martes, julio 7, 2026

Sobre la caída de Maduro.

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Oscar Mauricio Corzo - Columnista de Enredijo

Recordemos algo que pasó apenas hace medio año; el 22 de junio del 2025 EE.UU. realizó la operación Midnight Hammer contra Irán, con más de un centenar de bombardeos realizados gracias a drones supersónicos. Netanyahu y la cúpula israelí llevaban meses de lobby en el gobierno norteamericano buscando la intervención directa de EE.UU. en su conflicto mediático-político alrededor del genocidio de Gaza, e Irán era el único país del mundo que parecía incomodar sus intereses. En una sola noche y en un solo movimiento militar, una treintena de altos mandos, políticos y militares de Irán fueron asesinados.

Seis meses después, en la madrugada del 3 de enero del 2026, EE.UU. bombardea puntos clave de reacción aérea en Caracas y captura a la cabeza del régimen Venezolano Nicolás Maduro. A diferencia del caso Irán, ninguno de los demás miembros del gobierno fue tocado. Contrario a la costumbre norteamericana de llevarse a los extranjeros que considera peligrosos a Guantánamo, un territorio ambiguo cuya función es no darles reconocimiento jurídico dentro de su sistema legal norteamericano, el dictador venezolano fue llevado delante de un juez federal en la ciudad de Nueva York. Trump es un showman y hará de su aparente presa política un reality. Además, el reconocimiento jurídico le da a Maduro un montón de ventajas que los militares iraníes no tuvieron ni en sus mejores posibilidades. Es muy probable que el único criterio para llevarlo vivo a EE.UU. sea que existen con él acuerdos de cooperación o información política que serán útiles al interés norteamericano, y que con la excusa de la información extraída se armen procesos en contra de otros políticos latinoamericanos.

Mientras tanto el régimen sigue intacto y en aparente estado de shock, o al menos eso quieren mostrar de cara a la galería chavista. Los rumores de una posible cooperación entre el régimen y EE.UU. sonaban desde diciembre, y el escándalo Epstein le dio a Trump el marco mediático ideal para lanzar la operación contra Venezuela como cortina de humo. ¿Por qué hay tanta diferencia entre la situación iraní y la situación venezolana? Tal vez porque los iraníes si tenían potencial de daño con su aliado predilecto en medio oriente y en cambio el agotado régimen chavista está más interesado en lavar el dinero acumulado que en mantenerse en el poder de manera indefinida. Y, sobre todo, porque el secuestro de Maduro les da la excusa ideal para no cumplir sus obligaciones financieras con China y Rusia. Estimaciones conservadoras estipulan que Caracas le debe a China algo más de sesenta mil millones de dólares que ya no verán de regreso. Una ocupación norteamericana es la excusa perfecta para no pagarles.

El efecto político del secuestro de Maduro es seguramente mucho más importante para Colombia y para México que para la misma Venezuela, pues Trump no ha desaprovechado la oportunidad de intimidar a los gobiernos no alienados con sus intereses. A Trump le interesa más negociar con un régimen lleno de necesidades simples que con un nuevo gobierno liberal que, aunque mucho más obediente ideológicamente, no tendrá control sobre toda la población civil armada desde los tiempos de Chávez y que sería proclive a rebeliones y conflicto armado. Esa tranquilidad política nos conviene tanto a nosotros como a EE.UU., que tuvo todas las cartas para descabezar al régimen, pero no lo hizo.

Eso si no hablar de los negocios, de los que el mismo Trump habló en su rueda de prensa. Venezuela devolverá a EE.UU. todos los negocios nacionalizados vinculados al petróleo. Las empresas que recuperan sus inversiones cotizan al alza en la bolsa de valores.  

Putin y Xi Jinping no lo han perdido todo; a su vez han conseguido legitimidad política para tumbar las piedras en los zapatos que les representan Taiwán y Ucrania.

A Colombia le interesa, más que a nadie, que el conflicto venezolano no pase a mayores, pero en términos domésticos tiene una gran preocupación; el ELN ha usado como refugio y patio de negocios de Venezuela desde mediados de la década de los dos mil, y sin un régimen afín probablemente regresen a territorio colombiano. EEUU no suele acabar con las mafias de los países que controla, todo lo contrario, se apodera de los mercados ilícitos, los legitima y los vuelve más agresivos. Es muy probable que el nuevo epicentro del tren de Aragua sea de ahora en adelante nuestro país, y que todo el negocio ilícito que antes les pertenecía—incluido todo lo que gira en torno a la frontera con Colombia—pase a manos norteamericanas. 

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