“Los jóvenes cada vez leen menos y comprenden menos lo que están leyendo”: Julián de Zubiría Samper.
El “New York Times” reunió a 37 pedagogos expertos de los Estados Unidos y les pidió que analizaran las principales medidas que se podrían tomar para mejorar la calidad de la educación. En esta columna analizamos las cinco recomendaciones más relevantes para Colombia.
El mundo está especialmente preocupado por la tendencia de los resultados de la educación en los últimos quince años. El punto de inflexión se ubica en 2012. Son dos décadas que evidencian una caída sensible en los resultados de las pruebas de competencias. Los jóvenes cada vez leen menos y comprenden menos lo que están leyendo. Así mismo, cada vez se les dificulta más razonar usando las competencias matemáticas que han adquirido en la escuela. Como afirmaba Mary Harrington, “pensar se está volviendo un lujo”. La mayoría de la población piensa, lee y analiza muy poco, en tanto la tienen escroleando videos superfluos de manera casi infinita. Estados Unidos es uno de los países más alarmados al respecto: hoy la mitad de los jóvenes no lee casi nunca. En comprensión lectora el problema es más grave: en 2025, los estudiantes de último año de secundaria en EE. UU. obtuvieron los peores resultados en comprensión lectora de los últimos 32 años.
Teniendo en cuenta lo anterior, el New York Times reunió a 37 pedagogos expertos y les pidió que analizaran las principales medidas que se podrían tomar para mejorar la calidad de la educación. Analizaron treinta medidas teniendo en cuenta dos criterios: impacto y costo. Obviamente, la combinación de los dos criterios es esencial para determinar si una medida debe hacer parte de la política pública. En esta columna analizaremos sus principales recomendaciones.
Primera: Tutoría en grupos pequeños. Esta medida es la más efectiva de todas. Se trata de seleccionar a los estudiantes que presenten dificultades estructurales en áreas esenciales y realizar con ellos un trabajo de nivelación. La medida buscar evitar el rezago mediante una detección temprana del problema. De esta manera, no se permitiría que la brecha siguiera aumentando.
Esta medida se aplica en algunos de los más exitosos sistemas educativos del mundo. Se utiliza con frecuencia en China, Singapur, Finlandia, Canadá, Inglaterra y los Países Bajos.
La medida está ampliamente validada por estudios científicos. Sin embargo, presenta dos dificultades muy importantes. La primera es que la detección del problema debe realizarse lo más temprano posible, lo que exige aplicar pruebas diagnósticas desde pequeños y al iniciar cada año, algo muy poco común en nuestro contexto. La segunda —más compleja— es que es una medida costosa porque implica dedicar un maestro experto a un grupo que suele ser reducido. A nivel mundial esta medida se utiliza de manera general en pensamiento, matemáticas y lectura. Así lo hemos hecho en el Merani; en la Revista del Magisterio No. 130 divulgamos una investigación longitudinal sobre el Programa de Apoyo a la Modificabilidad que nos permite concluir que la medida permite lograr un cambio estructural.
Segunda: La ciencia de la lectura. Se trata de utilizar todo lo que se ha investigado sobre lectura a nivel neurocientífico, psicológico y pedagógico para orientar a los profesores de todas las áreas. Sabemos muchísimas cosas, pero muy pocas se incorporan en las aulas de clase, la formación de maestros o los textos escolares. Sabemos, por ejemplo, que la lectura y la escritura en papel favorecen significativamente la comprensión, la relectura, la metacognición y el aprendizaje. Algo que no se logra con la lectura en medios digitales. Sabemos del nexo que existe entre lectura y pensamiento: leer es inferir las ideas que subyacen a un texto. Esto ha sido ampliamente investigado a nivel neurocientífico. Sabemos que solo se consolidan las competencias comunicativas si todos los docentes, de todas las áreas y ciclos, trabajamos en su consolidación. Sin embargo, pocos de estos conocimientos están siendo implementados en las escuelas actuales. Si lo estuvieran, los niveles de comprensión serían mayores.
