Foto: MinCulturas
Los maestros artesanos Óscar Ruano y Catalina Yela trasladaron este mes de abril el vibrante espíritu del Carnaval de Negros y Blancos a la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo 2026). Desde el estand ‘Casa Común’ del Ministerio de las Culturas, ambos creadores compartieron los saberes ancestrales detrás de la elaboración de máscaras nariñenses, demostrando al público que esta festividad trasciende la simple celebración: es un motor vital de la economía popular y un legado identitario que se protege y se hereda en colectivo.
El arte de las máscaras
Para comprender la verdadera esencia de la fiesta máxima del sur de Colombia, hay que mirar las manos de quienes la construyen. “Untarse de barro es untarse de carnaval”, expresó el maestro Óscar Ruano ante decenas de asistentes curiosos que se congregaron en la FILBo. Esta frase resume a la perfección el punto de partida de toda obra monumental: el contacto directo con la tierra. Antes de que el papel maché, la fibra de vidrio o los colores neón cobren protagonismo, es el barro el que moldea las expresiones exageradas, irónicas y míticas que desfilan cada mes de enero por la senda del carnaval.
El maestro Ruano sabe de lo que habla. Como director del Taller Escuela de Carnaval Ruano, viene de consagrarse como uno de los grandes ganadores en la edición 2026 del Carnaval de Negros y Blancos en Pasto. Su reciente victoria con una carroza que rindió homenaje a la figura femenina demostró que detrás de cada máscara y cada gesto festivo hay una historia colectiva forjada con memoria comunitaria. Como él mismo afirmó tras su triunfo en enero, sus obras no solo llevan materiales y pintura, sino “lágrimas, sudor y sangre” de un equipo entero que respira arte los 365 días del año.
Catalina Yela y la fuerza femenina
Históricamente, los talleres de carrozas fueron espacios dominados por hombres, pero esa narrativa ha dado un giro definitivo. En el estand del Ministerio, la presencia de la maestra artesana Catalina Yela se alza como un testimonio del papel protagónico que la mujer ejerce hoy en la cultura popular. Yela rompió esquemas al convertirse en la primera mujer en ser galardonada en la categoría de carrozas no motorizadas en 2024, abriendo un camino de inspiración irrefutable para las nuevas generaciones de creadoras.
Su participación en la FILBo 2026 subraya un mensaje vital: la tradición se hereda de generación en generación, pero también evoluciona. Compartir los saberes de creación y decoración de máscaras frente al público bogotano no es un acto meramente estético, sino una reivindicación del espacio que las mujeres ocupan como narradoras visuales, talladoras y lideresas dentro de los talleres. Poco a poco, las mujeres han levantado su voz para hacerse reconocer como artistas fundamentales de este Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
La economía popular
A menudo, la mirada externa reduce el carnaval a los días de juego con talco y cosmético, pero la realidad en los territorios es mucho más profunda. El carnaval no solo es fiesta: es economía popular en su máxima expresión. Es el sustento directo e indirecto de cientos de familias nariñenses y representa un oficio riguroso que pasa, casi como un rito sagrado, de abuelos a padres, de padres a hijos, y de tíos a sobrinos.
Las cifras recientes respaldan esta afirmación. La edición de 2026 cerró con números récord, consolidando a Pasto como un imán para visitantes nacionales y extranjeros, y generando una reactivación económica sin precedentes en la región. Los talleres artesanos funcionan como verdaderas microempresas creativas que dinamizan el comercio local, desde la compra de insumos hasta la contratación de soldadores, pintores, costureras y escultores. Es una industria cultural autogestionada que demuestra que el talento local tiene un impacto financiero tangible y transformador para toda una ciudad.
El estand ‘Casa Común’
El marco de este encuentro de saberes no podía ser más propicio. El estand ‘Casa Común’ del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes en la FILBo 2026 ha sido diseñado bajo una premisa clara: reconocer a Colombia como un país construido desde la inmensa diversidad de sus pueblos, lenguas y territorios. En lugar de ser un simple punto de exhibición de libros, este espacio se ha convertido en un escenario vivo e interactivo.
Traer un pedazo del taller de los maestros Ruano y Yela a la capital del país es una política de descentralización de la cultura. Permite que los asistentes de la feria no solo lean sobre las tradiciones, sino que las toquen, las entiendan y valoren el esfuerzo titánico que exige mantener viva una expresión comunitaria de esta magnitud. Es una invitación abierta a desmitificar el arte popular y elevarlo al estatus de alta cultura digna de estudio y admiración nacional.
Un legado vivo que se construye
Lo que ocurrió en la Feria del Libro es un recordatorio poderoso de que la cultura no es un elemento estático de museo; se construye, se cuida y se transmite en colectivo. Las manos manchadas de pintura y las sonrisas de quienes aprendieron a decorar una pequeña máscara de carnaval en pleno pabellón de Corferias, son la prueba de que el arte popular colombiano tiene el poder de conectar regiones enteras. El legado de Pasto sigue más vivo que nunca, palpitando no solo en el sur, sino en el corazón de todo aquel que se atreve a “untarse de carnaval”.
El paso del Carnaval de Negros y Blancos por la FILBo 2026 nos deja una lección invaluable: detrás de cada carroza y cada máscara hay un tejido humano y económico que sostiene la identidad de toda una región. Si deseas vivir esta experiencia de cerca y ser parte de los talleres y conversatorios, te invitamos a ingresar a https://www.mincultura.gov.co/especiales/casa-comun/ y programarte con todas las actividades del Ministerio.



