Un reciente estudio español publicado en la revista Advanced Science ha demostrado que la inteligencia artificial todavía no equipara a la humana en la creación de imágenes. La investigación concluye que la creatividad de la inteligencia artificial a la hora de producir imágenes es “deficiente” en comparación con la humana, sobre todo cuando no recibe instrucciones. Este hallazgo desmitifica a los algoritmos como creadores autónomos y demuestra que, desde la concepción de una idea hasta su ejecución, la tecnología sigue dependiendo en gran medida de la intervención humana.
Un desafío de imaginación
En medio del frenesí por herramientas tecnológicas capaces de generar ilustraciones en segundos, la ciencia ha decidido poner a prueba la verdadera capacidad de invención de las máquinas. El trabajo del Institut d’Investigació Biomèdica de Bellvitge (IDIBELL) y el Institut de Neurociències de la Universitat de Barcelona, publicado en la revista Advanced Science, compara el rendimiento creativo de un modelo de IA de generación de imágenes —con guía humana y sin ella— con el de dos grupos de personas, artistas visuales y población general.
Para lograr una métrica precisa, los investigadores diseñaron una tarea de imaginación visual basada en estímulos abstractos que los sujetos debían transformar en nuevas imágenes creativas. A diferencia de pedirle a un algoritmo que dibuje “un perro en la luna”, los participantes (humanos y máquinas) debían enfrentarse a formas geométricas sin significado aparente, obligándolos a construir sentido y novedad desde cero, un esfuerzo cognitivo que puso a prueba los verdaderos límites de la imaginación sintética.
La estricta dependencia
Un detalle fundamental para garantizar la equidad de esta prueba científica fue la configuración del algoritmo generativo, en este caso basado en la popular arquitectura Stable Diffusion. Para poder comparar los dibujos resultantes, el modelo de IA fue entrenado mediante las producciones creativas de los participantes humanos y recibió un prompt (conjunto de instrucciones) más o menos elaborado, dependiendo de si se lo evaluaba con o sin guía.
Sin embargo, ni siquiera este “empujón” basado en el ingenio humano fue suficiente. “Aunque el modelo de IA fue entrenado con las producciones creativas de los participantes humanos, mostró un rendimiento deficiente en la producción de imágenes creativas y, de hecho, lo hacía aún peor cuando no recibía ayuda humana”, explica el colíder del estudio, Xim Cerdá-Company. Esto demuestra que la calidad del producto digital escala de manera directamente proporcional a la especificidad del comando humano, actuando el algoritmo más como un ejecutor sofisticado que como un ideólogo.
Artistas vs. algoritmos
Para determinar el valor de cada creación, las obras fueron sometidas al escrutinio de más de 250 evaluadores independientes. Los resultados se observaron atendiendo a cinco criterios: agrado, viveza, originalidad, estética y capacidad de suscitar curiosidad. Las conclusiones no dejaron espacio a dudas sobre quién ostenta la corona creativa:
- En todos los criterios evaluados, los artistas visuales obtuvieron las puntuaciones más altas de manera unánime.
- El segundo lugar fue ocupado por la población general, demostrando que la chispa inventiva humana es universal.
- La IA guiada, aquella alimentada con ideas detalladas de los humanos, se conformó con la tercera posición.
- La IA sin guía quedó en último lugar y con amplia diferencia frente al resto de los grupos analizados.
El mito de la máquina creativa
Durante los últimos años, el auge de modelos masivos de lenguaje (LLM) como ChatGPT ha instalado en la sociedad la percepción de que los ordenadores pueden “pensar” creativamente. No obstante, los investigadores apuntan a que esto es una ilusión óptica derivada de la metodología de evaluación.
“Actualmente, la creatividad de la IA se valora casi exclusivamente según tareas de creatividad verbal, sesgando los resultados y llegando a presentar a la IA como un agente creativo”, asegura Cerdá-Company en este sentido. Al cambiar el terreno de juego hacia el ámbito visual y puramente abstracto, las carencias de las redes neuronales quedan rápidamente al descubierto, exponiendo su profunda desconexión con la originalidad genuina.
La creatividad es un proceso
Más allá de puntuar dibujos, el mensaje de fondo de la investigación española es un llamado a redefinir cómo observamos el arte y el ingenio en el siglo XXI. El trabajo subraya que la creatividad debe entenderse como un proceso y no solo como un resultado final.
Con una aproximación diferente, valorando el proceso imaginativo desde la ideación hasta la ejecución, los autores han logrado evidenciar que, pese a sus avances técnicos, la IA sigue dependiendo de la intervención humana en distintas fases del proceso creativo. Generar una imagen atractiva es mecánicamente posible, pero idearla de forma autónoma es un reto gigantesco. Como corolario, “los modelos actuales de IA generativa están lejos de reproducir procesos creativos independientes”, concluye el doctor Antoni Rodríguez-Fornells, también colíder del estudio.
El estudio liderado por el IDIBELL y la Universitat de Barcelona confirma que la inteligencia artificial no logra procesos creativos independientes. Aunque los algoritmos nos asombran con su velocidad y destreza técnica, la chispa de la imaginación —aquella que nace de la nada y se transforma en arte— sigue siendo un patrimonio exclusivamente biológico. La creatividad es un viaje complejo que va mucho más allá del producto final entregado en una pantalla. Si te apasiona descubrir la verdad científica detrás de las últimas tendencias tecnológicas y cómo impactan en nuestra mente, sigue explorando nuestros análisis y reportajes exclusivos aquí, en Enredijo.