Esta es la medida más efectiva de todas y la que tendría el menor costo. De allí que sería la más importante para implementar en todas las secretarías de educación del país. Sin embargo, en Colombia nos enfrentamos a un problema crucial para poder llevarla al aula: el bajo nivel de comprensión lectora de los maestros. Si revisamos las pruebas de lectura critica de los egresados de las facultades de educación desde 2012, podemos concluir que menos del 3 % de los docentes alcanza la lectura crítica y que el 40 % de los futuros docentes tiene un nivel de lectura que no les permite llegar a la idea principal de un texto de dos o tres párrafos. Dicho de otra manera: el nivel de comprensión lectora de los egresados de las facultades de educación es levemente superior al que alcanzan nuestros estudiantes en pruebas PISA. De allí se deriva que solo podremos mejorar la comprensión lectora de los estudiantes después de implementar programas generales para fortalecer esta competencia entre todos los docentes del país durante varios años. Esta es una medida relativamente barata y con un impacto significativo en el aprendizaje de los estudiantes. Al fin y al cabo, nadie aprende bien si lee mal y ningún alumno leerá muy bien si sus docentes no alcanzan excelentes niveles de lectura inferencial, contextual y crítica.
Tercera: Educación inicial universal. James Heckman obtuvo el Nobel de Economía en el año 2000 y demostró el gran impacto que tiene la educación inicial a lo largo de la vida. Sus hallazgos fueron elocuentes: en comparación con otros en condiciones similares, los alumnos con educación inicial de calidad alcanzaban mejores niveles de comprensión lectora, mejor interacción con sus compañeros y mayor empatía, menor reprobación de año y mayores ingresos después de su graduación.
El gran problema de esta medida es que su costo es incluso superior al de la tutoría en grupos pequeños. En Colombia no solo estamos atrás del promedio de América Latina, sino que hemos retrocedido en la última década de manera muy preocupante y se ha ido generalizando culturalmente la idea de que es poco necesaria la educación inicial. Muchas familias violan el derecho de sus hijos y, con la complicidad del Estado, dejan de brindar educación a los niños pequeños. Según el Laboratorio de Economía de la Educación de la Javeriana, en 2019 tan solo el 42 % de los niños entre tres y cinco años estaba matriculado en la educación inicial. Para 2024, la cifra había caído al 39 %.

Cuarta: Reducción del tamaño de los cursos. Contrario a lo que suelen creer y repetir los maestros, esta es la medida que más se ha aplicado en el mundo, pero con resultados muy modestos sobre la calidad de la educación y con unos costos exorbitantes. Es la medida más costosa de todas, en tanto tiende a duplicar una buena parte de los costos, pero su impacto en calidad es bastante reducido. Esa misma conclusión ya había sido obtenida por el Informe McKinsey (2007). Después de revisar 112 estudios, solamente en nueve encontraron una relación positiva entre la reducción del tamaño de las clases y los resultados académicos. En los otros 103 no encontraron una relación estadísticamente significativa o identificaron una relación negativa.
La principal conclusión al respecto es que la medida es muy positiva exclusivamente para niños y niñas menores de nueve años, pero que tiene un impacto muy bajo, e incluso negativo, en la adolescencia.
Quinto: Los vales educativos. Contrario a lo que creen los funcionarios del actual gobierno, esta es la medida peor evaluada por los expertos en EE. UU. No la recomiendan por lo costosa y por su bajo impacto en la calidad. Sobre 5.0, la evalúan con 2.4, pues es la segunda medida de menor impacto, pero es, al mismo tiempo, una de las diez más costosas entre las treinta evaluadas.
Lo que pasa es que en Colombia tenemos un gobierno interesado en dar una “batalla cultural” y política y no en mejorar la calidad de la educación. De allí que sus propuestas tienen exceso de ideología y muy poco de ciencia. Ojalá no terminemos imitando la muy negativa experiencia del gobierno de Milei en Argentina, cuyo propósito también es debilitar la educación pública en lugar de mejorar la calidad de la educación.
De todas maneras, hay que reconocer que los colegios en concesión en Bogotá han tenido resultados bastante positivos según diversos indicadores como las pruebas Saber, el tránsito directo a la universidad o la permanencia de estudiantes en la institución educativa. Tienen menores niveles de deserción y son los colegios públicos con mayor demanda. Esto sucede porque la administración ha estado en manos de algunos de los mejores colegios y las mejores universidades de la ciudad. Lo que sería muy grave es entregarles colegios en concesión a iglesias o instituciones educativas con baja experiencia y una calidad educativa regular. En ese caso se cumpliría plenamente lo que concluyen los expertos: sería una medida muy costosa para la sociedad y para la movilidad social por su nulo o negativo impacto en la calidad de la educación.
* Director del Instituto Alberto Merani (@juliandezubiria).









