En una revelación que sacude el panorama de la seguridad nacional, el presidente Gustavo Petro confirmó desde la capital cordobesa que fue objeto de un reciente plan de magnicidio. Según el mandatario, la amenaza fue tan inminente que obligó a su equipo de seguridad a ejecutar maniobras de evasión aérea mientras se desplazaba con miembros de su familia.
Aterrizaje frustrado y cuatro horas en “mar abierto
Los hechos, que parecen sacados de una novela de espionaje, ocurrieron en las últimas 48 horas. Petro explicó que su agenda en Montería se vio alterada drásticamente debido a informes de inteligencia que advertían sobre un ataque directo contra la aeronave presidencial.
“Vengo escapándome de que me maten. Por eso anoche no pude aterrizar donde estaba previsto; ni siquiera prendieron las luces en la pista de aterrizaje”, confesó el mandatario durante una intervención pública.
“Sustancias en el carro” y un General en la mira
Más allá del incidente aéreo, Petro lanzó una acusación incendiaria que apunta a las entrañas de la Fuerza Pública. El jefe de Estado vinculó estas amenazas con un complot interno liderado por un alto oficial retirado.
Según la denuncia, un general que él mismo ordenó retirar de la Policía Nacional tendría una “misión extraña”, infiltrar sustancias psicoactivas en el vehículo presidencial. El objetivo, de acuerdo con Petro, era sabotear reuniones de alto nivel, incluyendo encuentros estratégicos con el mandatario estadounidense, Donald Trump.
Este episodio pone bajo la lupa la efectividad de la Unidad Nacional de Protección (UNP) y la inteligencia militar. Aunque el presidente no entregó pruebas documentales inmediatas ni nombres específicos del oficial señalado, el tono de urgencia sugiere una fractura profunda en los anillos de seguridad del Estado.








