Me pregunté quién era Jorge Eliécer Peña Ortiz. Ahora, un 18 de diciembre, presenta una novela en el auditorio Teófilo Carvajal. La difusión del acto no es clara acerca del tipo de libro. El chat de escritores laboyanos presenta la portada del libro, muy vistosa. EnRedijo empieza una nota llamativa acerca de las búsquedas de Occidente y las posibles respuestas en las culturas ancestrales. Como lo dije anoche frente al autor, aún no sabía de quién se trataba, qué tal que hasta resultemos parientes. El enigma se disipó pronto. Jorge Peña Ortiz, en el preámbulo del acto, me ve y no sé si me reconoce después de 60 años. Antes, nos cruzamos con una persona flaca, entretenida con el móvil. No la reconozco de inmediato pero se trata de Chepe, el Peña Ortiz con quien más he compartido. Blanco, inquieto y también con “la nieve de los años” encima. Aparece Fabiola Peña Ortiz, identificada en los afectos por cuánto tiempo. Enseguida Cecilia. Y Jesús. Y, al rato, Toño. Si cuando papá me sacó del monte con una caja de cartón y dos mudas de ropa y me dejó en el Hotel Nacional de su prima Ana Elisa Peña y de Félix Cuéllar, de los Peña de enseguida nada más nos separaba una pared, y, a veces, un piso. Y Jorge era un niño muy juicioso y centrado con quien nunca nos saludamos. Como sí ocurrió anoche de la mano con la literatura.
Nos saludamos con Ana Patricia Collazos, con su presencia inevitable y con la certeza de su trabajo editorial al frente de Tierra de palabras. Antes, en la cafetería del centro cultural, mientras me complazco con una muy, pero muy deliciosa chulupa en jugo fresco, el más fresco del mundo, y entra alguien, le digo a Claudia, si no estoy mal es un Ayerbe. De los pintores, de los que han hecho cosas positivas en la cultura en este pueblo. No sé, le dije, si es quien mantuvo un buen tiempo la mejor emisora cultural del Huila. Y ahora mismo, no sé, Chatica, si es un Ayerbe o no. El papá, don Eliécer, tenía una carpintería, de día. De noche la convertía en magia. Presentaba cine. El primer hombre que lo hizo aquí. Cómo te parece. Sí. Es Ricardo. Además, uno de los presentadores en el acto de la noche. La editora, Ana Patricia, hace la presentación de ese otro vástago pulcro y querido que ella ha convertido en destino cultural. Fabiola presenta al hermano hombre. Por cuál parte del mundo no ha andado. Europa, India, África, Oriente. Años. Años de vida. Derrotero y búsqueda que finalmente lo planta en San Agustín, centro universal de fuerzas vitales permanentes sobre el tiempo. Búsqueda y encuentro espiritual. Jorge, desde luego, impulsa a su primer hijo literario. Se despejan dudas. Se hacen precisiones. Una novela. Jorge repite que no se trata de una elaboración sofisticada para gente erudita. Se trata de una búsqueda, algo que puede ir muy bien con los niños. Con toda clase de niños. Incluidos los niños mayores. Así como lo dijo Chepe, uno de su múltiples hermanos. También para niños con “la nieve de los años” puesta. Se sabe que la literatura no disputa en nada con los temas que la alimentan. Se sabe que ella se disputa las más altas palabras que la digan. Que la hagan. Qué. Pues conseguir A las tumbas de la eternidad, leerla y ver qué sucede. Ahora, celebrar el acontecimiento. Aunque dé la impresión, no aparecen novelas todos los días. Menos aquí en Pitalito y de autores laboyanos.
Aunque me he prometido intervenir en estos eventos, cuando Ana Patricia abre el espacio de las preguntas al público, guardo la posición que he mantenido durante más de 70 años de mi vida. Quedarme callado. La situación daba para haber participado en la celebración de una manera sencilla. Hesse, con la novela Siddhartha, 1922, establece el impulso decisivo para el encuentro espiritual de Occidente, razón y materialidad, con el espíritu de otras partes del mundo, para el caso, la India. Presenta esa búsqueda disfrazada de exterior que se trata, en lo fundamental, de una búsqueda interior. Se recuerda también el cuento de las mil y una noches recordado desde Borges. La búsqueda del tesoro por el mundo entero para encontrarlo en el solar de la casa de donde se ha partido. Hollywood, muy a la manera de Hollywood, de qué otra manera, ha difundido el modelo. Un maestro y un aprendiz que finalmente y con esfuerzo y trámite en la búsqueda, llega. Jorge anduvo en una dirección muy fija y variada en procura de los puntos cardinales de su espíritu durante la vida entera y ha recalado en un epicentro que él ayuda a descubrir y se espera que a fundar como centro espiritual, aquí no más, a media hora de Pitalito. Cómo, por qué el recorrido que le lleva cuánta vida, cuando le hubiera bastado con treparse a un bus y llegar a San Agustín, continuar hasta El Parque Arqueológico y descubrir y encontrarse con las voces que, precisamente, no permiten convertir en tumbas a este centro universal de la vida, distinta de la vida que es y dispensa Occidente. Qué necesita el cuerpo, qué necesitan los huesos del alma para ascender por las dimensiones de la luz. La perspectiva de Jorge, nos parece, es la de un Iniciado. Qué maravilla. Uno de turista sediento encontrarse en un parque arqueológico imprevisible con un Iniciado como guía en el recorrido interminable de la vida.
Pitalito. Casa del Limonero, 19. 12. 2025.








Una respuesta
Muy bueno el srticulo excelente pagina felicidades.