Gobernadores del sur colombiano presentaron un extenso catálogo de proyectos durante el encuentro de planeación en Ibagué. Mientras la Nación proyecta inversiones indicativas por $18,29 billones para la región, crece el escepticismo sobre la verdadera voluntad del Estado para resolver los problemas estructurales de un territorio asfixiado por el abandono gubernamental.

La ciudad de Ibagué fue el escenario para uno de los 13 encuentros liderados por el Departamento Nacional de Planeación (DNP) para estructurar el Plan Nacional de Desarrollo 2026-2030. Ante cerca de mil asistentes y con la presencia de delegaciones del Tolima, Huila, Caquetá y Putumayo, se evidenció nuevamente la brecha entre las urgentes necesidades locales y la planificación gubernamental. ¿Logrará esta vez el Estado saldar su histórica indiferencia con el sur colombiano, o estamos ante otro ejercicio de retórica que engavetará las soluciones reales a las comunidades?
Un ambicioso y disperso pliego de peticiones
Durante la cumbre, el gobernador del Huila, Rodrigo Villalba, presentó un portafolio que parece abarcar todos los frentes imaginables, exigiendo que las inversiones pasen del papel a las obras terminadas. Entre las apuestas centrales se propuso la construcción de una planta regional de fertilizantes, para la cual el departamento y los privados aportarían $10.000 millones, solicitando a la Nación los $20.000 millones restantes.
A esto se suma la solicitud de respaldar el estudio para reactivar el tren Neiva–Tolima y la ejecución de proyectos de transición energética basados en energía solar, biomasa y Pequeñas Centrales Hidroeléctricas. Sin embargo, la interminable lista de demandas de las administraciones locales plantea un cuestionamiento profundo: ¿pedir de todo en un solo plan estratégico no terminará, como es costumbre, en la dilución de los recursos y la no ejecución de lo fundamental?


Vías de papel frente a emergencias reales
En materia de infraestructura, el discurso regional insistió en la conexión Pacífico, vías La Plata–Popayán e Isnos–Popayán, y la conexión Amazonía, Neiva–San Vicente del Caguán–Florencia y Garzón–La Plata. No obstante, la realidad climática impone ritmos más severos que la burocracia. Frente al fenómeno de El Niño, se urgió a la Nación a crear planes de choque, advirtiendo el colapso inminente de sectores críticos como la piscicultura, donde el Huila genera el 40% de la producción nacional y el 90% de las exportaciones de tilapia, además de graves afectaciones al café y al arroz.
¿Otro saludo a la bandera?
Desde la perspectiva nacional, según consta en “Comunicado del encuentro centro sur, el DNP presentó un portafolio tentativo de 39 proyectos estratégicos exclusivos para la región. La entidad calcula inversiones indicativas por $18,29 billones de pesos para ejes de conectividad, agua, saneamiento e infraestructura social en Huila, Putumayo, Caquetá y Tolima.


A nivel general, el portafolio nacional contempla 334 grandes proyectos por aproximadamente $535,1 billones, recursos que buscarían incorporarse en el Plan Plurianual de Inversiones. Por su parte, el director del DNP, Julián Buitrago, enfocó su intervención en afirmar que uno de los mayores retos es recuperar la seguridad y el control de los territorios frente a los grupos criminales.
A pesar de las promesas de descentralización y de escuchar a los territorios, la realidad del sur de Colombia sigue marcada por la precariedad, la desconexión vial y la crisis del campo. Queda por ver si el abultado catálogo de peticiones regionales logrará articularse con los $18,29 billones proyectados, o si las comunidades deberán resignarse a ver cómo sus urgencias siguen diluyéndose en los fríos diagnósticos que se diseñan y aplauden desde Bogotá.










