Foto: Colprensa
Una reciente mesa de trabajo en la Capital Arqueológica de Colombia expone, una vez más, las grietas del sector turístico. Crisis vial, falta de promoción y una preocupante pasividad de los actores locales frente a un destino de talla mundial.
El pasado 28 de abril, el Hotel Yuma en San Agustín sirvió de escenario para una nueva mesa de trabajo convocada por la Gobernación del Huila, a través de la Secretaría de Desarrollo Económico y Turismo. La foto oficial muestra a representantes de la Alcaldía, Policía de Turismo, empresarios y guías sentados alrededor de las mismas problemáticas que han asfixiado el desarrollo de la región durante la última década.
Si bien la intención de “articular esfuerzos” es un paso en la dirección correcta, el análisis detallado de la jornada deja un sabor a diagnóstico ya conocido. Las conclusiones de este encuentro obligan a una reflexión crítica sobre el verdadero estado del turismo en la región y la voluntad real para transformarlo.
Las falencias crónicas
Durante el encuentro, el sector privado puso sobre la mesa su principal y más urgente preocupación. La conectividad vial, el deterioro de las vías y los interminables y desgastantes “pare y siga” en la ruta Neiva–San Agustín (parte del corredor de la Ruta 45) no son solo una incomodidad logística; son un obstáculo económico directo.
Resulta paradójico que un destino declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO sea un desafío de resistencia para el visitante. La promesa de fortalecimiento turístico, mencionada por la secretaria de Desarrollo Económico y Turismo, Natalia Alejandra Ortiz Valderrama, choca de frente con la realidad del asfalto. Aunque la funcionaria reafirmó el compromiso de gestionar soluciones incluso fuera de su “competencia directa”, la dependencia de la voluntad del gobierno central y de las concesionarias viales mantiene al municipio en una eterna sala de espera.
El potencial desaprovechado
San Agustín no es solo arqueología funeraria; es la puerta de entrada al Macizo Colombiano, una reserva de la biosfera y un epicentro geográfico inigualable. Las potencialidades del municipio para desarrollar un turismo científico, natural y cultural de alto nivel son inmensas. Sin embargo, la oferta parece haberse estancado.
Mientras otros destinos a nivel mundial con menor riqueza patrimonial innovan en turismo inmersivo, rutas de avistamiento especializado, investigación académica y turismo comunitario sostenible, San Agustín sigue dependiendo en gran medida de un modelo tradicional que no se renueva al ritmo de las exigencias del viajero global.
Un letargo colectivo
El punto más crítico que se desprende de la dinámica actual del municipio es la pasividad de sus propios dolientes. Iván Hoyos, representante de Corpo San Agustín, calificó la reunión como “valiosa” para “identificar debilidades y plantear soluciones conjuntas”. No obstante, la pregunta de fondo persiste: ¿Por qué la Capital Arqueológica de Colombia necesita que desde la Gobernación se lideren estos espacios para evidenciar problemas que conviven con los agustinianos a diario?
Existe una innegable falta de proactividad. La administración municipal, los líderes gremiales y la comunidad en general parecen haber adoptado una postura reactiva, esperando que las soluciones (y la promoción) lleguen desde Neiva o Bogotá.
Falta de liderazgo local. No se perciben procesos de base sólidos ni actividades impulsadas por la propia comunidad para diversificar la oferta hacia el turismo científico y ecológico.
Ausencia de innovación gremial. El sector hotelero y las agencias, aunque golpeados por la infraestructura, también adolecen de estrategias conjuntas de promoción internacional que no dependan exclusivamente del presupuesto público.
Desconexión cultural. Las iniciativas que integran la riqueza antropológica con las expresiones culturales vivas del territorio son escasas, limitando la experiencia del visitante.
El veredicto
La Gobernación del Huila ratifica su compromiso, y las mesas de diálogo son un instrumento democrático necesario. Sin embargo, para que el turismo sea el verdadero motor de desarrollo económico del sur del departamento, San Agustín necesita despertar de su letargo.
Las estatuas de piedra han resistido milenios, pero la competitividad turística no tiene la misma paciencia. Si las autoridades locales, los empresarios y la comunidad no asumen un rol protagónico, agresivo en la gestión y visionario en la creación de productos científicos y culturales, San Agustín correrá el riesgo de convertirse en un museo a cielo abierto que cada vez menos personas estén dispuestas a visitar.



