martes, abril 28, 2026

Riesgo de crisis cafetera en el Huila por el clima y falta de recolectores

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Recolectores de café en el Huila

Foto: Portafolio.co

El inicio de la cosecha principal de café para el primer semestre de 2026 en el departamento del Huila enfrenta un panorama sumamente crítico que amenaza la economía regional. Las lluvias extremas y la drástica baja de radiación solar durante el primer trimestre proyectan una reducción de hasta el 30% en la producción. A esta emergencia climática se suma un alarmante déficit de mano de obra y el riesgo inminente de perder el grano maduro. Para las más de 87.000 familias huilenses que dependen de esta labor, la intervención gubernamental urgente y la llegada masiva de recolectores son la única salida ante esta tormenta perfecta.

El impacto del clima

El Huila se ha consolidado en la última década como el mayor productor de café de Colombia, con municipios como Pitalito liderando las estadísticas nacionales de producción. Sin embargo, el sector atraviesa hoy uno de sus momentos más complejos de los últimos años. Las fuertes alteraciones climáticas registradas entre enero y marzo han golpeado el corazón de los cafetales, generando zozobra entre los productores y las organizaciones campesinas.

Ricardo López, comisionado de la Comisión Mixta Nacional Campesina, es categórico al advertir las consecuencias de las lluvias continuas y la baja luminosidad. “El año pasado también se cerró con una fuerte afectación invernal. Eso no permitió que hiciéramos buena floración y la falta de radiación ha afectado seriamente la productividad”, señaló el comisionado.

Esta alteración en el desarrollo biológico de la planta se traduce en una caída proyectada de la producción de entre un 25% y un 30%. El impacto no es menor: una cosecha mermada afecta a toda la cadena de valor, desde los viveristas y recolectores hasta los transportadores y comercializadores que dinamizan el comercio departamental. Pese a que los campesinos han invertido sus recursos en abonos, asistencia técnica y labores de plateo, la variabilidad del clima ha superado el control humano de las fincas.

El desafío de la “cosecha a dos pases”

La inestabilidad meteorológica no solo afectó la cantidad de grano, sino también sus tiempos de maduración. Actualmente, diversas zonas del departamento experimentan un fenómeno conocido como “cosecha a dos pases”. Al recibir picos irregulares de lluvia y sol, la maduración del café se descontrola, obligando a los productores a realizar pasadas consecutivas en un mismo lote para poder recolectar el grano en su punto exacto.

Este escenario duplica la necesidad de personal en un contexto donde la escasez de recolectores es el principal cuello de botella de la agroindustria. “Si no tenemos la suficiente mano de obra, se corre el riesgo de que el grano se caiga y se pierda”, advirtió López, haciendo eco del miedo generalizado en las zonas rurales.

Perder el café en el suelo significaría una catástrofe económica. Además de disparar los costos de producción y fomentar afectaciones fitosanitarias, reduce drásticamente los márgenes de ganancia de los caficultores. Ante esto, los gremios solicitan desesperadamente a la Gobernación del Huila que estructure eventos de promoción a nivel nacional para invitar y atraer la mano de obra flotante necesaria para la recolección.

Arroz y frijol reportan cifras rojas

La crisis agraria en el sur del país trasciende las laderas cafeteras. Según los reportes del sector, otros cultivos fundamentales para la seguridad alimentaria y la canasta básica familiar, como el arroz y el frijol, también están en terapia intensiva.

Se estiman disminuciones cercanas al 30% en las cosechas de estos productos de pancoger, e incluso se reporta la desaparición de ciclos productivos enteros en ciertas subregiones del departamento. “Las fases floras prácticamente desaparecieron de la fase del departamento. Ha habido una situación bastante crítica”, lamentó López. Esta contracción pone en jaque la estabilidad económica de miles de familias y representa una crisis agropecuaria mucho más amplia.

El fantasma de El Niño

Con la lección aprendida de este duro primer trimestre, el sector mira con profunda preocupación la posible llegada del fenómeno de El Niño en los próximos meses. Una temporada de sequía severa sería el golpe de gracia para cultivos que ya vienen con gran afectación. Por ello, es imperativo iniciar campañas urgentes para cuidar enormemente los nacimientos de agua y dar un manejo responsable a las cuencas hídricas del departamento.

A pesar de la gravedad de estos eventos extremos, las respuestas institucionales a nivel regional han brillado por su ausencia. La principal exigencia de los campesinos es la reactivación de la mesa agropecuaria departamental para articular planes de choque directos con el gobierno. “Hemos insistido a la Secretaría de Agricultura para que se convoque una mesa campesina, pero hasta el momento no ha sido posible”, denunció el líder gremial, evidenciando un preocupante vacío de diálogo.

Soluciones a largo plazo

A pesar del nublado horizonte, surgen iniciativas clave para blindar a los productores. Una de las grandes noticias recientes es la inclusión de la cadena del café en las estrategias de intervención del Gobierno Nacional para evitar distorsiones. Con el precio de referencia interno reportado alrededor de los $2.225.000 pesos por carga, mitigar los efectos de la especulación del mercado y el caos derivado de presiones internacionales y altas tasas de interés es vital para la supervivencia del negocio.

A mediano y largo plazo, el salvavidas del agro huilense está en la política pública. La Comisión Mixta Nacional Campesina logró un hito al incluir al campesinado en el trazador presupuestal del Departamento Nacional de Planeación para el año 2027. Esto garantiza que las inversiones dirigidas al desarrollo rural estén aseguradas como un rubro explícito.

Asimismo, se fomenta el modelo de compras públicas directas, respaldado por encuentros liderados por la Universidad Nacional. El objetivo es que las asociaciones campesinas, con toda su documentación al día, puedan eliminar a los intermediarios y vender sus cosechas directamente al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y a los Programas de Alimentación Escolar. De esta forma, podrán avanzar hacia la agroindustria y convertirse en verdaderos empresarios del campo.

El Huila se enfrenta a una prueba de fuego. La tormenta perfecta entre la variabilidad climática, la falta de mano de obra y la ausencia de articulación institucional ha puesto en jaque no solo la rentabilidad del café, sino también la producción de alimentos básicos como el arroz y el frijol. Mientras miles de familias resisten con admirable resiliencia trabajando sus tierras, la solución definitiva dependerá de que el respaldo gubernamental se ejecute de manera eficiente y ágil para asegurar la estabilidad del campo.

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