Fotos: Alcaldía Pitalito
La reciente posesión de los dignatarios comunales abrió nuevamente el debate sobre la pérdida de autonomía territorial. Mientras la institucionalidad celebra la democracia participativa, en las veredas el anhelo es que las JAC deben despertar ante la inoperancia de las JAL y las limitaciones políticas de los corregidores.
En una ceremonia cumplida en el Auditorio del Instituto de Cultura, Recreación y Deportes el pasado 14 de julio, la Alcaldía de Pitalito posesionó a los nuevos dignatarios de las Juntas de Acción Comunal. Durante la jornada, líderes como Paula Andrea Quintero González, de la Comuna 1, Benjamín Semanate Cerón, del corregimiento de Bruselas, y Orbenc y Santanilla Correa, del corregimiento de Regueros, entre otros, asumieron la responsabilidad de representar a sus comunidades.
El gobierno municipal destacó este acto oficial como una muestra del fortalecimiento del liderazgo comunitario y un impulso a la participación ciudadana. Sin embargo, más allá de las fotografías oficiales y las resoluciones entregadas, el movimiento comunal laboyano se enfrenta a un desafío estructural histórico. Con la llegada de la descentralización administrativa y la posterior creación de las comunas y los corregimientos, el liderazgo nato y decisivo que ostentaban las Juntas de Acción Comunal fue progresivamente entregado y diluido. Las nuevas figuras administrativas, concebidas en teoría para acercar el Estado a la gente, han terminado, en muchos casos, burocratizando la participación.
Inactividad institucional y autogestión
La realidad en el territorio dista de la retórica oficial. Jhon F. Salazar, reconocido líder comunal de la vereda La Reserva en el corregimiento de Regueros, es una voz clara frente a este panorama. Salazar, caracterizado por su dinamismo en la región, pone sobre la mesa una crítica contundente respecto al diseño administrativo actual. La preocupante inactividad de las Juntas Administradoras Locales (JAL).

Para Salazar y muchos dirigentes rurales, las JAL han perdido su capacidad de gestión efectiva, convirtiéndose en entes inoperantes frente a las verdaderas necesidades de las veredas y barrios. A esta ineficacia se suma la cuestionada figura de los corregidores. Según el dirigente comunal, existe una severa limitación que impide a los corregidores actuar como auténticos voceros de la comunidad ante el gobierno local; su rol ha quedado atrapado en medio de las formalidades institucionales, restándoles margen de maniobra para presionar y solucionar las urgencias reales del campesinado y los sectores populares.
La fuerza de la comunidad organizada
A falta de intermediarios efectivos, es la propia comunidad la que asume las cargas del Estado. Salazar recuerda la reciente emergencia invernal vivida en Semana Santa, donde la vereda La Reserva duró un mes completo trabajando para recuperar sus vías. Si bien la administración aportó una retroexcavadora, fue el trabajo económico, logístico y físico de los comités organizados de la JAC lo que realmente sacó a la comunidad del aislamiento. Asimismo, la autogestión es la única esperanza para concluir el proyecto del acueducto que aún adeuda servicio a 70 familias en su sector.
El llamado a la cohesión y la presión política
La administración reiteró que las Juntas de Acción Comunal son la base de la organización social y un aliado estratégico para identificar las necesidades territoriales. No obstante, Salazar advierte que, si bien las JAC funcionan de manera interna y aislada en cada vereda o barrio, falta un elemento crucial, la cohesión.
El dirigente hace un llamado a fortalecer la Asociación de Juntas de Acción Comunal (Asojuntas) de Pitalito. Actualmente, Asojuntas carece del protagonismo necesario para exigir convenios solidarios directos a la administración, un mecanismo que permitiría a las bases ejecutar obras reales, como la instalación de tuberías corrugadas para habilitar el paso en las zonas rurales. Si la administración canalizara recursos directamente a través del movimiento comunal, la eficiencia en las obras de arte y mantenimiento vial sería indiscutible.
El reto para los recién posesionados dignatarios es inmenso. No basta con jurar transparencia y vocación de servicio; el verdadero deber de las nuevas Juntas de Acción Comunal en Pitalito es recobrar el liderazgo cedido. Es hora de superar la dependencia hacia intermediarios inactivos y corregidores limitados, para consolidar a las JAC y a Asojuntas como un bloque social unificado, capaz de exigir desarrollo, ejecutar presupuestos y gobernar sus propios territorios.








