Durante décadas, la ciencia sostuvo que la capacidad de imaginar mundos alternativos —lo que hacemos al soñar despiertos o jugar a ser piratas— era un rasgo exclusivamente humano. Sin embargo, un estudio póstumo publicado esta semana en la revista Science derrumba este mito. Kanzi, el célebre bonobo que falleció en marzo de 2025, demostró antes de morir que su especie posee “representación secundaria”: la habilidad cognitiva para entender y manipular situaciones imaginarias. Este hallazgo sugiere que la imaginación no nació con el Homo sapiens, sino que tiene raíces evolutivas de hace millones de años.
Una “fiesta de té” científica para medir la fantasía
Para comprobar si un gran simio podía realmente “imaginar”, los investigadores de la Universidad Johns Hopkins (EE. UU.) y la Universidad de St. Andrews (Escocia) diseñaron un experimento que recuerda a los juegos infantiles de simulación. No se trataba de tecnología compleja, sino de una interacción social básica: una fiesta de té imaginaria.
El protagonista fue Kanzi, un bonobo de 44 años alojado en el centro de investigación Ape Initiative en Iowa, famoso mundialmente por su capacidad para comunicarse mediante lexigramas (símbolos gráficos) y entender inglés hablado.
El experimento se dividió en fases críticas:
- La fase de simulación: Un investigador se sentaba frente a Kanzi con vasos transparentes vacíos. Simulaba verter un jugo imaginario de una jarra (también vacía) en los vasos. Luego, fingía “vaciar” uno de los vasos o devolver el líquido invisible a la jarra.
- La pregunta clave: Al preguntarle a Kanzi “¿dónde está el jugo?”, el bonobo señalaba consistentemente el vaso que, según la ficción del juego, todavía contenía el líquido, ignorando el que había sido “vaciado”.
- Resultados sorprendentes: Kanzi acertó en el 68% de los ensayos, una cifra estadísticamente significativa que descarta el azar. Pudo rastrear el movimiento de un objeto que no existía físicamente, solo en la mente compartida del juego.
No es confusión, es imaginación
Uno de los mayores desafíos para los científicos, liderados por Christopher Krupenye y Amalia Bastos, fue demostrar que Kanzi no estaba simplemente confundido o entrenado para señalar ciegamente. ¿Realmente entendía que el jugo era falso?
Para verificarlo, introdujeron una variante decisiva en el estudio. Colocaron frente a Kanzi un vaso con jugo de naranja real y otro con el “jugo invisible” que habían estado manipulando. Cuando se le dio a elegir qué quería beber, Kanzi optó por el jugo real en casi el 80% de las ocasiones.
Este comportamiento confirma un nivel cognitivo sofisticado:
- Doble representación: Kanzi podía sostener dos realidades en su mente simultáneamente. Entendía la representación secundaria (el jugo imaginario existe en el juego) sin perder de vista la realidad primaria (el vaso está físicamente vacío y prefiero el que tiene líquido real).
- Validación con otros objetos: El experimento se repitió con uvas imaginarias, obteniendo resultados similares. Kanzi seguía con la mirada y sus dedos el recorrido de una fruta invisible, demostrando que su capacidad de abstracción no se limitaba a líquidos.
Un rasgo evolutivo de 9 millones de años
Las implicaciones de este estudio van mucho más allá de la anécdota de un bonobo jugando. Hasta ahora, se creía que la representación secundaria surgió únicamente en el linaje humano, permitiéndonos desarrollar el lenguaje complejo, la planificación del futuro y la cultura.
Los resultados de Kanzi sugieren que esta chispa cognitiva ya estaba presente en el ancestro común que compartimos humanos y bonobos, situando el origen de la imaginación entre 6 y 9 millones de años atrás.
Según los autores del estudio en Science, esto significa que la capacidad de nuestra mente para “despegarse” del aquí y ahora —para soñar, planear o simplemente jugar— no es un milagro humano reciente, sino una herencia antigua que compartimos con nuestros primos evolutivos. Kanzi, quien falleció antes de ver publicado este hito, nos deja así una última lección: la barrera entre “nosotros” y “ellos” es mucho más delgada de lo que pensábamos.
Sobre la Imaginación en Primates
¿Qué es exactamente una “representación secundaria”? Es la capacidad cognitiva de separar la mente de la realidad inmediata. Permite imaginar que un objeto es otra cosa (como usar un palo como espada) o visualizar elementos que no están físicamente presentes, base fundamental del pensamiento abstracto y la planificación.
¿Cómo saben que el bonobo no estaba simplemente adivinando? Los investigadores realizaron múltiples ensayos controlados. Kanzi acertó la ubicación del objeto imaginario un 68% de las veces (muy por encima del azar) y, crucialmente, prefirió objetos reales cuando estaban disponibles, demostrando que distinguía entre fantasía y realidad.
¿Es este comportamiento exclusivo de Kanzi o de todos los bonobos? Aunque el estudio se centró en Kanzi, un bonobo “enculturado” (criado en un entorno humano rico en estímulos), los científicos creen que la capacidad biológica es innata a la especie. Kanzi pudo expresarla claramente gracias a su entrenamiento previo en comunicación.
El estudio de Kanzi marca un antes y un después en la primatología y la psicología evolutiva. Al demostrar que un bonobo puede participar en juegos de simulación y rastrear objetos invisibles, se nos obliga a reescribir la historia de la mente humana. La imaginación, ese motor de nuestra civilización, tiene raíces profundas en la selva evolutiva. Desde Enredijo, seguiremos atentos a cómo la ciencia continúa descifrando el legado de Kanzi y lo que este nos revela sobre nuestra propia naturaleza.








