Imagen ilustrativa – Referencia: La Nación/CAM
En una zona rural del municipio de Saladoblanco, Huila, autoridades ambientales y policiales rescataron a una cría de tigrillo (Leopardus sp.) de apenas dos meses de nacida. El felino, entregado de manera voluntaria, presentaba un cuadro crítico de salud producto de una dieta inapropiada durante su cautiverio. Ahora, este pequeño depredador enfrenta un complejo proceso de rehabilitación para salvar su vida y retornar a la selva.
Un rescate de emergencia
El operativo para salvaguardar la vida de este pequeño mamífero se desarrolló en el sector rural del municipio de Saladoblanco, ubicado en el sur del departamento del Huila. Uniformados de la Policía Nacional ejecutaron el rescate, contando en todo momento con el acompañamiento técnico de los funcionarios de la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena (CAM).
La intervención de las autoridades se produjo luego de que la ciudadana que mantenía al animal en calidad de tenedora diera aviso y decidiera entregarlo de forma voluntaria. De inmediato, el felino fue trasladado de urgencia e ingresó al Hogar de Paso de Fauna Silvestre que opera bajo la Dirección Territorial Sur de la CAM, en el municipio de Pitalito. A nivel nacional, la recuperación de individuos del género Leopardus es una carrera contra el tiempo, dado que sus poblaciones se ven duramente amenazadas por la fragmentación de los bosques andinos y la cacería ilegal.
El crítico estado de salud
Una vez en las instalaciones del hogar de paso, el estado clínico y comportamental del animal fue evaluado meticulosamente por parte de la médica veterinaria y la bióloga de la institución. Tras los primeros exámenes, los especialistas determinaron que el felino se encontraba en condiciones críticas de salud que comprometían seriamente su supervivencia.
El diagnóstico reflejó el tremendo daño fisiológico causado por el desconocimiento humano. Luisa Jaramillo, bióloga de la CAM, detalló que se trata de una cría macho de tigrillo que ingresó padeciendo una diarrea aguda. Además, el animal presentaba un sistema digestivo bastante alterado, acompañado de evidentes síntomas de deshidratación severa. Jaramillo explicó de manera enfática que, según determinaron los exámenes médicos, estas graves afecciones fueron el producto directo de una dieta completamente inadecuada para su especie. Esta alimentación errónea le fue suministrada por las personas que, ignorando sus necesidades biológicas, pretendían mantenerlo en cautiverio.
Rehabilitación sensorial
Afortunadamente, el rescate fue exitoso gracias al trabajo institucional coordinado con la Policía de Saladoblanco. En la actualidad, el pequeño felino es sometido a un riguroso proceso de rehabilitación, el cual abarca sus dimensiones física, sensorial y auditiva. El objetivo fundamental de este entrenamiento especializado es reforzar sus instintos innatos y sus comportamientos naturales de caza y supervivencia. Para lograrlo, los biólogos de la corporación priorizan evitar a toda costa el contacto humano excesivo, previniendo así la impronta del animal.
El biólogo de la CAM, Julián Muñoz, relató la metodología de este delicado proceso. El equipo se encuentra realizando diversas labores de enriquecimiento sensorial dentro de su jaula, empleando elementos propios de la naturaleza como esencias, plumas y ramas para que el tigrillo se sienta más cómodo y estimulado. Muñoz explicó que el tratamiento inició con un proceso de alimentación asistida para estabilizarlo. Hoy en día, el felino ya se alimenta con presa muerta. La meta institucional es que, posteriormente, adquiera la capacidad de cazar su propio alimento y cumpla con todos los requisitos biológicos necesarios para que regrese de manera segura a su hábitat natural.
La vital importancia del Leopardus sp.
Extraer un tigrillo de su entorno va mucho más allá del sufrimiento individual del animal; representa una herida profunda para los ecosistemas. Desde la autoridad ambiental del Huila se indicó claramente que el tigrillo goza de una suma importancia para los ecosistemas naturales.
Este pequeño cazador cumple una función vital operando como un depredador intermedio en la naturaleza. Gracias a su presencia, es posible controlar activamente las poblaciones de otras especies, lo cual es imprescindible para mantener el equilibrio de la cadena alimenticia. Cuando felinos como el Leopardus tigrinus (conocido popularmente como tigrillo lanudo o pajarero) son removidos de las montañas neotropicales, las poblaciones de roedores e invertebrados pierden a su controlador natural, lo que puede desencadenar plagas forestales perjudiciales.
Tráfico de fauna silvestre
El cautiverio de vida silvestre dejó de ser una infracción menor para convertirse en uno de los focos de la justicia penal. La Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena recuerda a toda la ciudadanía que, de acuerdo a lo estipulado en la Ley 2111 de 2021, cualquier actividad de tráfico, tenencia o maltrato de fauna silvestre está catalogada como un delito ambiental.
Incurrir en estas conductas prohibidas conlleva sanciones drásticas, que incluyen penas privativas de la libertad de entre 5 y 11 años de prisión. A la cárcel se le suman, además, cuantiosas multas económicas para los infractores. Ante este panorama, la máxima autoridad ambiental del departamento del Huila hizo un contundente llamado público a denunciar los casos de tenencia ilegal de animales silvestres. Invitan a los ciudadanos a no ser cómplices y a comunicarse oportunamente con las autoridades ambientales o al número de atención inmediata 3108512976 para reportar estos crímenes contra el patrimonio natural.
El rescate del pequeño tigrillo en Saladoblanco nos confronta directamente con las dolorosas consecuencias del tráfico y la domesticación forzada de la vida silvestre. Aunque las prontas acciones de rehabilitación de la CAM brindan esperanza para que este ejemplar retorne a la libertad, la solución de fondo requiere un compromiso social absoluto para erradicar su comercio. Desde Enredijo, hacemos un llamado a la protección activa: el lugar de la fauna está en la naturaleza, no en nuestras casas.



