viernes, abril 17, 2026

Peace Chocolate: La apuesta de Petro para sustituir la coca

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Petro y comitiva en Suiza

El presidente Gustavo Petro presentó ante la ONU el “Peace Chocolate”, una innovadora propuesta elaborada con cacao cultivado por comunidades de Putumayo y Nariño que busca reemplazar los cultivos ilícitos de coca. Esta iniciativa plantea un cambio de paradigma en la política antidrogas global, apostando por la transformación social, económica y productiva de los territorios históricamente golpeados por el narcotráfico, en lugar de priorizar la erradicación militar.

De la erradicación al cacao: Nace el Peace Chocolate

Durante décadas, Colombia ha estado atrapada en una política de drogas estrictamente punitiva, centrada en la persecución y la erradicación forzada de los cultivos. Sin embargo, el Gobierno Nacional ha decidido dar un giro radical a este enfoque territorial. El “Peace Chocolate” no es simplemente un producto de confitería destinado a la exportación; es un símbolo vivo de resiliencia, resistencia pacífica y transición económica.

Nacido del esfuerzo de familias campesinas que, durante años, vieron en la hoja de coca su única alternativa real de supervivencia económica, este chocolate demuestra empíricamente que las economías legales pueden prosperar en las zonas más remotas. Para lograrlo, los cultivadores necesitan que el Estado garantice infraestructura, apoyo técnico y, sobre todo, acceso justo a los mercados nacionales e internacionales.

Un mensaje de transformación en la Comisión de la ONU

El escenario internacional es clave para legitimar este giro político. Recientemente, en el marco de la Comisión de Estupefacientes de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Viena, Austria, el Gobierno colombiano llevó este producto como su principal estandarte diplomático. Allí, la iniciativa desafió la narrativa global tradicional sobre el prohibicionismo.

La representante Lu Miranda, durante su intervención para exponer la iniciativa en Viena (que también fue discutida en emisoras nacionales como Caracol Radio), destacó el profundo valor social de este esfuerzo campesino. “Es un chocolate delicioso. Lo mejor de todo es lo que simboliza este producto, y es que es hecho por excocaleros de los territorios más olvidados de este país”, afirmó contundentemente. Este gesto busca invitar a la comunidad internacional a comprender que el fenómeno de las drogas ilícitas requiere de salidas estructurales, pacíficas y sostenibles en el tiempo.

Putumayo y Nariño: Territorios de resiliencia

Los departamentos de Putumayo y Nariño han sido históricamente estigmatizados y fuertemente castigados por la violencia derivada del narcotráfico y el abandono estatal. Hoy, por el contrario, se posicionan como la cuna del cacao de la paz.

Los propios campesinos de estas zonas han manifestado en múltiples escenarios que el cultivo de coca nunca fue una elección libre o una vocación agrícola, sino una cruda necesidad ante la falta de vías para comercializar productos tradicionales. Al transitar hacia la siembra y cosecha del cacao, estas comunidades están recuperando no solo el control legal sobre sus tierras, sino también su tejido social. El Peace Chocolate refleja un esfuerzo comunitario inmenso, en el que familias enteras apuestan por integrarse a la legalidad y proteger sus ecosistemas de la deforestación vinculada a los laboratorios de procesamiento de drogas.

El diplomático regalo que llegó a la Casa Blanca

La estrategia de posicionar el cacao colombiano como un emblema del cambio ha trascendido los debates académicos y ha llegado a la alta diplomacia. En febrero de 2026, durante un esfuerzo de acercamiento bilateral, la delegación del presidente Petro entregó cajas de Peace Chocolates y del denominado “Café de la Sustitución” al presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Este paquete, que también incluía un poncho fabricado por campesinos nariñenses y canastos tejidos con fibra de palma de Werregue por indígenas del Chocó, sirvió para enviar un mensaje político claro a uno de los principales socios internacionales del país. Además de los obsequios, la delegación sostuvo reuniones con líderes empresariales estadounidenses del sector cacaotero, con el objetivo de abrir mercados reales para los agricultores rurales que abandonan la coca. La premisa es sencilla: la seguridad hemisférica se construye garantizando la viabilidad económica de quienes trabajan la tierra.

El nuevo paradigma de la política antidrogas

En Enredijo hemos analizado a fondo las implicaciones de estas decisiones gubernamentales para el desarrollo del campo colombiano. La introducción del Peace Chocolate en las altas esferas resume a la perfección la visión de la actual administración, que defiende una premisa clara: “La política de drogas tiene que poner en el centro a las personas y los cultivos de uso ilícito no se solucionan con la fuerza militar, sino con política social”.

Este enfoque innovador, que transita de una lógica basada puramente en la persecución de la sustancia hacia un modelo enfocado en el desarrollo alternativo, es un llamado de atención urgente. Propone que el mundo deje de invertir exclusivamente en armamento para erradicar, y comience a invertir en economías solidarias, cooperativas agrícolas y paz territorial duradera.

El Peace Chocolate es mucho más que una barra de dulce para la exportación; es el rostro digno de una Colombia que busca sanar sus heridas históricas a través del trabajo honesto y la soberanía de su tierra. La insistencia del presidente Gustavo Petro en escenarios de alto perfil como la ONU o la Casa Blanca deja un precedente claro: la sustitución de la coca es una realidad factible cuando convergen la voluntad política, el apoyo social y las oportunidades comerciales justas. Desde el equipo de investigación de Enredijo, seguiremos monitorizando de cerca cómo avanzan estos proyectos de vida en el campo colombiano. ¡No olvides compartir este artículo y explorar nuestras investigaciones sobre la economía de paz en el país!

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