El Ministerio de Cultura ordenó el desmonte de decenas de obras y objetos representativos de los acuerdos de paz, los movimientos LGBTIQ+ y las luchas feministas. La intempestiva medida ha suscitado fuertes críticas desde sectores que denuncian un borrado de la memoria histórica, mientras el actual Gobierno defiende a capa y espada la necesidad de evitar visiones sesgadas que, a su juicio, funcionan como apologías políticas.

La reciente decisión del Gobierno nacional de retirar múltiples piezas de las salas “Hacer sociedad” y “Memoria y Nación” en el histórico Museo Nacional de Colombia, en Bogotá, ha desatado una profunda controversia política y cultural sin precedentes recientes. Las obras, removidas esta semana por directriz de la cartera de Cultura, estaban vinculadas a la comunidad diversa, la firma de la paz y figuras políticas, lo que motivó a diversos activistas a denunciar de manera contundente lo que consideran un flagrante acto de censura.
Museografía intervenida
El Museo Nacional, una institución que resulta fundamental en la preservación del relato plural del país, se encuentra nuevamente en el centro de un agitado y acalorado debate ciudadano. Según testimonios recogidos de funcionarios que laboran en la entidad, el retiro de estos valiosos objetos de las paredes se ejecutó de forma rápida y a puerta cerrada. La sorpresiva orden habría sido ejecutada en persona por Julián Sterling, secretario general del Ministerio de Cultura, quien llegó al lugar en compañía de la directora encargada del recinto, Constanza Toquica.
Las fuentes internas de la institución advierten con evidente preocupación que esta directriz gubernamental habría omitido por completo los filtros de los diferentes comités curatoriales, que son las instancias técnicas que tradicionalmente tienen la última palabra sobre el diseño, las exhibiciones y las modificaciones a la museografía. En total, según los reportes confirmados, fueron al menos 30 piezas gráficas e históricas las que abandonaron los muros grises de la institución. Las fotografías que han circulado en plataformas digitales evidencian las huellas visibles y los vacíos que quedaron de manera abrupta en las distintas paredes del lugar.
En el museo nacional quitaron de la sala Hacer Sociedad todo lo LGBTI, lo relativo al magnicidio de Bernardo Jaramillo Ossa y el Acuerdo de Paz firmado en 2016. El Verdadero borrado. @estoescambio @AnaBejaranoRG https://t.co/WEbx3oOBS3
— Marcela Sánchez B. 🌈 💚💚 (@marcela_s_b) October 15, 2026
¿Qué elementos fueron extraídos?
La contundente acción institucional se concentró principalmente en los valiosos objetos que narran los difíciles episodios de la historia contemporánea de la nación. Entre las obras que, de un momento a otro, ya no están a la vista del público general, se encuentran el afiche de campaña a la presidencia del inmolado Bernardo Jaramillo Ossa y el reconocido material gráfico de la candidatura del exguerrillero Carlos Pizarro. Asimismo, se determinó eliminar del importante muro denominado “Reivindicación de Nación – De la Constitución de 1991 al Proceso de Paz de 2016” elementos de gran valor simbólico como el famoso “Balígrafo”, instrumento que se empleó durante la oficialización del Acuerdo de Paz, y el histórico tarjetón de la Séptima Papeleta, hito de participación ciudadana que logró originar la Asamblea Nacional Constituyente en 1991.
La reconocida activista Márcela Sánchez, perteneciente a la organización defensora Colombia Diversa, fue de las primeras voces en elevar su enérgica protesta. Ella advirtió con firmeza que todo lo relativo a la población y la historia LGBTIQ+ había desaparecido de forma misteriosa de la sala “Hacer sociedad”, calificando el polémico suceso como “el verdadero borrado” de su existencia institucional. A este desmonte masivo se suma la desaparición de elementos estrechamente vinculados a las reivindicaciones de los movimientos feministas nacionales.
La historia de las personas #LGBTIQ+ es historia de #Colombia. Ante esta denuncia, el @museonacionalco debe explicar qué retiró, por qué y cómo garantizará que estas memorias sigan representadas. El pluralismo se defiende también en las decisiones del Estado.
— Juan Daniel Oviedo (@JDOviedoAr) October 15, 2026
La postura del Gobierno
La férrea justificación oficial para llevar a cabo esta radical intervención ha sido enmarcada en el tenso contexto de una profunda reestructuración impulsada desde la presidencia de la República. El presidente Abelardo de la Espriella ha ordenado, de manera tajante, retirar de todos los escenarios públicos del país lo que él mismo ha catalogado como una “oda al terrorismo”.
Alineada a cabalidad con esta nueva y polémica directriz ejecutiva, la ministra Paola Holguín argumentó ante la opinión pública que un museo no debe ser empleado como instrumento de adoctrinamiento progresista, ni como foco de difusión de versiones históricas sesgadas. Esta férrea narrativa oficial encontró rápido eco y absoluto respaldo en figuras como el concejal Andrés Barrios. Tras visitar el recinto, Barrios había instado urgentemente a revisar las exposiciones, argumentando que no se debe contaminar a la juventud con el “libreto del progresismo destructivo”. El cabildante no solo celebró el desmonte, sino que aseguró que estas determinaciones protegen el rigor de la verdadera memoria histórica. Además, estas medidas coinciden en tiempos con la confirmada intención del mandatario de transformar el nombre del ente a Ministerio de Cultura y Patrimonio.
Reacciones frente a la pluralidad del Museo Nacional
Pese a los contundentes argumentos de la institucionalidad, el hondo malestar en amplios y variados sectores políticos es inocultable. Juan Daniel Oviedo, excandidato a la vicepresidencia, cuestionó duramente la repentina sustracción argumentando con claridad que “la historia de las personas LGBTIQ+ es historia de Colombia”. Oviedo fue más allá, exigiendo explicaciones públicas sobre los parámetros de este repentino retiro y recordando que “el pluralismo se defiende también en las decisiones del Estado”.
Cabe resaltar que la sala “Hacer sociedad”, el epicentro de estos movimientos y clausuras, se inauguró oficialmente en 2019 tras un riguroso estudio validado por cuatro comités curatoriales especializados. Su propósito inicial, según el propio texto curatorial original del recinto, era mostrar de forma equitativa las reivindicaciones de distintos grupos, la resistencia ciudadana y las formas diversas en que se ha tejido la compleja red de nuestra sociedad. Para múltiples detractores, este actuar oficial reciente anula por completo la diversidad y afecta la comprensión profunda y sin tapujos del pasado colombiano.
En resumidas cuentas, la extracción de esta multiplicidad de objetos del espacio museístico más emblemático del país ha detonado un tenso choque en torno a quién administra, escribe y exhibe el relato histórico oficial. Mientras que el Gobierno se ampara en la urgente necesidad de frenar presuntas apologías delincuenciales y corregir sesgos, los defensores de derechos civiles alertan sobre un preocupante retroceso en la inclusión y el diálogo cultural. Seguiremos vigilando el transcurrir de este crucial debate social en el territorio. Te invitamos cordialmente a mantenerte informado y participar de este tipo de discusiones coyunturales siguiéndonos todos los días a través del portal de noticias ENREDIJO.
La información de este artículo fue recopilada por nuestro equipo periodístico. La corrección se realizó con asistencia de inteligencia artificial.










