viernes, mayo 1, 2026

Perspectivas y horizontes de la mujer en Colombia

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mujer en Colombia votando

Memoria, liderazgo y transformación. Investigación especial sobre el 8m y la construcción del sujeto político

En este 2026 lo que históricamente en Colombia se entendió como una jornada de reconocimiento simbólico, hoy se ha consolidado como un nodo crítico de reflexión política. El 8 de marzo de año un electoral no es una coincidencia menor sino el escenario donde la memoria de las luchas obreras del siglo XX se encuentra con la vanguardia tecnológica y artística del siglo XXI.

De la tragedia global al despertar de Bello

La comprensión del Día Internacional de la Mujer Trabajadora en nuestro contexto exige una mirada dialéctica. Si bien el incendio de la fábrica Triangle Shirtwaist en Nueva York (1911) es el catalizador universal, Colombia posee su propio fuego sagrado, “la Huelga de Bello de 1920”.

Liderada por Betsabé Espinal, una joven de solo 24 años, esta movilización en la Fábrica de Tejidos de Bello marcó la primera intersección documentada entre la lucha de clases y la denuncia del patriarcado corporativo. Las “señoritas de Bello”, así las llamada despectivamente la prensa de la época, no solo exigían un aumento salarial frente a una brecha del 250% respecto a los hombres; exigían la destitución de capataces acosadores y el derecho elemental a trabajar con calzado. Este hito estableció un precedente de dignidad que resuena en la historiografía feminista nacional.

El Camino a la Ciudadanía

La investigación revela que la resistencia no fue exclusiva de las fábricas. En 1927, el Manifiesto de las Mujeres Indígenas, respaldado por 14.000 lideresas de Huila, Tolima y Cauca, posicionó a la mujer étnica como guardiana del territorio frente al despojo.

Este despertar social forzó una evolución del marco jurídico que, durante décadas, asimiló a la mujer a un “menor de edad”. La transformación se puede trazar en estos momentos clave que quedaron marcados en la historia como puntos fundamentales de la reivindicación de los derechos, no solo de la mujer sino de la clase trabajadora del país.

  • La promulgación de Ley 28 de 1932 – Transformó los derechos de la mujer casada al otorgarle plena capacidad civil y la libre administración de sus propios bienes, eliminando la potestad marital. Estableció un régimen de separación de bienes durante el matrimonio, permitiendo a cada cónyuge manejar sus bienes, aunque la sociedad conyugal se liquida al finalizar.
  • El Decreto 1972 de 1933, a través del cual las mujeres lograron derechos civiles fundamentales como el acceso a la educación.
  • Admisión Universitaria – El 1 de febrero de 1935 marcó un hito histórico en Colombia con el ingreso de la primera mujer a la educación superior, Gerda Westendorp Restrepo, quien se matriculó en Medicina en la Universidad Nacional de Colombia. Gerda Westendorp Restrepo, de ascendencia alemana, inició sus estudios de medicina, abriendo el camino para más mujeres en la educación superior. El acceso fue fruto de la presión social y cambios políticos; el Decreto 227 de 1933 y normativas de 1934 permitieron a las mujeres acceder al bachillerato y, posteriormente, a la universidad.
  • Acto Legislativo No. 3 de 1954-Reconoció el derecho al voto por parte de la mujer, pero solo a partir de 1957 se tuvo el derecho a elegir y ser elegidas.
  • Plebiscito Nacional de 1957 – Primer ejercicio efectivo del voto por parte de las colombianas.

 El 8M en el 2026. Cultura, Arte y Autonomía

Bajo la agenda #8MCultural del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, la conmemoración actual busca subvertir las narrativas de domesticidad. El enfoque principal es la autonomía económica como factor protector frente a las violencias.

La pieza angular de este año es el ciclo “Ocho Maestras”, una cartografía de la diversidad disciplinar del país.

En él participarán Patricia Ariza y Heidi Abderhalden, “El teatro y la experimentación como resistencia”; Nidia Góngora y Ana Veydó, “Los cantos del Pacífico y el joropo llanero como ejercicios de poder”; Teresita Gómez, “ La superación de barreras raciales a través del piano clásico” y Andrea Bonilla; “El cuerpo como territorio de soberanía absoluta”.

A esto se suma el proyecto “Anónimas y Resilientes”, que explora la voz cantada como herramienta de sanación en contextos de guerra, subrayando que las mujeres han sido las principales tejedoras de la paz territorial en Colombia.

El Caso del Huila y Pitalito

En el Huila, la conmemoración de 2026 se aparta de lo festivo para abrazar la justicia. la desaparición de la agente inmobiliaria Kelly Johanna Plazas ha movilizado a Neiva y Pitalito, tiñendo el mes de una exigencia de seguridad.

En Pitalito, el epicentro del sur colombiano, la “Carrera de la Mujer Opita” se ha convertido en una plataforma de empleabilidad. Junto al SENA y el Fondo Emprender, se han dispuesto vacantes y recursos para que la mujer rural convierta sus saberes tradicionales en modelos de negocio sostenibles, reafirmando que no hay libertad personal sin independencia financiera.

El 8M ante las Urnas

La coincidencia del 8 de marzo de 2026 con las elecciones al Congreso ha generado una resignificación del acto político. Ante las restricciones de movilidad y la Ley Seca, la consigna nacional es: “Votar es el acto más potente de conmemoración”.

No obstante, la deuda persiste, según la CEPAL y la ONU, al ritmo actual, faltan 286 años para cerrar las brechas de protección jurídica global. En Colombia, la participación laboral femenina en sectores vulnerables es de apenas un 34%, comparada con el 69% masculino, debido a la carga desproporcionada de la “economía del cuidado”.

Hacia una cultura de la igualdad permanente

La justicia para la mujer colombiana en 2026 no es un lema de un día; es una brújula de desarrollo. Desde las ingenieras de la NASA como Diana Trujillo y Adriana Ocampo, hasta las cantaoras de Timbiquí, la mujer colombiana es hoy dueña de su narrativa. El desafío actual reside en que el Estado y la sociedad civil garanticen ambientes seguros contra la violencia política y una distribución equitativa del cuidado. Solo así, el horizonte de igualdad que soñaron las obreras de 1920 será, finalmente, una realidad cotidiana.

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