martes, octubre 20, 2026

A 108 bpm. el nuevo paso del Sanjuanero

El grupo de salvaguarda de la Secretaría de Cultura Departamental oficializó en Pitalito el tempo de 108 Beats Por Minuto (BPM) para la ejecución del Sanjuanero Huilense. Una medida estructural, impulsada por folcloristas que buscan frenar la aceleración desmedida de la danza y devolverle su cadencia y majestad tradicional.

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El pasado 16 de octubre, Pitalito se convirtió en el epicentro de una de las decisiones más trascendentales para la preservación de nuestra identidad cultural. En un encuentro que congregó a gestores, portadores, músicos y academia —con el respaldo del Instituto de Cultura, Recreación y Deporte local—, se trazó una línea definitiva para el futuro de nuestro baile insignia: el Sanjuanero Huilense tiene, a partir de ahora, un tempo oficial de referencia de 108 BPM (pulsaciones por minuto).

Esta directriz es el resultado de un exhaustivo trabajo de investigación liderado por el grupo de salvaguarda del patrimonio inmaterial, en el que participan destacados gestores como el folclorista plateño Yimy Fernando Losada Paya.

La frenética carrera que desdibujó la tradición

Durante las últimas décadas, el Sanjuanero Huilense venía sufriendo un fenómeno de aceleración progresiva. En la búsqueda de mayor espectacularidad y en medio del fragor de las competencias, las agrupaciones musicales empezaron a elevar el tempo de la interpretación, obligando a las parejas de baile a ejecutar las figuras a una velocidad que rozaba lo atlético, sacrificando la técnica, el coqueteo y la elegancia inherente a la danza.

 la evolución del folclor no puede significar su deformación.

El establecimiento de los 108 BPM es una intervención quirúrgica tanto en lo musical como en lo dancístico:

En la ejecución musical: Obliga a las tamboras, los tiples y las flautas a retornar a una cadencia más reposada y profunda. El compás de 6/8 característico del bambuco recobra su acento natural, permitiendo que la melodía respire y que los silencios y matices sonoros vuelvan a ser perceptibles, alejándose del frenesí de una marcha apresurada.

En la ejecución dancística: Al reducir la velocidad, los parejos recuperan el tiempo necesario para la correcta ejecución del bambuqueo. Figuras complejas como la arrastrada del ala, los ocho y los codos ya no se verán como un ejercicio de gimnasia aeróbica, sino que recuperan su majestuosidad escénica, el juego de seducción y la precisión milimétrica que exige la planimetría original.

Salvaguardar la memoria

La intención de fondo de esta intervención va mucho más allá de unificar criterios para los jurados en los festivales. Como bien lo señala el manifiesto del proyecto socializado en el Valle de Laboyos, el objetivo central es “consolidar la base rítmica de nuestro Sanjuanero Huilense, fortaleciendo la protección y transmisión intergeneracional del patrimonio inmaterial del Departamento”.

Se trata de blindar la manifestación cultural contra las distorsiones de la modernidad comercial. Al fijar una norma técnica clara (108 BPM), se le entrega a las escuelas de formación, a los músicos de conservatorio y a los coreógrafos empíricos un mapa exacto de cómo debe sonar y bailarse nuestra tradición. Es una hoja de ruta para que los niños y jóvenes que hoy aprenden a bailar lo hagan respetando la esencia de lo que bailaron sus abuelos.

El Huila a un solo compás

La socialización en Pitalito marca un hito en la descentralización de las políticas culturales del departamento, demostrando que la salvaguarda de nuestras tradiciones es un diálogo abierto entre todos los municipios. Con esta unificación rítmica, la Secretaría de Cultura Departamental y los gestores involucrados lanzan un mensaje contundente: la evolución del folclor no puede significar su deformación.

Hoy, gracias al consenso entre la academia y la tradición, el Huila vuelve a latir a un solo compás.

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