lunes, abril 27, 2026

Tres urnas funerarias prehispánicas regresan a Colombia

WhatsApp
Facebook
X
Telegram
Threads

Imagen cortesía ICANH

En un notable esfuerzo por reivindicar nuestra memoria ancestral, el Gobierno Nacional logró repatriar tres invaluables urnas funerarias prehispánicas procedentes de Venezuela en la noche del 24 de abril de 2026. Las piezas arqueológicas, que llegaron al país desde la embajada de nuestro país en Caracas, nos revelarán más información y detalles inéditos sobre las complejas prácticas mortuorias de las antiguas sociedades que habitaron nuestro territorio. Este hito cultural no solo reafirma el compromiso de Colombia con el rescate de su patrimonio arqueológico en el exterior, sino que devuelve a la región Caribe un fragmento irremplazable de su identidad histórica originaria.

El vuelo de regreso

El complejo retorno de estos bienes patrimoniales se materializó la noche del pasado 24 de abril. La operación logística y diplomática fue posible gracias a un vuelo de apoyo operado por la Fuerza Aeroespacial Colombiana. De manera estratégica, las autoridades coordinaron este traslado para que coincidiera con la visita oficial del presidente de la República, Gustavo Petro, quien se encontraba en el país vecino participando en el marco de la III Comisión de Vecindad Colombia – Venezuela.

La historia de esta repatriación comenzó a tejerse hace algunos meses. Las invaluables piezas se encontraban en custodia de la embajada de nuestro país en Caracas desde el 8 de septiembre de 2025. Afortunadamente, su retorno definitivo fue impulsado por un acto de buena voluntad. Fueron entregadas a la misión diplomática, de manera voluntaria, por Luis Lemoine, quien ejerce como presidente de la Fundación Arqueológica del Caribe – ARCA, una organización investigativa ubicada en la capital venezolana.

Para garantizar que todo se hiciera bajo el mayor rigor técnico, la devolución de las urnas se dio luego de que Lemoine solicitara formalmente el debido concepto de definición de pertenencia de las urnas al patrimonio arqueológico colombiano. Este riguroso trámite era el requisito indispensable con el fin de dar inicio al proceso legal y diplomático de repatriación hacia Bogotá.

Urna Tayrona repatriada el 24 de abril. Foto: Cortesía ICANH

El misterio arqueológico

El material cerámico recuperado posee un altísimo valor estético, antropológico e histórico. Específicamente, se trata de dos urnas asociadas a la cultura Tayrona y una, a la tradición arqueológica Tamalameque. Desde una perspectiva morfológica, los expertos han detallado que las tres piezas corresponden a urnas funerarias antropomorfas; es decir, vasijas que presentan decoraciones o formas que imitan figuras humanas, utilizadas cotidianamente por las sociedades prehispánicas para depositar y resguardar los cuerpos de sus muertos.

De acuerdo con las primeras observaciones y la literatura académica, resulta posible establecer que las urnas funerarias repatriadas hacen parte del registro arqueológico asociado a las prácticas mortuorias de las sociedades prehispánicas que ocuparon el actual territorio colombiano. Específicamente, nos conectan con los grupos humanos asentados históricamente en la cálida y diversa región Caribe, un epicentro de grandes desarrollos culturales a lo largo del río Magdalena y la imponente Sierra Nevada de Santa Marta. Más allá de ser recipientes de arcilla, se convierten en manifestaciones tangibles de las actitudes de los vivos hacia los muertos, así como en profundos remanentes de la experiencia sociocultural de la muerte de los grupos humanos del pasado.

Entierros secundarios

Una de las preguntas más recurrentes entre nuestros lectores en Enredijo es sobre el uso específico de estos recipientes sagrados. A nivel antropológico, las urnas cerámicas son testimonios de prácticas mortuorias asociadas a los entierros secundarios. Para nuestros ancestros, el adiós no ocurría en un solo y rápido evento.

En este tipo de enterramiento, los vivos interactuaban con los cuerpos de los muertos en dos ocasiones distintas y fundamentales. Primero, cuando el cuerpo recién fallecido era inhumado dentro de una tumba temporal. En aquel espacio, sucedía de forma natural el proceso de descomposición de los tejidos blandos de forma parcial o total.

El ciclo de duelo continuaba en un segundo momento, cuando el cuerpo era exhumado y, posiblemente, trasladado después de un tiempo a su tumba final y definitiva. En la mayoría de los casos documentados por la arqueología, este segundo momento corresponde específicamente a la exhumación de los restos óseos. Estos huesos purificados, que son el producto físico de la descomposición del cadáver, constituyen la materialidad que era depositada cuidadosamente al interior de las urnas funerarias, garantizando así el descanso eterno de los antepasados.

Uran funeraria Tayrona. Foto: Cortesía ICANH

Más de mil tesoros

La cruzada nacional por la memoria histórica ha entregado resultados asombrosos en el último cuatrienio. La llegada de estas reliquias desde Venezuela significa que las tres urnas funerarias prehispánicas se suman a las 1.017 piezas arqueológicas que se han repatriado durante el gobierno de Gustavo Petro. El uso de vuelos institucionales para estos traslados forma parte de una política activa para descolonizar y recuperar el patrimonio que salió de manera irregular de la nación a lo largo de las décadas.

Es imperativo destacar que las piezas arqueológicas repatriadas desde el segundo semestre de 2022 hasta la fecha, han sido el resultado de un monumental trabajo conjunto. En esta labor interestatal han participado activamente la Presidencia de la República y la Cancillería; el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes; junto con aliados clave como la Fiscalía General de la Nación, la Fuerza Aeroespacial, la Policía Nacional y, por supuesto, el Instituto Colombiano de Antropología e Historia – ICANH.

¿Qué sigue para las urnas repatriadas?

El rescate físico de las vasijas marca el final de un capítulo diplomático, pero es apenas el prólogo de una exhaustiva labor de preservación científica. Ahora que las urnas se encuentran en territorio colombiano, serán trasladadas en los próximos días a una de las reservas arqueológicas custodiadas por el Instituto Colombiano de Antropología e Historia – ICANH en la ciudad de Bogotá.

Urna funeraria de la cultura Tamalameque. Foto: Cortesía ICANH

Este destino garantiza su protección frente a factores ambientales adversos. En este espacio especializado, los expertos llevarán a cabo un peritaje presencial de las urnas. Este riguroso análisis permitirá datar con mayor precisión su estado, comprender sus técnicas de alfarería y servirá con el fin de ingresar los bienes al sistema de inventarios del ICANH, salvaguardándolos legalmente para el futuro.

El regreso de estos vestigios históricos demuestra que el patrimonio de los colombianos es un derecho innegociable que no debe languidecer en bodegas internacionales. Repatriar nuestra memoria es el primer paso hacia la verdadera revaloración de nuestros pueblos prehispánicos y de las profundas costumbres mortuorias que forjaron a los Tayronas y a las comunidades de Tamalameque. Te invitamos a mantenerte al tanto de los contenidos de Enredijo para conocer los próximos hallazgos que los arqueólogos del ICANH revelarán sobre estas invaluables obras de arte de la tierra.

Autor

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. 

Línea de atención: (+57) 318 39 37 367. 
Dirección: Calle 3 No 4-30 Este, Bo. Venecia. Pitalito, Huila – Colombia