sábado, agosto 15, 2026

El café del Meta reta al estigma cafetero del país

La cuarta edición de la Expo Orinoquía Café y Cacao, que reúne hasta este domingo a productores y compradores en el Centro Comercial Primavera Urbana de Villavicencio, proyecta ventas cercanas a los 255 millones de pesos y busca sumar al Gobierno como el tercer aliado estratégico de toda la cadena productiva.

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Del 14 al 16 de agosto, Villavicencio es sede de la cuarta edición de la Expo Orinoquía Café y Cacao, organizada por el equipo de Ruta 65 Café bajo el liderazgo de su cofundador y CEO, Juan Carlos Pardo Cruz. El evento, que se desarrolla en el Centro Comercial Primavera Urbana, busca consolidar al Meta como un nuevo polo de cafés especiales y cacaos finos de aroma, tras una edición 2025 que cerró con cifras récord en ventas y alianzas comerciales. En diálogo con ENREDIJO, Pardo habló de las proyecciones para este año, del reto de romper con el estigma cafetero tradicional del país y del papel transformador que el grano ha tenido en territorios antes golpeados por la violencia.

Proyección conservadora

Para esta cuarta versión, Ruta 65 Café trabaja con una meta que Pardo describe como “conservadora pero ambiciosa”: cerca de 252 a 255 millones de pesos en ventas durante los tres días de feria. La cifra no es menor si se compara con el desempeño de la edición anterior. La tercera edición de la Expo Orinoquía Café y Cacao, realizada en 2025, cerró con un crecimiento del 14,3 % en asistencia frente al año anterior y superó las expectativas de ventas al alcanzar más de 240 millones de pesos, casi el doble que en 2024. Durante esos tres días, más de 61.700 visitantes nacionales e internacionales asistieron al evento, que reunió a 50 marcas entre emprendimientos, microempresas y asociaciones, y dejó como saldo unas 250 alianzas comerciales con proyección de negocios futuros.

El café del Meta reta al estigma cafetero del país
Imagen oficial del evento.

Para Pardo, el verdadero valor de la feria no está solo en la caja registradora. El crecimiento del volumen de negocios, explica, se traduce en acceso directo a compradores institucionales y comerciales para los emprendimientos más pequeños, en el fortalecimiento de la marca territorial “Café del Meta” y, sobre todo, en contratos y relaciones comerciales a mediano y largo plazo que trascienden la venta puntual en el evento. Ese beneficio, insiste, llega directamente a las familias productoras de la región.

Del estigma del Eje Cafetero

Cuando se habla de buen café en Colombia, el imaginario colectivo apunta casi automáticamente al Eje Cafetero, Huila, Cauca o Nariño. El Meta rara vez entra en esa conversación, y Pardo lo sabe. Según el organizador, ese es uno de los retos más grandes del departamento, arraigado en una historia poco conocida: la caficultura llanera no es nueva, pero estuvo bloqueada durante años por el conflicto armado y solo se reactivó hace aproximadamente una década y media. Los Llanos Orientales fueron, de hecho, uno de los primeros territorios donde se cultivó café en el país, un sector que se frenó por el conflicto armado y que solo volvió a convertirse en un eje relevante de la economía rural tras los acuerdos de paz.

El café del Meta reta al estigma cafetero del país
Su pareja Ruth es también cofundadora de Ruta 65 Café (en el centro) (Archivo particular, 2025)

Esa pausa forzada tiene, según Pardo, una lectura positiva: al ser una producción más pequeña, los caficultores del Meta pueden controlar mejor sus procesos y mejorar la calidad de forma más ágil que en regiones de producción masiva. A eso se suma una narrativa poderosa que la Expo busca visibilizar: parcelas que antes sembraban coca hoy siembran café, en una transformación que conecta directamente el grano con la reconstrucción del tejido social en zonas antes golpeadas por la violencia.

