Lejos de ser un simple espectáculo submarino, las mantarrayas sostienen la cadena trófica marina al actuar como bombas biológicas de nutrientes. En el marco del Día Mundial de la Mantarraya, la ciencia advierte sobre la urgencia de proteger a esta especie de lenta reproducción, cuya pesca y comercialización hoy están totalmente prohibidas en aguas colombianas.

Cada 17 de septiembre, el calendario ambiental dirige nuestra mirada a las profundidades para conmemorar el Día Mundial de la Mantarraya. Sin embargo, para los investigadores de la vida marina, esta fecha es mucho más que una efeméride, es un llamado de auxilio. Estos colosos migratorios son piezas maestras en el complejo rompecabezas de la salud oceánica y se enfrentan a una carrera contra el tiempo debido a la captura incidental, el cambio climático y la degradación de sus hábitats.
Un puente de nutrientes vital
Las mantarrayas no son solo animales longevos y de desplazamientos kilométricos; son verdaderas ingenieras del ecosistema. De acuerdo con investigaciones lideradas por la Fundación Manta Trust y biólogos marinos especializados como la doctora Andrea Marshall —referente mundial en la biología de la especie—, estos gigantes cumplen una función biooceánica irremplazable.
Al alimentarse en áreas específicas y luego desplazarse a lo largo de vastas distancias oceánicas, actúan como un sistema de transporte de nutrientes. Sus inmersiones y movimientos biogeoquímicos fertilizan diferentes estratos del océano, regulando el zooplancton y manteniendo el equilibrio en los arrecifes de coral y otros ecosistemas marinos. Sin su presencia, la salud general del mar sufre un efecto dominó devastador.
Huellas dactilares bajo el agua
La biología de las mantarrayas las hace extraordinariamente susceptibles a la presión antropogénica. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) alerta constantemente sobre su fragilidad poblacional, derivada de una tasa reproductiva extremadamente baja y un crecimiento tardío.
No obstante, la ciencia cuenta con un aliado en su estudio: cada individuo presenta un patrón de manchas único en su vientre. Este diseño funciona como una huella digital irrepetible. Gracias a estas marcas, los investigadores pueden aplicar herramientas de foto-identificación no invasivas, permitiendo un seguimiento riguroso de la demografía y las rutas migratorias de las poblaciones que aún sobreviven.
Un santuario necesario en aguas colombianas
Las redes de la captura incidental y la pesca dirigida continúan mermando las poblaciones globales de estos elasmobranquios. Frente a esta crisis, las aguas de Colombia se han transformado en una zona de exclusión para estas amenazas.
En el territorio marítimo nacional, las mantarrayas, junto a los tiburones y las quimeras, gozan de un blindaje normativo que prohíbe tajantemente su pesca dirigida, así como cualquier tipo de comercialización de sus productos o subproductos. Esta barrera de conservación es el mínimo vital que requieren estos gigantes para seguir surcando las corrientes y asegurando, con el batir de sus aletas, la respiración misma del océano.








