“La Minerva” escultura en Guadalajara, Jalisco, Mexico. Escultor: Joaquín Arias. | Foto: Suministrada
Para quien llega por primera vez a Guadalajara, el impacto es inmediato, en el marco de la euforia internacional que supone la Copa Mundial de la FIFA 2026, la capital jalisciense no solo recibe al visitante con su emblemático Estadio Akron o su rica gastronomía, sino con la mirada pétrea y protectora de una deidad clásica.
En el cruce de las arterias más importantes de la ciudad se alza la Glorieta de La Minerva, el símbolo indiscutible y el punto de encuentro donde convergen la historia, la pasión y el orgullo tapatío.
Un coloso forjado en bronce
Inaugurada en 1956 bajo la administración del entonces gobernador y escritor Agustín Yáñez, La Minerva es una monumental obra esculpida en bronce por el artista Joaquín Arias Méndez, en conjunto con el diseño arquitectónico de Julio de la Peña.
El monumento central representa a la diosa romana de la sabiduría, las artes y la guerra, el equivalente a la Atenea griega. Con ocho metros de altura, la deidad se yergue empuñando una lanza y sosteniendo un escudo adornado con la cabeza de Medusa. A sus pies, un imponente muro de piedra dicta la vocación del monumento con una frase inconfundible: “Justicia, Sabiduría y Fortaleza custodian a esta leal Ciudad”.
Más que un simple ornato urbano, Yáñez concibió este espacio para recordarles a los jaliscienses las virtudes cívicas necesarias para construir una metrópoli moderna.
El mito
Algunos habitantes de Guadalajara cuentan que es de su develación, la estatua fue blanco de un intenso escrutinio. Para los jaliscienses de los años cincuenta sus proporciones y, sobre todo, sus marcadas facciones eran, en realidad, las de Olivia Ramírez de Yáñez, esposa del entonces gobernador. Sin embargo, el rigor histórico y las propias declaraciones del escultor ofrecen una realidad distinta.
Arias Méndez confesó años más tarde que, para evitar hacer una copia exacta de las representaciones clásicas europeas, decidió imprimirle identidad local a la obra. El escultor tomó fotografías de varias mujeres tapatías representativas y extrajo de ellas una síntesis fisionómica. El resultado no fue el retrato de una sola mujer de la élite, sino el de una Minerva mestiza, con rasgos duros, fuertes y auténticamente mexicanos. La intención era clara: la guardiana de Guadalajara no podía ser extranjera; debía tener la esencia de su propia tierra.

Epicentro mundialista
Hoy, a siete décadas de su creación, el rol de La Minerva trasciende su valor estético, es el ágora moderna de Guadalajara, el lugar donde se lloran las derrotas, se exigen derechos en marchas sociales y, sobre todo, se celebran las grandes victorias.

Durante esta temporada mundialista de 2026, la glorieta ha reafirmado su papel como el corazón vibrante de la ciudad. Aprovechando el flujo de miles de turistas y la efervescencia del torneo de la FIFA, las autoridades y patrocinadores han transformado este espacio en un escenario de talla internacional. En las últimas semanas, los pies de la diosa han vibrado con los multitudinarios conciertos gratuitos de grandes figuras de la música mexicana, destacando las históricas presentaciones de Maná y Alejandro Fernández, quienes cantaron ante un mar de aficionados locales y extranjeros congregados alrededor de la fuente.

Para el periodista que observa la ciudad por primera vez, La Minerva no es un monumento inerte; es un ente vivo. Una mujer de bronce que, con lanza en mano y mirada mestiza, sigue vigilando a una Guadalajara que hoy, más que nunca, le canta al mundo entero.







