Foto: Archivo particular
Francisco de Asís León Bogislao de Greiff Haeusler, conocido universalmente como León de Greiff, transformó para siempre el panorama de la literatura en Colombia durante el siglo XX. Nacido en Medellín en 1895 y fallecido en Bogotá en 1976, este escritor de ascendencia sueca y alemana lideró los históricos movimientos literarios de “Los Panidas” y “Los Nuevos”, consolidándose como una figura irremplazable en las letras hispanoamericanas gracias a su estilo rebelde, la creación de múltiples alter egos y la profunda musicalidad matemática de sus versos.
De Medellín a la vanguardia literaria
La historia literaria de León de Greiff comenzó muy joven, impulsada por una curiosidad intelectual insaciable y un claro rechazo a las estructuras poéticas tradicionales del siglo XIX. En 1915, con tan solo veinte años, fundó y dirigió en Medellín la revista literaria de “Los Panidas”, un movimiento que se reunía en el emblemático café El Globo y que congregó a artistas, músicos y pensadores dispuestos a dinamizar el conservador ambiente cultural antioqueño de la época.
Una década más tarde, en 1925 y ya radicado en Bogotá, De Greiff se convirtió en uno de los pilares fundamentales del grupo “Los Nuevos”. Al calor de las mesas del Café El Automático, y acompañado de figuras como Luis Vidales, Jorge Zalamea y Germán Arciniegas, impulsó una vanguardia literaria que funcionó como una crítica directa al establecimiento político y cultural. Esta generación no solo renovó la estética de la poesía colombiana, sino que abrió la puerta a influencias del simbolismo y el modernismo con un tono altamente crítico e irreverente.
Los múltiples rostros y seudónimos del poeta
Si hay algo que caracteriza la obra y la vida de la figura de León de Greiff es su fascinación por el desdoblamiento de la identidad. Físicamente imponente, de barba rojiza, pipa en mano y bolsillos llenos de papeles, el poeta no escribía desde una sola voz. Creó un fascinante universo de seudónimos y alter egos que le permitieron explorar distintas facetas de su psique y de su propuesta estética.
Entre sus “máscaras” más célebres se encuentran Sergio Stepansky (el viajero melancólico y aventurero), Gaspar de la Nuit (o Gaspar von der Nacht, el bohemio iluso y vago), Leo le Gris y Matías Aldecoa. Estos personajes no eran simples firmas al final de un texto, sino voces con personalidad propia que protagonizaron algunos de sus poemas más famosos, permitiéndole navegar entre la ironía, el sarcasmo, el cinismo y una profunda introspección.
Los “Mamotretos”
De Greiff siempre mostró un agudo sentido del humor, incluso al momento de clasificar su propia obra. Bautizó sus libros con el nombre de “Mamotretos”, un guiño irónico para restarle solemnidad a textos de altísimo nivel intelectual. Su debut editorial oficial llegó en 1925 con su primer mamotreto, Tergiversaciones, al que le seguirían obras maestras como Libro de Signos (1930), Variaciones alredor de nada (1936) y Fárrago (1954).
Su poesía se distingue por un uso excepcional de la métrica, la creación de neologismos y una musicalidad casi sinfónica. Lector voraz y autodidacta empedernido, utilizaba un vocabulario vasto y extravagante que a menudo desconcertaba al lector común, pero que fascinaba a la crítica literaria. Para De Greiff, el ritmo y el sonido de las palabras eran tan vitales como su significado, convirtiendo cada poema en una partitura literaria.
Matemático, ajedrecista y estadígrafo
El genio de De Greiff no se limitaba a las rimas y las metáforas. Era un verdadero hombre renacentista del siglo XX. Estudió tres años en la Escuela de Minas de la Universidad de Antioquia y posteriormente Derecho en la Universidad Libre de Bogotá, aunque su verdadera pasión estaba en los números y los tableros. Fue un experto matemático, un agudo jugador de ajedrez (pasión que heredó a su hijo Boris de Greiff, reconocido maestro internacional de ajedrez) y un profundo conocedor de la musicología clásica.
A lo largo de su vida, para sostener a su familia, desempeñó oficios muy alejados de la bohemia literaria. Trabajó como administrador en las obras de prolongación del Ferrocarril de Antioquia, fue cajero y contador de bancos, jefe de estadística de la Dirección de Caminos, profesor de literatura y música, e incluso ejerció como secretario de la Embajada de Colombia en Suecia (1958), la tierra de sus ancestros escandinavos.
León de Greiff es, sin lugar a dudas, uno de los faros más deslumbrantes de la poesía vanguardista en América Latina. Su capacidad para combinar la rigurosidad matemática con la rebeldía del bohemio y la sonoridad sinfónica, nos dejó un legado poético irrepetible que sigue desafiando y cautivando a quienes se atreven a leerlo. Su obra es un laberinto de palabras donde siempre vale la pena perderse.
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