El pasado 16 de diciembre de 2025, Colombia marcó un precedente en la gestión de su diversidad cultural. En el Centro Nacional de las Artes Delia Zapata Olivella, en Bogotá, se presentó oficialmente el primer capítulo étnico del Plan Nacional de Cultura 2024-2038: el Capítulo Rrom.
Más que un documento administrativo, este hito representa una reparación histórica y un cambio de paradigma en cómo el Estado colombiano entiende la identidad, la movilidad y los derechos de la población gitana.
¿Qué es el Capítulo Rrom?
Durante décadas, el Pueblo Rrom (Gitanos) ha transitado la geografía colombiana enriqueciendo el tejido social con sus oficios, su lengua (Romaní) y su particular cosmovisión, sin embargo, su inclusión en las políticas públicas solía ser periférica.
Este nuevo capítulo, titulado “Cultura para el cuidado de la diversidad de la vida, el territorio y la paz”, cambia las reglas del juego al reconocer al pueblo Rrom como un sujeto colectivo de derechos, el cual no se trata de una imposición estatal sino el resultado de una consulta previa, libre e informada que involucró a 891 personas de las 13 Kumpañy (asentamientos) y organizaciones gitanas del país.
“Este capítulo es una invitación a reconocer que no habrá paz duradera si algún pueblo queda por fuera de la conversación”, afirmó la ministra de las Culturas, Yannai Kadamani.
Un recorrido por las memorias del pueblo itinerante
El proceso de construcción del capítulo fue un ejercicio de descentralización real. A través de encuentros regionales en ciudades como Cúcuta, Girón, Pasto, Sabanalarga y Sahagún, se recogieron las voces de un pueblo que entiende el territorio no solo como un espacio geográfico, sino como un flujo constante de saberes.
Henry Gómez, representante de la kumpania de Girón, Santander, subrayó la importancia de este avance para el relevo generacional: “Estamos marcando un punto hacia el futuro y un reconocimiento total para las futuras generaciones del país”.

Claves del Plan Nacional de Cultura para el pueblo Rrom
Para entender el impacto de esta noticia en la agenda de inclusión cultural, debemos destacar tres pilares fundamentales.
El primero, la gobernanza y autonomía que el plan reconoce y fortalece en las formas de organización interna del pueblo Rrom y su capacidad de decidir sobre sus propios procesos culturales.
En segundo lugar se destaca el enfoque Biocultural que vincula la protección de la diversidad cultural con el cuidado de la biodiversidad, entendiendo que las prácticas sociales de los pueblos étnicos son esenciales para el equilibrio ambiental.
Y tercero, la justicia y la paz, al integrar las memorias gitanas, el Estado reconoce que la paz en Colombia debe ser plural o no será.
¿Hacia dónde vamos?
Desde una perspectiva de inclusión, el lanzamiento de este capítulo es un paso firme hacia la “Colombia pluriétnica” que dicta la Constitución de 1991, pero que aún enfrenta retos de implementación. El desafío ahora radica en que los recursos y las acciones lleguen efectivamente a las kumpañy de municipios como Sampués o Envigado.
Como bien señaló Nayibe Martínez Estrada, lideresa de Sampués, este avance aporta directamente a la pervivencia del pueblo. En un mundo que tiende a la homogeneización, que Colombia proteja el derecho a ser diferente —y a circular libremente con esa diferencia— es una victoria para todos los ciudadanos.
La celebración, que incluyó muestras gastronómicas, bailes y cantos tradicionales, no fue solo un festejo gitano, sino una muestra de que Colombia puede ser una nación que no teme mirarse al espejo y reconocerse múltiple.