En cacao, el avance ya es tangible y verificable. La cooperativa Workakao, integrada por productores de los municipios de Guamal, El Dorado, Cubarral, Granada y El Castillo, recibió el galardón Cacao de Oro en el concurso internacional Cacao of Excellence, realizado durante el festival Chocoa en Ámsterdam, lo que posicionó a ese grano llanero entre los cinco mejores del planeta. Cerca de 900 familias cacaoteras del Meta forman parte de esa cooperativa, un resultado que Pardo cita como prueba de que la región ya compite en las ligas mayores del sector.

El café del Meta reta al estigma cafetero del país
Juan Carlos Pardo en una conferencia. El evento incluye un componente de capacitación (Archivo particular, 2025)

Sostenibilidad y transferencia

Detrás de la taza hay prácticas que el público general desconoce, según el CEO de Ruta 65 Café. La no deforestación como pilar productivo es uno de los ejes de trabajo de asociaciones como Sherpas Café, que integran la conservación de fauna, flora y corredores biológicos con la construcción de paz territorial en zonas antes afectadas por el conflicto.

Un factor paradójico también juega a favor de la calidad: la dificultad de acceso a muchas fincas del piedemonte llanero obliga a un manejo con bajo uso de agroquímicos, lo que se traduce en cultivos más limpios. A esto se suma el acompañamiento técnico de Agrosavia, que ha brindado capacitación a los productores sobre uso eficiente de recursos hídricos y energéticos, y sobre estrategias de adaptación al cambio climático, un componente que Pardo considera clave para sostener la calidad del café y el cacao de toda la Orinoquía en el largo plazo.

El café del Meta reta al estigma cafetero del país
Productores cafeteros de la Orinoquía (Archivo particular, 2025)

De “mal café” al café especial

Actividades como el Campeonato de Aeropress y las catas comentadas —presentes de nuevo en esta edición— no son solo entretenimiento para el público asistente. Para Pardo, son una herramienta de educación del consumidor local, que históricamente ha estado más acostumbrado al café corriente que al café especial, pese a vivir en un país productor.

El organizador es enfático: ese tipo de espacios despierta la curiosidad por nuevas variedades y sabores, y ayuda a que los clientes entiendan por qué vale la pena pagar un diferencial por un café con historia de origen y con procesos de acceso complejos detrás. Se trata, dice, de un trabajo de fondo que debe sostenerse en el tiempo en las tiendas de café de toda la región.

El reto pendiente: sumar al Gobierno a la mesa

Cuando la feria termine este domingo, el trabajo real apenas comienza. Pardo identifica tres pilares que sostienen hoy la cadena productiva del café y el cacao en el Meta: trazabilidad, precio justo por calidad e historia de origen. La aspiración, dice, es que cualquier persona en Colombia pueda pedir “un café del Meta” o “del piedemonte llanero” con la misma naturalidad con la que hoy pide uno del Eje Cafetero.

Ruta 65 Café lleva más de tres años construyendo esa vitrina. Pero el organizador reconoce que falta un actor decisivo. Hoy, dice, el proyecto se sostiene en dos patas —el sector privado, que financia buena parte del evento, y la academia, con el SENA y varias universidades ya vinculadas—. La tercera pata, la del Gobierno, sigue pendiente. Para Pardo, este no es un proyecto exclusivo de Ruta 65, sino de toda una cadena productiva departamental que necesita respaldo institucional para consolidarse más allá de los tres días de feria.

La Expo Orinoquía Café y Cacao 2026 confirma que el Meta dejó de ser un territorio ausente en el mapa cafetero colombiano. Entre cifras récord, un cacao premiado en Ámsterdam y una apuesta decidida por la sostenibilidad, la región construye una narrativa propia que combina calidad, memoria y reconciliación. El reto, como lo plantea Pardo, es que esa historia trascienda el fin de semana de feria y se convierta en política pública. ENREDIJO seguirá de cerca el desarrollo de este y otros eventos que marcan la agenda económica y cultural de la región.

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