sábado, mayo 23, 2026

La palabra como herencia en Pitalito

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Isaias Peña Gutíérrez

Los escritores, por tradición, como gremio no suelen ser muy dados a entablar redes de apoyo y colaboración. Más parecidos a lobos solitarios que a manadas de apoyo mutuo, las enemistades y peleas suelen ser mucho más interesantes y ruidosas que colectivos que intenten trabajar juntos. Famoso es el ojo morado de Gabo o la trifulca entre Quevedo y Góngora, o las discusiones filosóficas entre Sábato y Borges. Sin embargo el maestro Isaías Peña Gutiérrez, reconocido crítico literario, laboyano por adopción, escritor y formador de escritores, ha roto en torno a sí constantemente la tendencia segregacionista de los escritores colombianos. Luego de participar en el nacimiento de la tertulia la embarrada, que durante veinte años se convirtió en un epicentro de la gestión cultural con figuras tan importantes para Pitalito como la gestora cultural y autora Leonor Valencia o el poeta Leonel Cerquera, tuvo la idea durante la pandemia de crear una red de autores laboyanos para reunir a los escritores de Pitalito dispersos por el país. En primer lugar, con el objetivo de que Pitalito reconozca a sus autores, y en segundo lugar para que esos autores redescubran al municipio que todavía suelen pintar en sus narraciones. La red empezó como un grupo de WhatsApp que pronto dio origen al encuentro de escritores laboyanos gracias al motor local en la gestión cultural que representan la familia Palomares Valencia. En ese primer encuentro en el que participé el 16 de octubre del 2024, no solo vi estudiantes curiosos o docentes atentos y críticos, sino un ánimo conversacional que rara vez podemos experimentar en la periferia. Después de todo estábamos ahí para escuchar a quienes cargan con la memoria literaria de un municipio con tanto por contar como Pitalito. En medio del Festival Cultural Laboyano, la literatura local encontró su espacio que la obliga a reconocerse como un arte esencial para la memoria de un pueblo, un encuentro de voces y generaciones diferentes enamoradas de un arte y una memoria común.

Si bien la literatura hoy suele estar lejos del epicentro mediático de nuestra época, los encuentros literarios —contradictoriamente, si nos limitamos al carácter de los autores— si suelen ser momentos significativos porque generan procesos de consecuencias impredecibles. El encuentro de ideas, de imágenes poéticas o tendencias suele provocar ebulliciones creativas.  Y si algo especial tiene Pitalito frente a los demás municipios del país es que pese a su tamaño suele ser un hervidero cultural. Isaías Peña Gutiérrez, con la autoridad de décadas dedicadas a la docencia, habló con la misma autoridad de la herencia de José Eustasio Rivera y de la riqueza estilística del poemario de Andrés Felipe Vargas, pues particularmente él ha sido testigo de varias generaciones de poetas y narradores. Frente a él, Andrés Felipe Vargas, joven poeta y narrador laboyano, escuchaba y respondía con el sentimentalismo de reconocerse en sus lectores más jóvenes, no como otro retrato solemne en la biblioteca, sino como alguien todavía con la libertad de declarase joven también, un interlocutor que trae consigo otras búsquedas estéticas frente a la tradición y desde su propia voz. La memoria de la librería Bolívar, la poesía íntima y confesional de Conversaciones con el abuelo, los premios recientes que lo han proyectado más allá del Huila, el encuentro de escritores tiene esa potestad; es un diálogo entre la tradición y el descubrimiento. Peña insistió en que escribir es también una forma de crítica y de resistencia cultural; Vargas replicó que, en su caso, escribir es una manera de sostener la memoria personal y colectiva, de rescatar historias familiares y locales que podrían perderse y que son sin duda universales. El público a lo mejor no comprendía la dimensión existencial de una conversación entre escritores experimentados y jóvenes narradores, quizás porque todavía no saben que aquello de lo que se hablaba allí—el ser un ciudadano local, el ser familiar e íntimo, con emociones y extrañezas que seguramente nos son dolorosamente exclusivas—los perseguirá allá a donde vayan.  

La incorporación del encuentro de escritores al festival laboyano generó nuevos espacios de interacción cultural. Es absolutamente necesario que las artes hablen entre sí, tan necesario como que los estudiantes y ciudadanos participen de esa conversación. En tiempos donde la gran parte de la juventud, e incluso buena parte de los ciudadanos de a pie creen necesitar las IA para que sea ella quien les narre su propia vida, más que nunca necesitamos las voces que se arriesgan a mostrar su experiencia personal frente al mundo. El festival cultural laboyano y el encuentro de escritores cumple la función de ser la palabra que daremos como herencia, un hilo que unirá generaciones y que permite pensar que en Pitalito la literatura no es una rareza sino el testimonio de que una vez existimos.

En octubre del 2025 se realizó nuevamente el encuentro laboyano de escritores con las obras de los autores que nos contaron su voz frente al mundo. Obras como Ya no más Maritza de Luis Ignacio Murcia o el insomne de Joaquín Peña están a la espera de sus lectores más atentos, para mostrarnos una vez la universalidad y pertinencia de lo local. Sean todos bienvenidos a la conversación.

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Una respuesta

  1. Al fin hay alguien que defiende la voz de la experiencia y que reconoce que antes que dejar a un lado a los abuelos, hay que aprovechar su sabiduría para reconocer la historia desde su propia voz.

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