Millonarias inversiones contrastan con la agonía de nuestras músicas tradicionales

El próximo 9 de noviembre, Pitalito será el epicentro de la tercera edición del Festival Rock al Sur, un evento que se ha consolidado como un referente de entretenimiento masivo en la región. Sin embargo, la materialización de este espectáculo saca a la luz una dolorosa y abismal brecha en la política pública municipal: la inmensa diferencia de inversión estatal frente al exiguo apoyo que reciben nuestras expresiones autóctonas.
Mientras el ecosistema del rock cuenta con un apalancamiento irrestricto en Pitalito, certámenes de enorme trascendencia folclórica han sido condenados a la desaparición. El Festival Nacional de Música Andina “Faiver Olave”, con una asignación de apenas 10 a 15 millones de pesos, no se volverá a realizar. Peor aún, el Encuentro Nacional de Músicas Tradicionales “Recuerdas”, un baluarte de nuestra herencia cultural llevará a cabo su última versión este 30 de noviembre; tras 20 años de realización continua, cierra sus puertas asfixiado por el mismo e insuficiente aporte de 10 a 15 millones de pesos.
El espectáculo debe continuar
Llama poderosamente la atención que, a pesar del evidente déficit presupuestal en los rubros ordinarios de cultura, el Festival Rock al Sur sí tiene garantizada su ejecución. Para hacer esto posible, la Alcaldía y el Instituto de Cultura, Recreación y Deporte (ICRD) deben recurrir a complejas ingenierías contables, comprometiendo vigencias futuras y tercerización para triangular la contratación. Es gracias a este mecanismo que la administración logra realizar los desembolsos anticipados del 50% que exigen las agencias de representación artística para bloquear las fechas de las agrupaciones.
Ni es Mägo de Oz, ni son extranjeros
Para la edición de este año se anuncia un cartel que exige total claridad frente a la opinión pública. Es importante precisar que no es la legendaria agrupación española Mägo de Oz la que estará en la tarima municipal. El evento ha contratado a la agrupación nacional “Hard Vintage”, encargada de ejecutar un espectáculo tributo denominado “El espíritu de Mägo de Oz”. Al ser un contrato nacional, sin pagos en euros ni trámites de extranjería, el costo de este acto oscila apenas entre los $12.000.000 y $18.000.000 de pesos.
El plato fuerte nacional corre por cuenta de la agrupación antioqueña Equimosis, la cual subirá al escenario bajo la marca Xmosis debido a disputas legales por los derechos de propiedad intelectual ante la Superintendencia de Industria y Comercio. Poner en escena a esta banda nacional tendrá un costo directo estimado de honorarios de entre $45.000.000 y $65.000.000 de pesos, exigiendo además un costoso rider técnico de backline y sonido. El cartel se complementa con cinco bandas locales que, en conjunto, recibirán una bolsa total de fomento de entre 5 y 15 millones de pesos.
Contraste presupuestal
La transición hacia talento y tributos nacionales en 2026 representa una disminución en los honorarios artísticos si se compara con las dos versiones anteriores.
En su primera edición, la contratación de la banda argentina Vilma Palma e Vampiros y el andamiaje logístico costaron aproximadamente $475 millones de pesos. A pesar de un agresivo recaudo de $320 millones a través de la venta de boletería y palcos VIP (que llegaron a costar hasta $3.500.000), el evento dejó un déficit contable de $155 millones de pesos, asumidos finalmente por el erario como subsidio cultural.
La segunda edición, celebrada el 18 de agosto de 2025 con la banda mexicana Molotov, repitió la fórmula. Para lograr la presentación de los mexicanos ante más de 15.000 espectadores, la Alcaldía inyectó $270 millones de pesos de inversión pública directa provenientes de los rubros oficiales de cultura solo para cofinanciar los anticipos. El resto de los millonarios honorarios en dólares se cubrió apalancado en la venta comercial de zonas exclusivas.
El modelo del Festival Rock al Sur evidencia una gestión administrativa audaz que dinamiza la economía local, el hotelería y el transporte. No obstante, el debate sobre la equidad es ineludible. ¿Es constructivo y coherente que el Estado municipal asuma déficits de cientos de millones de pesos y asegure anticipos inmediatos para espectáculos comerciales, mientras deja morir de inanición presupuestal a los cultores que preservan la memoria andina y campesina de Pitalito? El rock, sin duda, se impone en el sur, pero el precio a pagar parece ser el silencio definitivo de nuestras músicas tradicionales.










