De las raíces poéticas de los Papelípolas al liderazgo de Casa Sobre la Roca: adiós al periodista Darío Silva-Silva.

El periodismo, la literatura y el cristianismo evangélico colombiano despiden al pastor Darío Silva-Silva, un hombre cuya voz resonó durante décadas en múltiples escenarios de la vida nacional. La noticia de su fallecimiento, confirmada este domingo mediante un comunicado de Casa Sobre la Roca Iglesia Cristiana Integral, deja un profundo vacío entre miles de familias que encontraron en él a un guía espiritual y fundador de una congregación con presencia global.
Sin embargo, su historia guarda raíces profundas en el corazón cultural del Huila. Antes de dedicar su vida a la enseñanza de la Palabra, de formar discípulos y proclamar un mensaje de transformación desde 1987, Silva-Silva esculpió una notable trayectoria en el periodismo y la radiodifusión. Su paso por los medios incluyó la dirección de Radio Garzón, incansables labores periodísticas en Radio Sur de Pitalito, Radio Neiva, y altos cargos en Radio Colosal y Todelar en el departamento. Fue en estos micrófonos donde consolidó una voz pública que, con los años, trascendería el ámbito estrictamente eclesiástico.
El alma de un Papelípola
Pero el origen de esa vocación por la palabra se gestó mucho antes, en las tertulias y desvelos de la bohemia literaria. Darío Silva-Silva fue uno de los seis fundadores del mítico movimiento literario huilense Los Papelípolas. Eran jóvenes trashumantes del verso, en constante búsqueda de una belleza que, aunque esquiva, lograban capturar para armar los edificios de una poética ciudad.
Para honrar este invaluable legado cultural en la región, el escritor y poeta Omar Ardila ha compartido para Enredijo la Balada de los Papelípolas, una composición de Silva-Silva que inmortaliza a los integrantes de esta generación literaria.
En estos versos, Silva-Silva retrata a sus compañeros de pluma y se define a sí mismo como el menor de los Magos, un eterno aprendiz en combate por conquistar el adjetivo único, revelando su profunda admiración por la palabra y el papel, esa parcela vegetal dispuesta para el tatuaje de añil de las ideas.


Balada de los Papelípolas
¡Y los seis neopoéticos centauros
irrumpieron de súbito!
Y aromó los espacios la rosa del relincho:
-media docena tiene de pétalos la flor-
Uno:
Este Rubén Morales de bifurcado aroma
-dos gustos paralelos y una sola redoma-
música de dos ritmos, astro en dúo de luz,
cópula sinantérea de pólenes fraternos:
el pintor y el poeta laten en él eternos,
y lo hacen un Neo-Cristo prendido a
doble cruz.
Dos:
Y este Ángel Sierra Basto, genial desde el aspecto
hasta el subfondo mismo de su ego selecto;
es el Aleph y la Ya de su Musa de Amor.
En cada verso suyo se conforma un concepto,
sus cultos cerebrales tienen un solo adepto
y en sus jardines rúnicos él es la sola flor.
Tres:
Y este Gustavo Andrade –Oscar Wilde del gracejo-
que para amar al Huila posee un catalejo
que insinúa del futuro la sonriente faz;
con apariencia, porte y verbo de turista,
que del amor sutil y lo serio equidista
y que del modernismo va pulsando el compás.
Cuatro:
Y Julián Polanía –de activo ritmo físico
que le imprime ademanes de antípoda de tísico
romántico. Este frater, modernista total,
que odia los anquilosos mentales a lo antiguo
por la luz que le alquila su alma original.
Cinco:
Y Luis Ernesto Luna que salió disecado
de los laboratorios del desvelo, graduado
en el Santo Colegio Mayor de la Inquietud;
-¡más idealista y flaco no fuera don Quijote!-
en los predios del tedio tomó en arriendo un lote
para asentar la finca de fe de su laúd.
Seis:
Y el menor de los Magos –quien tiene la palabra-
se define en sus versos que son su abracadabra
-es exacto al Demonio y a Francisco de Asís-
desde hace veinte años está en combate púnico
por conquistar el verso que lo adjetive único;
y entretanto se llama sólo: el gran aprendiz.
-Nos han denominado “Papelípolas”
en honor al papel que es la parcela
donde van cosechando nuestras almas
las aguas fuertes de sus primaveras.
En honor al papel que sacrifica
su epidermis vegetal en las imprentas
para que sobre ella se patente
el tatuaje de añil de las ideas.
Somos seis sitibundos trashumantes del verso:
Buscamos la belleza con un prurito cruel;
y la belleza se nos presenta por instantes
pero se va de súbito y activa nuestra sed.
Pero en esos instantes que ella colma y arrulla
con el infiel prodigio de su estrella total,
fusionamos ladrillos de luz que van armando
los edificios de una poética ciudad.
Hoy, aquel joven aprendiz que buscaba fusionar ladrillos de luz; cierra su ciclo vital, Su voz, primero en las imprentas y cabinas de radio huilenses, y más tarde en los púlpitos de Casa Sobre la Roca, ha dejado un legado que continuará hablando a través de las generaciones.








