sábado, mayo 2, 2026

Viacrucis de una Abuela por la Verdad

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Silvia y Eduardo, acompañados de uno de sus nietos menores, frente al mural de Isnos (Huila) en el que está representado su nieto Miller Blandón. Foto: Mauricio Cañón – JEP

Silvia Segura y Eduardo Álvarez dedicaron casi 20 años de su vida a tocar las puertas del Estado con un único propósito: demostrar que su nieto, Miller Andrés Blandón, no era un guerrillero, sino un civil inocente. Asesinado en 2008 por miembros del Ejército en Huila para inflar resultados operativos, el joven engrosó la dolorosa lista de los “falsos positivos”. Hoy, tras una incansable lucha que llegó hasta la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), su nombre ha sido limpiado, dejando un profundo mensaje de perdón y memoria histórica para Colombia.

La “estatua humana”

La historia de Miller Andrés Blandón está marcada por la resiliencia y el amor de una familia que lo acogió. Silvia Segura, una mujer de 76 años oriunda de Leticia y con orgullosas raíces en el pueblo indígena ticuna, lo recibió como a un hijo propio. Fue en 1998 cuando su esposo, Eduardo Álvarez, descubrió en un viaje al Valle del Cauca que tenía un nieto de 14 años y decidió llevarlo consigo a vivir a Neiva.

El mural del municipio de isnos reúne varios elementos propios de la cultura, el paisaje y la memoria del conflicto armado en esta zona del país. Foto: JEP

Miller era un joven respetuoso y trabajador, aunque lidiaba con un problema de consumo de marihuana por el cual él mismo buscaba centros de rehabilitación para mejorar. Siempre buscó cómo ganarse la vida honradamente: vendió afiches y plumillas para carros, hasta que un profesor del SENA notó su talento para la improvisación. Gracias a esas nociones de actuación, Miller se convirtió en una icónica “estatua humana” en los parques de Neiva. Se subía a un tarro de pintura, se cubría con su traje y se movía solo cuando los transeúntes dejaban caer una moneda en su caja.

El engaño y el desenlace

La tragedia tocó a la puerta el jueves 17 de julio de 2008. Miller le dijo a su abuela que no le empacara almuerzo y salió a trabajar, pero nunca regresó. Al día siguiente, una llamada anónima sacudió la vida de Silvia: la voz al otro lado del teléfono le informó que su nieto estaba muerto en San José de Isnos, un municipio a cuatro horas de distancia.

Al llegar a la morgue de Pitalito en la madrugada del 19 de julio, la barbarie se hizo evidente. Miller, junto a otros dos jóvenes identificados como Juan Diego Martínez Peña y Álvaro Hernando Ramírez Falla, había sido engañado con falsas promesas de trabajo como recolector de café. En lugar de un empleo, encontraron la muerte a manos de soldados del Batallón Magdalena, quienes los asesinaron, les pusieron uniformes camuflados varias tallas más grandes y armas para presentarlos como guerrilleros abatidos en combate.

Un pequeño trozo de papel

De no haber sido por un pequeño trozo de papel que Miller llevaba en el bolsillo con el número de teléfono de su abuela, su cuerpo habría terminado como una persona no identificada, sumándose a las cifras de desaparición forzada en Isnos. Con el dolor a cuestas tras sepultar a su nieto, Silvia Segura inició su viacrucis legal.

Comenzó a reconstruir los pasos de Miller el día de su desaparición, recolectando testimonios y cartas de quienes lo conocían en Neiva, desafiando a las autoridades que buscaban mantener el caso en la impunidad. Su camino se cruzó con Rosa Liliana Ortiz, directora del Observatorio Surcolombiano de Derechos Humanos, Paz y Territorio (Obsurdh). Esta organización asumió la defensa del joven artista, logrando que su historia, ya reconocida en la región por tratarse de una figura pública del arte callejero, se convirtiera en un emblema nacional.

La verdad judicial

Tras casi dos décadas de transitar sin respuestas claras entre la Justicia Penal Militar y la justicia ordinaria, el expediente de Miller Andrés Blandón logró consolidarse como uno de los más representativos dentro del Caso 03 de la JEP en el departamento del Huila. En esta región, la Jurisdicción investiga alrededor de 200 homicidios cometidos bajo esta macabra modalidad por exintegrantes de unidades militares.

El proceso judicial no solo permitió limpiar definitivamente el nombre de la “estatua humana”, sino que abrió un espacio inédito para la justicia restaurativa. Silvia y Eduardo tuvieron la oportunidad de mirar a los ojos a los responsables del asesinato de su nieto y demostrarles que, frente a las violencias más duras, su capacidad de perdonar era mayor.

Huellas Imborrables

El pasado 27 de marzo, este largo proceso alcanzó un hito de reconciliación. En el municipio de Isnos, los abuelos de Miller participaron en la entrega del mural “Huellas imborrables en la memoria”, una obra impulsada por las familias de las víctimas que hace parte de la “Ruta por la Memoria y la Reconciliación”. De acuerdo con reportes recientes de la prensa nacional en 2026, el mural honra a 16 víctimas de la región y fue modelado de la mano de 11 exmilitares responsables de estos crímenes que hoy comparecen ante la justicia transicional.

La obra fue construida colectivamente entre víctimas y comparecientes. Silvia Segura, al contemplar en el mural la figura de su nieto caracterizado como la inolvidable estatua humana, resumió el espíritu del encuentro: “Con las manos con las que esos señores hicieron tanto daño, ahora están demostrando que sí se puede cambiar y restaurar”. Más que un simple homenaje, para esta abuela y para el país, es una exigencia solemne: “Nunca más”.

Conclusión El viacrucis de Silvia Segura y Eduardo Álvarez demuestra que la perseverancia y la búsqueda de la verdad son fundamentales para sanar las profundas heridas del conflicto armado en Colombia. La dignificación del nombre de Miller Blandón y la construcción de escenarios restaurativos como el mural en Isnos marcan un camino de de esperanza.

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