Alejandro Rodríguez, la máxima figura actual del canotaje colombiano, acelera su preparación desde la capital para asegurar un cupo en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. Tras conquistar múltiples oros en el ciclo olímpico y hacer historia en certámenes mundiales, el atleta intensifica su entrenamiento táctico para superar el estricto sistema de ranking internacional que definirá su anhelada clasificación a las justas deportivas.
Los inicios en el “charquito” de Bogotá
Para triunfar en un deporte acuático de alta competencia, a veces no hace falta vivir cerca de la costa. En Bogotá no hay mar. Tampoco existen grandes ríos navegables para la práctica deportiva. Sin embargo, en medio del tráfico y el frío capitalino, existe un espejo de agua en el Parque Simón Bolívar que Alejandro Rodríguez bautizó cariñosamente como “el charquito”. Fue exactamente allí donde empezó todo a la edad de 13 años.
El primer contacto con la disciplina no llegó por los canales tradicionales, sino porque su hermano mayor practicaba el canotaje apoyado por un profesor de educación física de su colegio. En su entorno, lo común era jugar microfútbol, baloncesto o voleibol. Pese a ello, él decidió apostar por probar algo completamente distinto. El comienzo no fue idílico, pues confiesa que subirse a una canoa es algo muy complejo. De adolescente, Alejandro perdía el equilibrio y se caía al agua constantemente.
La solución de su hermano fue ingeniosa y vital: amarrar la embarcación con una cuerda para rescatarlo y jalarlo de vuelta a la orilla cada vez que se volcaba. Incluso hoy ha hecho apuestas con amigos que aseguran poder mantener el equilibrio en la canoa, pero pocos duran más de diez segundos. Hoy, 16 años después de esos primeros tropiezos, domina la disciplina y no suelta el remo.
El salto a la élite del canotaje internacional
Aquel joven novato ha quedado en el pasado. Alejandro ya no es el niño que dependía de una cuerda para no perderse en el agua. Actualmente, el bogotano rema con una convicción férrea, respaldado por un método riguroso y una planificación estratégica. Ese arduo trabajo lo llevó a consagrarse como campeón sudamericano y a erigirse como uno de los nombres más sólidos del país.
Durante los Juegos Suramericanos de Asunción 2022, Alejandro dio un golpe de autoridad mundial al ganar la medalla de oro en los 1.000 metros (C1), derrotando al entonces campeón olímpico, el brasileño Isaquias Queiroz. Posteriormente, su carrera ha continuado en un ascenso vertiginoso dentro del circuito internacional.
En el reciente ciclo, su palmarés demuestra una superioridad absoluta a nivel regional: se colgó dos medallas de oro en los Juegos Bolivarianos de Valledupar 2022 y conquistó tres preseas doradas en los de Lima 2025. Estos logros lo han catapultado como uno de los grandes multimedallistas de la delegación colombiana. Además, hizo historia al meterse en el Top 15 del Campeonato Mundial en Duisburgo, Alemania, compitiendo en finales B y probando su nivel ante los mejores exponentes del planeta.
La exigente ruta hacia Los Ángeles 2028
El camino hacia el evento multideportivo más importante del mundo no permite margen de error. Para esta edición, el sistema de clasificación olímpica cambió su formato y ahora se rige mediante un escalafón o ranking. Para poder sumar puntos en esta tabla, es estrictamente obligatorio que los atletas compitan en dos Copas del Mundo, un Campeonato Panamericano y un certamen Mundial.

La meta es meridiana: el objetivo es conseguir la clasificación en la modalidad de dupla, ya que allí se encuentran mucho más cerca del boleto olímpico. Haciendo equipo con el vallecaucano Daniel Pacheco, la dupla ocupa actualmente la posición número 12 en el ranking del C2, donde se disputan solo nueve cupos olímpicos.
Debido a que el escalafón se cierra de forma definitiva en 2027, las competencias acumulativas de los años 2026 y 2027 son absolutamente vitales. Esto les exige entrenar arduamente de manera grupal y garantizar su presencia en cada uno de los eventos del ciclo olímpico (Juegos Suramericanos y Centroamericanos) para capturar puntos cruciales. Alejandro sigue encontrando en su canoa esa mezcla única de fuerza y serenidad que lo cautivó a los 13 años, demostrando que basta un “charquito” y mucha determinación para soñar con remar más lejos que nadie.
Alejandro Rodríguez nos comprueba día a día que el talento auténtico, cuando se forja con disciplina inquebrantable, no conoce de barreras geográficas. Desde aquel modesto espejo de agua capitalino hasta los podios internacionales más exigentes, su carrera es un orgullo para el deporte nacional. Te invitamos a seguir siempre conectados a Enredijo para no perderte ningún detalle sobre la evolución de nuestros deportistas en su ruta hacia Los Ángeles 2028.








