Visitantes en el Museo Nacional de Colombia. Foto: MinCulturas
El escenario cultural más representativo del país abre sus puertas a la tecnología inmersiva con cinco nuevas salas que proponen un viaje sensorial por el territorio. El proyecto de renovación cuenta con una inyección de capital superior a los 861 mil millones de pesos ejecutada por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes.
El proyecto de modernización del Museo Nacional replantea la interacción tradicional de las exhibiciones para acercar el patrimonio a niños, jóvenes y familias mediante formatos no convencionales. La iniciativa abandona la contemplación pasiva y apuesta por dispositivos de realidad virtual, mapas hápticos y entornos acústicos envolventes.
La ministra de las Culturas, las Artes y los Saberes, Yannai Kadamani, indicó que el patrimonio solo recobra vigencia cuando los ciudadanos logran habitarlo y apropiarlo. La funcionaria enmarcó la apertura de estos espacios como una oportunidad para convertir la institución en un punto de encuentro y construcción de memoria colectiva.

Sobre el impacto de esta transformación museográfica, la directora encargada del Museo Nacional, Katia González Martínez, precisó que los nuevos entornos fueron estructurados como plataformas didácticas. El objetivo central es dinamizar el recorrido de los grupos escolares y los núcleos familiares que frecuentan las instalaciones durante los fines de semana.
Un recorrido por la geografía de los sentidos
El circuito de innovación inicia en el primer piso con Tierra de historias, un entorno pedagógico concebido por la artista Verónica Álvarez y el colectivo ENDE. El área alberga un mapa de Colombia en relieve equipado con sensores interactivos. Al entrar en contacto con el dispositivo, las tres paredes de la sala proyectan material audiovisual sobre la biodiversidad, la gastronomía y los parques arqueológicos del país.
En el segundo nivel los visitantes encuentran Ascensión al Tepuy, una obra conjunta de los creadores Leonel Vásquez y Alejandro Bernal. El montaje recrea un altar amazónico elaborado con óxido de hierro y materiales nativos. La estructura integra un sistema de emisión sonora y un óculo cenital que despliega imágenes de la cosmogonía indígena, configurando un puente simbólico entre la dimensión terrenal y la espiritual.

La exploración acústica alcanza su punto más alto en Constelaciones aurales, una intervención del artista Jorge Gregorio García Moncada. La sala plantea una experiencia de escucha expandida donde se entrelazan paisajes sonoros, voces y registros de campo capturados en la región andina, la Amazonía y el Pacífico.
Interactividad y memoria arquitectónica
La ruptura de la barrera física entre la obra y el espectador se materializa en La presente. El artista Mateo López tomó como punto de partida la pieza histórica Tienda para construir una miscelánea contemporánea. En este perímetro, mediadores y asistentes tienen plena libertad para manipular esculturas, herramientas agrícolas y utensilios tradicionales. La curaduría busca cuestionar las narrativas oficiales que históricamente han folclorizado los oficios manuales y la relación de los colombianos con el alimento.
El cierre de esta apuesta de diversificación curatorial tiene lugar en el vestíbulo principal con la Historia del panóptico. Bajo la dirección de Pablo Castillo, este segmento emplea pantallas táctiles y gafas de realidad virtual para narrar la transición arquitectónica del recinto. Los recursos digitales exponen de manera inmersiva cómo la antigua penitenciaría central de la capital evolucionó hasta consolidarse como el epicentro del resguardo cultural del país.








