Silvia Andrea Forero desafió los prejuicios familiares sobre el trabajo agrícola para convertirse en un pilar formativo de la Escuela Nacional de la Calidad del Café. A través del SENA, esta profesional ha dedicado doce años a capacitar a mujeres, jóvenes y niños, garantizando que la caficultura siga siendo el principal motor económico, social y empresarial del departamento.

En Pitalito, municipio que se consolida históricamente como el mayor productor de café en Colombia, el futuro del grano se asegura dentro de las aulas. Silvia Andrea Forero Artunduaga, instructora con 12 años de trayectoria en el SENA, lidera un proceso de transformación territorial educando a mujeres campesinas y a las nuevas generaciones en áreas técnicas como la catación y el barismo. Su labor diaria busca convertir la tradición agrícola en una agroindustria altamente competitiva, demostrando con hechos por qué el Macizo Colombiano es el epicentro de los cafés especiales.
De Llano Grande
Criada en la vereda Llano Grande, a pocos kilómetros del casco urbano de Pitalito, Silvia pertenece a la cuarta generación de una familia dedicada al cultivo del grano. Sin embargo, su camino hacia la academia no fue directo ni sencillo. Durante su juventud, se enfrentó al fuerte imaginario rural de que “el campesino no avanza”, lo que llevó a sus padres a rechazar la idea de que trabajara en el campo y a sugerirle carreras tradicionales como medicina o derecho.
Tras iniciar estudios en el área pecuaria motivada por su vocación original hacia la veterinaria, descubrió que su futuro profesional estaba en la administración de empresas agropecuarias orientadas al sector cafetero. Su talento técnico la llevó a trabajar en entidades municipales y financieras, hasta llegar a la exportadora suiza SKN Caribe Café, donde se consolidó formalmente como catadora. Fue allí donde un colega del SENA le propuso dar el salto a la docencia, un reto que asumió y que la ha convertido hoy en la instructora más antigua de su sede en Pitalito.
Empoderamiento femenino
Una de las principales revoluciones impulsadas por Forero ha sido el cambio de rol de la mujer en las fincas de la región. Tradicionalmente relegadas a labores indispensables pero invisibilizadas, como la cocina y la logística, las productoras están asumiendo hoy el liderazgo administrativo y gerencial de sus cultivos.
A través de invitaciones constantes a formarse en programas técnicos, la instructora logró que decenas de mujeres se capacitaran en áreas de valor agregado. En la actualidad, el sur del Huila cuenta con aproximadamente ocho asociaciones femeninas de café, integrando a unas 70 productoras que han pasado de ser mano de obra de apoyo a verdaderas empresarias. Este empoderamiento ha transformado las dinámicas del hogar, logrando que los esposos las presenten como su equipo de trabajo. Además, Forero gestionó ante la Federación Nacional de Cafeteros la creación de espacios y cupos para que las mujeres compitieran oficialmente, logrando una masiva participación que recientemente dejó a 24 aspirantes en lista de espera por el alto interés generado.
Semilleros infantiles
Garantizar el empalme generacional es el mayor desafío estructural del campo colombiano. Para evitar la migración de los jóvenes a las ciudades, Forero estructuró un programa pionero de formación para la primera infancia y la adolescencia, abriendo las puertas de la institución a los menores de edad.
Mediante jornadas adaptadas de dos a tres horas, los niños de la región aprenden hoy sobre los perfiles de taza, la tostión, los métodos de filtrado y el barismo. Esta iniciativa, apoyada por figuras locales como Arturo Salomón, se ha expandido hasta consolidar nueve escuelas de formación en el sur del Huila, abarcando municipios como San Agustín y San Adolfo. Los resultados de este esfuerzo se materializan en vitrinas comerciales de gran escala, como la feria FICCA, donde las nuevas generaciones demuestran sus competencias técnicas y su amor por la cultura cafetera.
Un legado vivo
El impacto del trabajo docente de Silvia Forero trasciende la calidad del café y toca directamente el tejido humano de Pitalito. Hoy en día, cuatro de sus antiguos aprendices trabajan a su lado como instructores, un testimonio del ciclo virtuoso de conocimiento que ha logrado instaurar. Incluso en su entorno familiar el cambio es absoluto; su padre, que alguna vez temió por el futuro económico de su hija en el campo, hoy reconoce con orgullo el inmenso valor de su liderazgo social.
La historia de Silvia Andrea Forero demuestra que la educación especializada es la herramienta definitiva para el desarrollo. Cuando se dignifica el conocimiento rural, el relevo generacional deja de ser una preocupación y se convierte en la principal fortaleza del territorio. Desde el equipo de Enredijo, te invitamos a seguir conectados con nuestros portales y redes sociales para continuar descubriendo los perfiles, investigaciones y crónicas que construyen la identidad del Macizo Colombiano.
Redactado con información publicada originalmente en el Diario del Huila. La corrección se realizó con asistencia de inteligencia artificial.








