viernes, abril 17, 2026

¿Llega un ‘Superfenómeno’ de El Niño en 2026? Esto advierten los expertos

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Imagen ilustrativa ® Enredijo

Ante las recientes proyecciones internacionales que sugieren la formación del fenómeno de El Niño para el segundo semestre de 2026, las autoridades climáticas de Colombia hacen un llamado a la prudencia. Aunque la probabilidad de ocurrencia alcanza el 62 %, los expertos y el Ideam coinciden en que la incertidumbre actual impide determinar su intensidad real, desestimando, por ahora, las alertas prematuras sobre un devastador “superfenómeno”.

La transición del clima

El panorama meteorológico mundial se encuentra en una fase de profunda transformación. El más reciente informe emitido por el Centro de Predicción Climática de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA), con corte a la primera semana de abril de 2026, confirma que el sistema climático global está en plena transición.

Actualmente, el mundo aún experimenta los rezagos de las condiciones de La Niña, pero los modelos proyectan un paso inminente hacia la neutralidad durante los próximos meses. La verdadera noticia es lo que viene después: existe una probabilidad del 62 % de que El Niño se desarrolle entre junio y agosto de 2026, extendiendo su presencia hasta finales del año. Sin embargo, confirmar su llegada no es lo mismo que predecir su fuerza. La principal incógnita que le quita el sueño a los tomadores de decisiones es qué tan intensos serán sus efectos.

¿Qué es la barrera de la primavera?

Cuando se habla de proyecciones a largo plazo del fenómeno ENSO (El Niño-Oscilación del Sur), los científicos se enfrentan a un obstáculo histórico y natural conocido como la “barrera de la primavera”. Durante esta época del año (entre marzo y mayo en el hemisferio norte), los sofisticados modelos climáticos globales experimentan una caída drástica en su precisión.

Ghisliane Echeverry Prieto, directora del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), es categórica al respecto y aclara que esta falta de certeza es un comportamiento completamente habitual en la meteorología. “Todos los años es igual. Este año no es la excepción”, señaló la funcionaria.

Por esta razón técnica, anticipar hoy la llegada de un evento extremo carece de rigor. En las próximas semanas, a medida que los modelos superen esta fase de baja predictibilidad temporal, la ciencia ganará mayor estabilidad y arrojará una lectura mucho más nítida del verdadero escenario climático.

Señales mixtas en el Océano Pacífico

Para que El Niño nazca y se fortalezca, no basta con un ligero calentamiento del agua. Actualmente, la evolución de las temperaturas en el Océano Pacífico ecuatorial muestra un comportamiento mixto. Mientras algunas zonas en el Pacífico centro-oriental registran temperaturas por debajo de su promedio histórico, otras regiones ya evidencian valores superiores.

Los satélites han detectado que un calentamiento subsuperficial está comenzando a emerger hacia la superficie, lo cual suele ser la antesala clásica del fenómeno. No obstante, aún no se ha consolidado el “acople” completo entre el océano y la atmósfera. Esta interacción directa es la condición fundamental y obligatoria para que el evento climático madure y desencadene alteraciones meteorológicas a nivel global. Sin acople, no hay fenómeno.

¿Qué significa realmente?

El debate público se ha encendido por el uso del término “superfenómeno”, pero la ciencia clasifica la intensidad de El Niño basándose en la anomalía térmica, es decir, qué tanto se calienta el mar por encima de lo normal:

  • Evento débil: Anomalía entre 0,5 °C y 1 °C.
  • Evento moderado: Entre 1 °C y 1,5 °C.
  • Evento fuerte: Entre 1,5 °C y 2 °C.
  • Súper Niño: Cuando la anomalía supera los 2 °C.

Hoy en día, no hay evidencia científica suficiente para anticipar que superaremos la barrera de los 2 °C. Lanzar afirmaciones precipitadas responde más a percepciones locales y temores colectivos que a datos duros. “No es una postura de las autoridades, es lo que dice la ciencia”, insiste la directora del Ideam.

Posibles impactos en Colombia

Si el fenómeno se consolida, los impactos en Colombia son bien conocidos: El Niño trae consigo una reducción significativa de las lluvias, golpeando especialmente a las regiones Caribe, Andina y Pacífica. Esto enciende las alertas sobre el abastecimiento de agua potable, la viabilidad de la agricultura y la capacidad de generación hidroeléctrica, la principal fuente de energía del país.

Sin embargo, los expertos advierten que los efectos no son uniformes. La gravedad de la situación dependerá de cuándo comience exactamente, cuánto dure y cómo encuentre de preparados a los territorios. Paradójicamente, un evento moderado pero prolongado en el tiempo puede resultar mucho más destructivo que uno fuerte pero de corta duración.

A esto se suma el factor más determinante de nuestra era: el calentamiento global. El escenario actual no es el mismo de hace medio siglo. La crisis climática ha aumentado la temperatura general del planeta y la vulnerabilidad de nuestros ecosistemas. Por lo tanto, un evento de El Niño débil hoy en día puede generar impactos mucho más devastadores que uno de igual intensidad hace 50 años.

El llamado a la prudencia

Por ahora, la única certeza que respalda la evidencia es que El Niño tiene altas probabilidades de acompañarnos en la segunda mitad de 2026. Sin embargo, hablar de un “superfenómeno” es adelantarse imprudentemente a los datos. Las autoridades instan a los sectores productivos y gubernamentales a prepararse, sí, pero evitando caer en alarmas prematuras. “La mejor es la prudencia y hablar desde la ciencia”, concluye Echeverry, recordando que el monitoreo de las próximas semanas será el que dicte la verdadera magnitud del reto climático que enfrentamos.

El fantasma de El Niño vuelve a asomarse en 2026, y aunque la preparación estatal y ciudadana debe ser prioritaria para proteger el agua y la energía, el rigor científico nos exige evitar el pánico infundado. Desde la mesa de redacción de Enredijo seguiremos monitoreando de cerca los boletines del Ideam y la NOAA para mantenerte informado con datos reales, precisos y sin alarmismos una vez la ciencia tenga la última palabra.

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