lunes, agosto 31, 2026

Entre la pasión y el riesgo. Olga Sanmartín analiza los retos del periodismo regional y nacional

La reciente entrega del Premio de Periodismo Huilense “Carlos Enrique Salamanca Cerón” en Pitalito no solo fue un escenario para exaltar la labor de los comunicadores de la región, sino también un espacio propicio para la reflexión sobre el estado actual del oficio. Con cincuenta y un trabajos postulados en categorías que abarcaron desde la prensa y el audiovisual, hasta la radio y el formato pódcast, el certamen evidenció un ecosistema mediático regional dinámico y en constante evolución.

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Para desentrañar el significado de esta masiva participación y analizar las tensiones que atraviesa la prensa en la actualidad, dialogamos con Olga Sanmartín, connotada periodista colombiana y una de las tres integrantes del jurado calificador de esta edición. En esta entrevista, Sanmartín ofrece una mirada crítica sobre la irrupción de los medios digitales, advierte sobre la necesidad innegociable de contrastar fuentes y lanza una alerta contundente sobre los peligros que acechan la libertad de prensa en Colombia, acorralada entre presiones políticas, económicas y la violencia criminal.

Enredijo: Cincuenta y un trabajos postulados en diversas categorías es una cifra muy representativa. Como jurado de esta edición del Premio “Carlos Enrique Salamanca Cerón”, ¿qué lectura hace de este volumen de participación frente a la calidad actual del periodismo que se ejerce en el Huila?

Olga Sanmartín: Primero que todo, me encanta que haya habido tantos participantes. Cincuenta y un trabajos es una muestra enorme de periodismo en todos los géneros: audiovisual, prensa escrita, radio, pódcast y otros formatos. Eso habla de la riqueza, del entusiasmo por el oficio y de la seriedad que le ponen los periodistas al dedicarle el tiempo que requiere hacer una investigación; al viajar a los lugares más distantes y lejanos para encontrar historias que valen la pena.

Entre la pasión y el riesgo. Olga Sanmartín analiza los retos del periodismo regional y nacional
Olga Sanmartín, Periodista | Foto: Gerardo Valencia

Hay que destacar que las cincuenta y una historias son interesantes; algunas están mejor desarrolladas que otras, unas pocas se notan un poquito desperdiciadas en su potencial, pero todas capturan el interés. Eso habla muy bien del periodismo en la región desde la perspectiva del periodista y de su empuje personal. Los medios, por supuesto, juegan un papel fundamental para visibilizar esto.

Enredijo: En los últimos años hemos visto cómo en la región los medios alternativos y digitales han ido ganando un terreno muy importante. ¿Cuál es su perspectiva sobre este fenómeno? ¿Lo considera un avance positivo para el ecosistema informativo local?

Olga Sanmartín: Me parece muy positivo. La tecnología llegó y es la manera en que la gente está accediendo hoy a la información. Es un avance válido siempre y cuando no se confunda el rol del periodista con el de un youtuber o con cualquier persona que comparte información sin ningún tipo de responsabilidad. Ojalá existan muchos medios digitales, pero que sean manejados por periodistas reales, sin intereses distintos a los del oficio mismo: investigar, contar historias extraordinarias, ir a las regiones a ver qué está pasando y golpear las puertas de los organismos de control para verificar si están haciendo su tarea.

Ese es el verdadero oficio: denunciar y también narrar historias bellas, extraordinarias y bien contadas. Los medios tienen que volver al periodismo riguroso. Siento que, en general —y no lo digo por los trabajos evaluados, sino como un fenómeno global— el periodismo se ha vuelto un poco ligero. En los medios digitales se puede garantizar esa profundidad, pero requiere que el periodista consulte todas las fuentes necesarias. No se pueden conformar con una sola versión; hay que investigar a fondo, porque quien consulta pocas fuentes se queda administrando una verdad a medias.

Enredijo: El acta del jurado señaló precisamente el rigor investigativo como un área de oportunidad, entendiendo que muchas veces a nivel regional no se cuenta con las garantías operativas ni económicas. ¿Qué hoja de ruta o consejo fundamental le daría al periodista huilense para elevar la calidad de su labor frente a estas adversidades?

Olga Sanmartín: Yo reconozco esa dificultad. Sé que en las regiones no se cuenta con los mismos recursos que tienen los medios en Bogotá o en las grandes ciudades, y también soy consciente de que hacer periodismo en Colombia es peligroso; aquí denunciar cuesta la vida.

Mi primer consejo, si verdaderamente se apasionan por esta profesión, es seguir adelante y buscar las herramientas para que los medios digitales encuentren el respaldo que necesitan. En ese sentido, invito a la ciudadanía y a los sectores a que apoyen económicamente a los medios locales, porque es un trabajo tan formal y mucho más desgastante que el que se hace en las grandes cadenas. Sin embargo, ese apoyo no puede comprometer la libertad editorial. No podemos caer en la trampa de “como me pautan, entonces no publico esto”. Eso es peligrosísimo.

Les diría que conserven siempre la calidad de la verdad. A través de los trabajos vi que hay mucha pasión, y un periodismo sin pasión no sirve para nada, pero esa pasión debe ir acompañada de investigación seria y pruebas. Un periodista no puede publicar un artículo afirmando cosas que no puede comprobar. La invitación es a que consulten múltiples voces, que estén completamente seguros de lo que afirman, que vayan al fondo y no le crean a la primera versión. Y finalmente, que lean mucho; a veces el lenguaje cae en lugares comunes, lo cual evidencia una falta de lectura preocupante.

Enredijo: Finalmente, ampliando el panorama y frente a las tensiones políticas actuales, ¿considera que el periodismo en Colombia sigue siendo un ejercicio verdaderamente libre?

Sanmartín: El periodismo en Colombia sigue siendo libre, pero cada vez camina más sobre la frontera de caer en la trampa de la censura. De hecho, ya hemos atravesado episodios de censura seria por parte de los gobiernos; no voy a mencionar nombres propios porque no viene al caso, pero en los últimos tiempos se ha intentado silenciarnos.

El periodismo en Colombia está en peligro. Y no lo está únicamente por las presiones políticas, sino también por los intereses económicos. Del otro lado, sigue el riesgo inminente de las amenazas contra la vida del periodista. Si un reportero denuncia corrupción política —como ocurrió recientemente en Cúcuta, donde asesinaron a un colega— lo mandan a matar. Si denuncia a las mafias o investiga a los grupos criminales, lo mandan a matar. Aquí parece que todo se soluciona mandando a asesinar a quien investiga.

Estamos en una crisis muy seria. Por un lado, por los compromisos que algunos medios están adquiriendo al “matricularse” políticamente con gobernantes o sectores, perdiendo así toda su libertad. Y por el otro, por el peligro real y latente contra la vida de quienes se atreven a buscar la verdad.

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