. En la actualidad, el proceso de beneficio y secado varía drásticamente entre las cerca de 600.000 fincas productoras del país. Esta extrema diversidad metodológica representa un cuello de botella logístico y de calidad cuando los compradores internacionales exigen perfiles de sabor altamente específicos y homogéneos.
“No podemos entregarle esa responsabilidad a 600.000 fincas que lo hacen cada uno de manera distinta”, enfatizó Bahamón durante el encuentro gremial. Al asumir la compra directa del café en cereza, la Federación Nacional de Cafeteros tomará un control riguroso sobre el procesamiento. Esto permitirá elevar los estándares de trazabilidad y custodiar la calidad para competir de manera agresiva en los segmentos de cafés especiales y naturales que hoy exigen clientes en Estados Unidos, Francia y Arabia Saudita.
Subproductos del café
La visión a futuro de la FNC trasciende la tradicional exportación del grano tostado. Las métricas internas señalan que de una tonelada de cereza se logran extraer apenas 132 kilogramos de café tostado, lo que deja una ventana enorme para el aprovechamiento económico. La gran apuesta es crear un ecosistema industrial completo alrededor de la pulpa y el mucílago.
En el marco de la cumbre, se revelaron proyectos tangibles de economía circular. Entre las iniciativas en desarrollo destacan la producción de nuevas bebidas, snacks energéticos, materiales sostenibles para fabricar cuero e, incluso, un innovador convenio con la firma Sahan para elaborar productos cosméticos a partir del mucílago de café. Como sentenció el líder gremial: “Lo que antes era un residuo, mañana será una industria”.
Inversión millonaria
Para respaldar este giro hacia la agroindustria, el Comité Nacional de Cafeteros aprobó un plan de modernización de alto impacto. Se destinarán más de 80 millones de dólares para expandir la capacidad operativa de Buencafé. Esta ambiciosa inyección de capital elevará la producción de 532.000 a 700.000 sacos.
Como resultado directo, las exportaciones de café soluble tendrán un incremento vertiginoso, pasando de 12.500 a 16.500 toneladas. Esta estrategia garantiza que el valor agregado del café colombiano se quede en el país y compita con músculo financiero frente a otros gigantes del sector en los mercados internacionales.
Nuevas centrales
El nuevo modelo productivo incorpora además un enfoque de resiliencia territorial. La FNC confirmó un plan de 30.000 millones de pesos destinados a la construcción de tres modernas centrales de transformación y beneficio. De este rubro, ya hay 10.000 millones aprobados para impulsar la reactivación económica en los cinco departamentos que resultaron fuertemente golpeados por el terremoto del pasado 10 de agosto.
El espíritu de estas instalaciones será cooperativo. Se construirán en asocio con cientos de caficultores locales y, al cabo de dos años, la administración y operación pasará íntegramente a manos de las comunidades. Este esquema busca fortalecer la asociatividad empresarial en el campo y adaptar la producción a la demanda sin ahogar al pequeño productor.
Fomento al consumo nacional
El éxito de este proyecto industrial depende irrevocablemente de una base agrícola fuerte. La FNC destacó que la incorporación de tecnología, la mecanización y una correcta nutrición en los cultivos son pasos obligatorios para blindar la rentabilidad del sector primario. “Si el caficultor no gana, gana nadie”, advirtió Bahamón.
Paralelamente, el gremio trabajará para estimular el rezagado consumo interno de café. Colombia reporta un consumo anual de entre 2,3 y 2,5 millones de sacos, muy por debajo de los 4 millones de Costa Rica o los 6,1 millones de Brasil. Para contrarrestarlo, el Ministerio de Agricultura apoyará la exigencia de consumir café 100 % colombiano en las entidades del Estado y evaluará la viabilidad de incluir el café con leche como bebida oficial en el Programa de Alimentación Escolar (PAE).
El anuncio de comprar café directamente en cereza marca un punto de inflexión histórico para el campo colombiano. Al evolucionar de simples comercializadores de una materia prima a gestores de una industria integral que le saca provecho a todo el fruto, el sector busca garantizar calidad internacional, expandir sus fuentes de ingresos y dignificar el trabajo del campesino.
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