La violenta sacudida de magnitud 7,4 que enlutó al occidente colombiano encuentra su explicación en las inmensas fuerzas tectónicas que operan bajo el continente. Comprender la fricción subterránea entre grandes bloques de la corteza terrestre es vital para entender por qué este evento liberó tanta energía y se sintió en casi todo el país.

El lunes 10 de agosto de 2026, a las 7:34 a.m., un devastador terremoto de magnitud 7,4 sacudió el territorio colombiano con epicentro a escasos kilómetros de San José del Palmar, en el departamento del Chocó. La emergencia, que hasta el momento deja más de 132 víctimas mortales y graves colapsos estructurales, se produjo por una enorme liberación de energía tectónica originada a más de 100 kilómetros de profundidad.
Para entender por qué tiembla con tanta fuerza en Colombia, primero hay que mirar el mapa global. Nuestro país está ubicado sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico (o Anillo de Fuego), una gigantesca herradura de 40.000 kilómetros que bordea las costas del Océano Pacífico.
Esta inmensa región es el escenario geológico más activo del planeta. Concentra más del 75 % de los volcanes activos y dormidos del mundo, y es responsable de aproximadamente el 90 % de los terremotos a nivel global. La constante inestabilidad de este “cinturón” se debe a que está compuesto por los bordes de múltiples placas tectónicas que se empujan, chocan y se deslizan entre sí sin descanso.


Placa de Nazca y Placa Sudamericana
Imagínese la corteza terrestre como un rompecabezas gigante cuyas piezas flotan sobre un manto de roca fundida. Frente a la costa pacífica colombiana se libra una batalla silenciosa pero titánica entre dos de estas piezas: la Placa de Nazca (que sostiene parte del océano) y la Placa Sudamericana (sobre la cual descansa nuestro continente).
La Placa de Nazca es más densa y pesada, por lo que se hunde lentamente por debajo de la Placa Sudamericana en un proceso conocido en la geología como “subducción”. Este roce no es suave ni fluido; las inmensas masas de roca se atascan, acumulando una tensión colosal durante décadas o siglos. Cuando esa fricción finalmente vence la resistencia de la roca, la energía acumulada se libera de golpe en forma de ondas sísmicas: eso es un terremoto.
¿Por qué fue tan profundo y destructivo?
El terremoto del pasado 10 de agosto, calificado como el más fuerte en Colombia durante el siglo XXI, tuvo una particularidad clave que explica por qué duró “una eternidad” y se sintió en casi todo el país, e incluso en naciones vecinas como Panamá, Venezuela y Ecuador.
Según el Servicio Geológico Colombiano (SGC), este no fue un sismo superficial originado en las fallas locales, sino un sismo intraplaca profundo (o intraslab). Esto significa que la fractura ocurrió dentro de la propia Placa de Nazca mientras esta se estaba hundiendo, a una profundidad calculada entre 96 y 120 kilómetros.
Cuando un sismo ocurre a tanta profundidad, la energía no se concentra en un solo punto de la superficie, sino que viaja y se propaga abarcando un radio mucho más amplio. Es por esto que, aunque el epicentro fue San José del Palmar, ciudades como Manizales, Pereira, Cali y Bogotá sufrieron violentas sacudidas que provocaron el colapso de decenas de edificios y daños en infraestructuras clave como hospitales y aeropuertos.
Más de 160 réplicas
Tras un evento de magnitud 7,4, la tierra necesita acomodarse nuevamente. Hasta el momento, se han registrado más de 160 réplicas en la zona. La más reciente y fuerte ocurrió este jueves 13 de agosto, alcanzando una magnitud de 4,2. Este constante movimiento ha dificultado el ingreso de maquinaria pesada para los rescates y mantiene en alerta roja a las poblaciones afectadas.
Colombia es un país sísmicamente activo por naturaleza, registrando un promedio de 2.500 temblores al mes, aunque la inmensa mayoría son imperceptibles. Entender que vivimos sobre un terreno en constante reconfiguración no debe ser motivo de pánico, sino un llamado urgente a la prevención, el reforzamiento estructural y la preparación ciudadana.
La tragedia en Chocó y el Eje Cafetero nos recuerda trágicamente la fuerza imparable de la geología. La constante fricción entre las placas de Nazca y Sudamericana seguirá moldeando nuestro territorio como lo ha hecho durante millones de años.
La información de este artículo fue recopilada por nuestro equipo periodístico. La corrección se realizó con asistencia de inteligencia artificial.








