Foto: DC
La muy esperada película “Supergirl”, dirigida por Craig Gillespie y protagonizada por la talentosa Milly Alcock, irrumpió en las salas de cine colombianas y de todo el mundo a finales de este mes de junio de 2026. Esta ambiciosa entrega, que forma parte esencial del “Capítulo Uno: Dioses y Monstruos” del naciente Universo DC de James Gunn, nos presenta a una Kara Zor-El sumamente cínica, rota y sedienta de justicia, alejándose del arquetipo clásico de heroína. A través de un viaje espacial cargado de venganza, la cinta divide a la crítica pero promete no dejar a nadie indiferente.
Una Kara Zor-El diferente
Milly Alcock, a quien conocimos por su magistral paso por House of the Dragon, asume la pesada capa roja, pero debes olvidar por completo la versión angelical e intachable de la superheroína a la que la televisión nos había acostumbrado. En este nuevo largometraje de Supergirl, la narrativa se enfoca en el brutal origen del personaje. Kara es una superviviente que creció en un fragmento flotante del destruido Krypton, observando durante años cómo morían todos a su alrededor. Este trauma prolongado forja a una joven endurecida, sarcástica y emocionalmente inestable.
La interpretación de Alcock es sencillamente magnética. Logra encarnar la visión de James Gunn: una figura de apariencia frágil, pero con una presencia imponente y una furia desbordante. Uno de los puntos más altos de la trama es la dinámica antagónica y casi fraterna que comparte con el Superman de David Corenswet. Mientras Clark Kent representa la esperanza, habiendo sido criado en la Tierra con infinito amor, Kara es un espejo roto; una antiheroína que viaja a planetas de soles rojos no para salvar el día, sino para perder sus poderes temporalmente y poder emborracharse para anestesiar sus cicatrices.
El viaje galáctico
En lugar de centrar la acción en las familiares calles de Metrópolis, la película arrastra al espectador a las áridas profundidades de la galaxia. La historia cobra verdadero impulso cuando Kara acepta, de manera bastante renuente, ayudar a la joven Ruthye Marye Knoll (interpretada por la prometedora Eve Ridley) en una implacable búsqueda de venganza. El objetivo de ambas es dar caza a Krem of the Yellow Hills, un sanguinario líder de piratas espaciales interpretado con mucha frialdad por Matthias Schoenaerts.
Este giro argumental convierte a la nueva película de Supergirl en una suerte de road movie y western intergaláctico. Pero la verdadera explosión en las butacas llega con los personajes secundarios. La introducción de Jason Momoa como Lobo es un absoluto deleite visual y narrativo. Dejando definitivamente atrás su etapa como Aquaman, Momoa abraza el caos del mercenario y cazarrecompensas alienígena con un carisma que se roba cada escena en la que participa. A esto se le suma el entrañable regreso de Krypto, el superperro, que aporta el balance perfecto entre el humor desenfadado y la lealtad absoluta.
La batuta de Craig Gillespie
Craig Gillespie ha demostrado en obras como I, Tonya y Cruella que es un maestro a la hora de abordar personajes femeninos complejos, moralmente ambiguos y al borde de la locura. Sobre el papel, era el cineasta ideal para este proyecto. Y, en gran medida, la dirección visual y actoral es uno de los mayores aciertos del filme. Gillespie le inyecta una frescura desvergonzada a la acción y sabe sacar todo el provecho del impresionante trabajo de efectos visuales desarrollado por la legendaria compañía Industrial Light & Magic (ILM).
Sin embargo, el guion firmado por Ana Nogueira sufre de algunos problemas de ritmo. A medida que la pareja protagonista avanza en su cacería, la película entra por momentos en un bucle narrativo. La reticencia constante de Kara a actuar como la heroína resulta muy creíble al inicio, pero a lo largo de sus 110 minutos de metraje, la evolución del personaje se siente estancada en ciertos tramos. A nivel sonoro, tras atravesar varios cambios de compositores durante la producción, Claudia Sarne logra entregar una partitura ecléctica que acompaña muy bien la rudeza de las peleas de bar espaciales, aunque carece del impacto de los temas clásicos que solemos asociar a DC.
Taquilla, presupuesto y el impacto
No es ningún secreto que Warner Bros. se jugaba una de sus cartas más importantes de este año con este lanzamiento. Respaldada por un colosal presupuesto de 170 millones de dólares, la película tenía la misión de cimentar la confianza del gran público en la nueva franquicia. En sus primeros días en cartelera, el largometraje ha logrado recaudar más de 62 millones de dólares en la taquilla doméstica, demostrando un interés sólido por parte de la audiencia, aunque enfrentándose a una avalancha de reseñas divididas.
Mientras un amplio sector de la prensa especializada aplaude el atrevimiento de deconstruir a la heroína clásica y ofrecer una obra más cruda y madura, otros críticos señalan que el viaje intergaláctico de Supergirl no termina de conectar todas sus brillantes piezas en un conjunto completamente redondo. Pese a ello, es innegable que estamos ante una propuesta arriesgada que busca elevar el estándar narrativo del cine de cómics moderno y alejarse de las fórmulas desgastadas.
En resumen, Supergirl es una intensa aventura espacial que, aunque sufre de algunas irregularidades en su ritmo argumental, logra compensar sus fallos con una protagonista absolutamente fascinante y secuencias de acción trepidantes. Milly Alcock ha demostrado que tiene la fuerza necesaria para cargar con la franquicia, y su versión de Kara Zor-El es exactamente la antiheroína refrescante que el Universo DC necesitaba para revitalizarse en este 2026. ¿Tú ya fuiste al cine a verla? Déjanos tu opinión en la caja de comentarios, comparte este artículo con tus amigos y recuerda mantenerte conectado a Enredijo para seguir leyendo las mejores críticas, análisis y noticias del séptimo arte.
La información de este artículo fue recopilada por nuestro equipo periodístico. La corrección se realizó con asistencia de inteligencia artificial.







