Las variaciones extremas del clima, sumadas a la acción humana y nuevas amenazas biológicas, podrían reducir drásticamente la población de estas especies en las próximas décadas. Expertos e instituciones buscan adaptar los corredores ecológicos para evitar una crisis irreversible en las montañas colombianas.

El aumento acelerado de las temperaturas y la disminución de las precipitaciones ponen en jaque la supervivencia del oso de anteojos y la danta de montaña en el departamento del Huila. Durante el primer día del XI Festival Nacional dedicado a estas especies, realizado en Pitalito en el marco de la Semana Ambiental 2026, expertos de la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena (CAM) y centros de investigación advirtieron que los cambios en sus ecosistemas podrían mermar severamente sus poblaciones para el año 2050.
El Niño y la crisis
La variabilidad climática ha dejado de ser una advertencia distante para convertirse en una realidad que golpea a la biodiversidad regional. Durante la agenda académica del evento, se analizaron detalladamente los escenarios futuros sobre el comportamiento de la fauna silvestre frente a los desajustes del clima.
Carlos Andrés González, director Territorial Sur de la CAM, fue enfático al alertar sobre los impactos inmediatos. Según el funcionario, las alertas globales y nacionales por el Fenómeno de El Niño, caracterizado por sus altas temperaturas y bajas precipitaciones, afectan de manera directa los ecosistemas donde habitan estas especies sombrilla. Este estrés ambiental compromete la viabilidad de los hábitats naturales.


Oso de anteojos
La situación del oso andino es particularmente crítica. Elkin Noguera, investigador del Instituto Humboldt y ponente en el festival, compartió los resultados de recientes modelaciones científicas que calculan la distribución potencial del hábitat de esta especie desde Perú hasta Colombia.
Los hallazgos revelan un panorama preocupante: el área de distribución del oso andino se verá severamente mermada por el aumento térmico y la alteración de las lluvias. Noguera precisó que “muy posiblemente acá en Colombia tengamos una reducción casi del 60 % de la población del oso para el 2050”.
Dado que estas alteraciones impactarán fuertemente a los páramos —el hogar primario del oso—, el investigador insistió en la necesidad de avanzar hacia una planificación dinámica de los corredores de conectividad y las áreas protegidas. Esto implica anticiparse a las modificaciones del entorno, integrando los escenarios climáticos desde ya en las estrategias de conservación para adaptar las rutas ecológicas.


La danta de montaña
Por su parte, la danta de montaña enfrenta una encrucijada donde el clima exacerba riesgos sanitarios letales. Juan Camilo Mantilla, profesional de monitoreo del Santuario de Flora y Fauna Otún Quimbaya, expuso cómo el calor propicia la aparición y diseminación de amenazas biológicas graves, como la mosca del gusano barrenador.
A través de un proyecto de conservación en Risaralda apoyado por cámaras trampa, los especialistas han documentado el avance de este parásito. Las proyecciones son alarmantes: si la amenaza del gusano barrenador se suma a flagelos como la cacería y la destrucción del hábitat, la danta podría extinguirse en aproximadamente 33 años. Incluso si se aísla únicamente el impacto de la miasis generada por este gusano, la especie desaparecería en unos 350 años.
El factor humano
El impacto climático no actúa solo; la acción humana acelera el declive de las dantas. Mantilla denunció que la introducción de animales de compañía a los ecosistemas silvestres resulta fatal.
La presencia de perros domésticos en las áreas donde habita la danta provoca episodios de persecución y mordeduras; estas heridas abiertas son el escenario perfecto para que el gusano barrenador infecte al mamífero. Asimismo, el profesional subrayó la importancia de retirar los alambrados de púas de los bosques, pues se convierten en trampas que lastiman a los animales y facilitan el contagio.
Estrategias de conservación
Ante estos enormes retos ambientales, la máxima autoridad ambiental del Huila ratificó que continuará ejecutando acciones de preservación. González recordó que la CAM trabaja desde 2009 en la declaratoria de áreas protegidas y en la formulación de planes de manejo para el oso, la danta y el roble negro.
El éxito de estas medidas se apoya en las bases sociales. El fortalecimiento de los grupos locales de monitoreo es fundamental, pues son las comunidades quienes proveen información invaluable sobre la biodiversidad y apoyan la toma de decisiones territoriales. Katherine Arenas, bióloga de la CAM, aseguró que frente a las amenazas expuestas, la entidad mantendrá un trabajo articulado con los pobladores y las organizaciones ambientales para impulsar la educación, el monitoreo, la conservación estratégica y el mantenimiento de los corredores ecológicos.
El festival evidenció que la ciencia, las instituciones y la comunidad deben unir fuerzas para mitigar el impacto de la crisis climática sobre nuestra fauna. La información obtenida a través de monitoreos científicos es la principal herramienta para proteger a estas especies vitales frente a un clima cada vez más impredecible. Te invitamos a mantenerte al tanto de estos y otros retos del Surcolombiano en ENREDIJO, donde seguiremos visibilizando el pulso ambiental de nuestra región.
Redactado con información publicada por la CAM. La corrección se realizó con asistencia de inteligencia artificial.








