Bajo un modelo que prioriza la autogestión y el empoderamiento territorial, las Juntas de Acción Comunal (JAC) de Isnos y San Agustín entregaron oficialmente una serie de obras de rehabilitación en aulas y restaurantes escolares. El proyecto, ejecutado en articulación con el Instituto Departamental de Acción Comunal (IDACO), posiciona a las organizaciones de base como los ejecutores principales del desarrollo rural.
El poder comunal
A diferencia de los modelos de contratación tradicionales, este convenio permite que la propia comunidad administre y supervise las intervenciones, garantizando que la inversión llegue directamente a las sedes educativas.
En el municipio de San Agustín, la Institución Educativa Carlos Ramón Repizo Cabrera (sede San Martín) habilitó una nueva aula con una inversión superior a los $57 millones, optimizando el entorno pedagógico para los estudiantes de la zona.
Por su parte, en Isnos, la movilización comunitaria permitió la intervención en cuatro frentes estratégicos que beneficiaran a la I.E. Mortiño sede principal, con adecuaciones y una inversión superior a los $59 millones; la I.E. Belén sede Campoalegre, con la restauración integral de la cocina escolar y a un costo de $37 millones, de esta misma institución se intyervino la sede La Plomada, con la recuperación del restaurante escolar por valor de $32 millones y finalmente la I.E. Salen sede Alto Junín, con mejoras estructurales con recursos que superan los $39 millones.
“Estamos consolidando un modelo en el que la comunidad participa activamente en la ejecución de los recursos. Estas rehabilitaciones demuestran que cuando trabajamos de la mano con las Juntas de Acción Comunal, las obras llegan directamente a quienes más lo necesitan”, explicó Carlos Rodríguez Mora, gerente del IDACO.
Impacto en la comunidad educativa
Para los líderes locales, la relevancia de este convenio radica en la dignificación de los espacios rurales. Luz Valencia, rectora de la Institución Educativa Mortiño, resaltó la importancia de poner en funcionamiento estas aulas que benefician directamente a la infancia rural, recordando que el acceso a la infraestructura y tecnología sigue siendo el motor de cambio en el departamento.
Asimismo, la representación estudiantil valoró el esfuerzo conjunto, Eliana Semante Navia, estudiante de la sede San Martín, calificó el centro educativo como un “segundo hogar” y destacó que los resultados son fruto de la unión entre las instituciones y el trabajo vecinal.
Con estas entregas, el modelo de gestión comunitaria en el Huila demuestra que la participación social es la vía más efectiva para asegurar la transparencia y la celeridad en el mejoramiento de la educación pública rural.








