Tras más de una década de trabajo por la recuperación hídrica, la presidenta de la Fundación Vida al Río hace un balance de los logros comunitarios, advierte sobre los peligros persistentes de las aguas mieles y la falta de saneamiento, y convoca a la región a abrazar su principal afluente.

Este viernes 9 de octubre, las riberas del Guarapas fueron testigos de una jornada cívica y ecológica con la realización de la mini Fragata “Todos por el río Guarapas”. El recorrido, que tuvo como sitio de encuentro el sector de Santa Rosa y culminó exitosamente en Tasajeras, se consolidó como un poderoso símbolo de unión y acción ambiental. La expedición contó con la participación de ambientalistas, expertos en monitoreo de la calidad del agua, organismos de socorro, efectivos de la Policía Nacional y, de manera protagónica, la activa comunidad ribereña. Este esfuerzo colectivo busca no solo visibilizar el estado actual del afluente, sino exigir y promover acciones contundentes para su conservación. Para profundizar en el trabajo y los objetivos que impulsan estas iniciativas, dialogamos con la doctora Dora Lucía Ruiz, máxima representante de este movimiento en Pitalito.


Enredijo Noticias: ¿Qué es Vida al Río?
Dora Lucía Ruiz: Vida al Río es una organización que se creó desde hace once años aproximadamente, inspirados precisamente en querer volver a nuestro río a darnos un chapuzón en él. Encontramos que el río estaba muy triste. Así que unos cuatro voluntarios y sintientes del río quisimos crear esta fundación para ver cuáles eran las posibilidades del rescate real. Y ha sido un proceso muy lindo, sobre todo de educación en medio ambiente hacia las comunidades, en las partes altas de los afluentes que baña el río Guarapas.
E N: ¿Por qué es importante el río Guarapas?
D L R: El río Guarapas hace parte de la historia de los laboyanos. El río Guarapas marca las venas de nuestro Pitalito. Recorre desde Palestina en la parte alta, en la vereda de la Estrella, creo, y desemboca en nuestro río Magdalena, que es la vena hídrica de Colombia. Es una de esas arterias que baña el río y que le manda el agua a todo Colombia. Por eso es tan importante, porque además de eso nos da el agua a todos los laboyanos y es absolutamente indispensable descontaminarlo.
E N: En estos once años de labores, ¿cuáles son las problemáticas que han identificado?
D L R: Al comienzo, hace once años, el río realmente casi dolía verlo porque pasaba supremamente lento, lechoso, absolutamente triste. Creemos que la contaminación era muy fuerte, de tal forma que daba pena verlo. En este tiempo ha sido mucho más el espacio de concientización de las comunidades para que no arrojaran residuos sólidos en las partes altas, porque se tenía el concepto de que el río todo se lleva; el río era la volqueta, la basura. Otras problemáticas persisten. Lastimosamente nuestro Pitalito, nuestro valle de al lado, es uno de los principales productores del mejor café del mundo, pero tenemos que avanzar en los procesos de lavado del café, porque esas aguas mieles son unos contaminantes muy altos para el río. Y otro de los problemas más fuertes es la falta de sistemas de descontaminación de aguas residuales que llegan de todos los predios ribereños, y de comunidades que están más afuera, pero cuyos desagües llegan al río. Vamos a pensar si Pitalito tiene PTAR, si Palestina tiene PTAR; esos sistemas de descontaminación no solamente serían para nuestros predios, sino para los municipios como tal.
E N: Concientizar a las comunidades desde un trabajo comunitario es posible, pero cuando se trata de grandes inversiones como las Plantas de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR), ¿ha existido oído institucional?
D L R: Creo que todo esto es a paso lento. No es tan fácil hacer mella, pero creo que cuando todos nos unimos en torno a una sola voz y diciendo “queremos esto”, es mucho más fácil ser escuchados. Nuestro primer propósito era concientizar por lo menos al cincuenta por ciento de las comunidades rurales de la parte alta, y creo que lo hemos logrado. Tenemos nuestros guardianes del agua, que anualmente van treinta o cuarenta niños a capacitarse. En esta segunda etapa queremos institucionalizar el Festival del Río, donde todas las comunidades ribereñas y las poblaciones de Palestina y Pitalito podamos hablar por el río, podamos llorar al río y podamos alzar la voz. Y no en una voz de protesta o de rebeldía, sino de tejer lazos de solidaridad, de amor, de bondad y sentido de pertenencia por el río, porque nos pertenece y tenemos que dejarle un río limpio a nuestras nuevas generaciones.
E N: El tema del café es complejo; se vierten las mieles, pero también se talan los bosques para la siembra. ¿Qué hacer ante esta situación?
D L R: Creo que eso también ha mermado. Las fronteras agrícolas se han expandido mucho con la siembra del monocultivo del café, pero también la gente ha ido entendiendo que sacando unos cafés de mejor calidad, unos cafés orgánicos o especiales en menos extensiones, puede ser mucho más rentable que extender grandes zonas de café dañando los bosques y los árboles. En nuestro caso el roble negro, que está obviamente a punto de extinción. Hay que seguir tocando las puertas de la Federación de Cafeteros y organismos territoriales para que nuestros campesinos sean mucho más valorados y diversificados, porque infortunadamente nos volvieron solamente cafeteros y ya el campesino no siembra cebolla, papa o yuca, perdiendo esa vocación de agricultores y de sentido común con el medio ambiente.
E N: Por último, regálenos una frase para el río.
D L R: Te quiero, Río, y haré lo que sea por ti










