La cantante huilense Niyireth Alarcón se ratifica en pleno 2026 como una de las voces femeninas más imprescindibles y poderosas de la música andina colombiana. Tras su aplaudida participación en la Gran Fiesta Bambuqueña de Medellín y el rotundo éxito nacional de su álbum “Tanto va el cántaro”, la intérprete demuestra contundentemente por qué prefiere la fidelidad a sus raíces sobre la fama efímera comercial. A través de un profundo recorrido periodístico por su extensa trayectoria artística, descubrimos los motivos por los cuales nuestras expresiones sonoras autóctonas continúan conquistando nuevos escenarios, traspasando fronteras internacionales y conectando con el alma del público contemporáneo.
El talento frente a la fama
En el inmenso circuito nacional de los festivales de música tradicional colombiana, Niyireth Alarcón posee un indiscutible estatus de celebridad. A menudo, los organizadores le confían el concierto de apertura o el gran espectáculo de cierre, espacios exclusivos y reservados únicamente para aquellos artistas que cuentan con un comprobado poder de convocatoria. Sin embargo, por fuera de esos circuitos especializados, su nombre y su prolífico trabajo discográfico son, de forma relativa, desconocidos para el consumidor promedio.
Esta ambivalencia es completamente natural dentro de los géneros que no persiguen la masividad absoluta. De hecho, la propia Alarcón relata una anécdota sumamente ilustrativa sobre este fenómeno: en una ocasión, una de sus hermanas envió al chat del grupo familiar una fotografía del reconocido salsero Yuri Buenaventura haciendo una fila en un aeropuerto; mientras la mayoría reaccionó con gran emoción, una de ellas cuestionó con genuina ignorancia: “¿Y quién es él?”.
Este divertido episodio sirve para asentar un principio elemental, pero olvidado a menudo en la era del streaming: la fama y el talento no son de ninguna manera caras de la misma moneda. Se puede ser una figura inmensamente famosa mientras se compone una música totalmente desechable. Algo muy parecido ocurre a la inversa: se puede ser un artista verdaderamente talentoso y, al mismo tiempo, permanecer desconocido para el público grande. Esta realidad, que también afecta a Buenaventura, no parece trasnocharla en absoluto a Niyireth, quien afirma con gran claridad y madurez que siempre preferirá hacer su música siguiendo sus profundas intuiciones de artista, relegando a un segundo plano los volubles gustos de la audiencia de masas.
De Tarqui al mundo
El inicio de la profunda relación de esta cantautora con las músicas andinas colombianas tiene raíces muy claras. En primer lugar, destaca su lugar de origen: Niyireth nació en el departamento del Huila. En este territorio, la música folclórica ostenta un lugar extremadamente especial en el corazón de la gente, manifestándose con especial fervor durante las fiestas tradicionales de San Juan, San Pedro y San Pablo.
Allí, los locales cantan vibrantes bambucos y rajaleñas de manera natural, evidenciando un arraigo cultural profundo que atraviesa a las personas de todas las clases sociales y de todas las edades posibles. Es, indiscutiblemente, la música popular y vital de esa región.
No obstante, su educación musical pronto incorporó otras corrientes formativas gracias al impacto de prestigiosos festivales de talla nacional. Fue allí donde su talento nato se nutrió con el rigor de figuras emblemáticas, expandiendo su rango vocal hacia horizontes más académicos. Su consagración internacional, apoyada en esa base técnica, la ha llevado a presentarse en grandes escenarios de Europa y a formar parte, desde el año 2020, del valioso proyecto internacional “Las voces de Latinoamérica”, compartiendo un aplaudido circuito con figuras consagradas del folclor continental como las maravillosas Susana Baca y Lila Downs.
Lejos del ruido de las masas
Llegados a este punto, surge una pregunta ineludible: ¿quiénes escuchan hoy bambucos, torbellinos y rajaleñas en plena era de la música digital?. Según explica minuciosamente Niyireth, estos géneros acústicos poseen un público notablemente diverso, con una sensibilidad distinta, que de ninguna manera resulta equiparable al nicho que consume frenéticamente ritmos urbanos como el reguetón.
La industria no debe dictar las reglas del arte; definitivamente, no todo tiene que seguir forzosamente el desgastante patrón de los récords mundiales y las multitudes en estadios. En una charla franca con la prensa, celebrada durante su reciente visita a la ciudad con motivo de la Gran Fiesta Bambuqueña en el Teatro El Tesoro, la cantautora reflexionó sobre la excelente salud que gozan las músicas de los Andes colombianos. Destacó la importancia vital de los públicos fieles y de aquellos compositores que continúan manteniendo vivos unos sonidos mágicos, los cuales hablan maravillosamente de la apacible vida en el campo y de las emociones palpables por la vida que late genuinamente afuera de las iluminadas pantallas de los dispositivos móviles.
“Tanto va el cántaro”
El aporte de Alarcón a la cultura iberoamericana no se detiene en la mera conservación del pasado; también empuja activamente los límites de su propio género musical. Un claro ejemplo de su constante evolución sonora es la exitosa publicación en 2025 de su elogiado álbum Tanto va el cántaro. Esta cuidada producción discográfica brilla no solo por sus exquisitos arreglos de cuerdas, sino por funcionar como una valiente plataforma de visibilización para las más talentosas compositoras de nuestro continente.
El punto más alto de este inmenso esfuerzo creativo es la notable popularidad del tema “Mestizo como todos”. Este moderno bambuco, magistralmente escrito por la compositora antioqueña Ángela García Gil, rompió pesados paradigmas de la industria al posicionarse firmemente en el anhelado primer lugar del Top 20 de la Radio Nacional de Colombia a finales de 2025. Este contundente éxito radial nos enseña que, cuando una obra folclórica se concibe con la máxima calidad interpretativa, la audiencia moderna responde siempre con un abrumador y muy merecido respaldo.
La impecable trayectoria de Niyireth Alarcón representa el triunfo definitivo del talento orgánico frente a la caducidad de las tendencias virales. Su inquebrantable postura artística no solo enriquece nuestra identidad nacional, sino que salvaguarda un invaluable patrimonio rítmico para las próximas generaciones. Desde Enredijo, tu portal de periodismo cultural y de investigación, te animamos a compartir este reportaje en tus redes sociales y a mantenerte siempre conectado con nuestras profundas crónicas semanales para descubrir más voces excepcionales.








