Imagen ilustrativa ® Enredijo
Hoy, 23 de abril, la efeméride trasciende la mera formalidad. Para Colombia y para el mundo hispanohablante, esta fecha no es solo una marca en el tiempo; es el reconocimiento a un vehículo de pensamiento, creación y cohesión social. Nuestro idioma.
El origen
La fecha elegida para la celebración no es caprichosa. El origen histórico nos remite al 23 de abril de 1616, día en que falleció el genio de las letras Miguel de Cervantes Saavedra, autor de la obra cumbre de nuestra lengua. “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”.
La oficialización de este tributo a nivel global llegó mucho después, impulsada por la necesidad de reconocer la diversidad lingüística. Según registros de la ONU (www.ungeneva.org), fue en 2010 cuando las Naciones Unidas establecieron los “Días de las lenguas” para celebrar la riqueza cultural y la importancia del español como lengua internacional, fijando esta fecha como el pilar de nuestra identidad compartida.
Un precursor en el reconocimiento
Mientras que el reconocimiento global se consolidó a inicios del siglo XXI, Colombia demostró una visión temprana sobre la importancia de proteger este patrimonio. Fue a través del Decreto 707 del 23 de abril de 1938 que nuestro país institucionalizó oficialmente la celebración del Día del Idioma. Este antecedente legislativo subraya el compromiso histórico de Colombia con la defensa de su lengua materna como elemento central de su soberanía cultural.
El libro y el idioma
Es fundamental notar la coincidencia de esta fecha con el Día Internacional del Libro. Esta sincronía no es casual. El libro es el soporte material, el “cuerpo” que permite que el idioma, que es el “espíritu”, viaje a través de los siglos.
La relación entre ambos es simbiótica, sin la riqueza de nuestro idioma el libro carecería de la profundidad semántica que lo hace universal; sin el libro, el idioma perdería su capacidad de preservar la memoria histórica de nuestras sociedades.
¿Por qué cuidar nuestro español?
Más allá de la historia, debemos centrarnos en el presente. La enseñanza y el respeto por el buen manejo del español en las instituciones educativas colombianas no debe verse como una carga académica, sino como una herramienta de formación personal crítica.
La lengua como poder.Un estudiante que domina su idioma es un ciudadano que puede articular sus ideas con precisión, defender sus derechos y participar democráticamente. El buen uso del lenguaje es, en última instancia, una forma de poder personal.
Identidad en tiempos de globalización. En un mundo donde los anglicismos y las abreviaturas digitales parecen uniformar el pensamiento, cuidar la riqueza del español, sus matices, su gramática y su ortografía, es un acto de resistencia cultural.
Respeto y comunicación. En países con una historia de divisiones sociales como Colombia, el lenguaje respetuoso y bien estructurado es el puente más efectivo para el diálogo. La escuela es el único escenario donde este “buen uso” puede democratizarse.
El Día del Idioma Español es un recordatorio de que nuestra lengua es un organismo vivo. No se trata de fosilizarla en reglas arcaicas, sino de valorarla como el instrumento más avanzado que poseemos para construir comunidad. Invitamos hoy a estudiantes, docentes y ciudadanos a que honren esta fecha no solo leyendo a Cervantes, sino cuidando la forma en que nos comunicamos cada día. Con respeto, claridad y, sobre todo, con la profundidad que merece nuestro idioma.



